EL PRIMERO

 

Lo puedo tocar. Lo miro. Lo huelo.

No pesa mucho. Es suave. Negro, brillante.

Tiene el dibujo de un ojo en el centro.

Sigo sus contornos angulados con el dedo.

 

Es tan nuevo… Es un recién nacido que empieza a respirar.

Lo sostengo en una mano. Lo acuno en mi pecho. Lo beso.

Le hago una foto para cerciorarme de que no es un sueño.

Es su primera vez, la mía también.

 

¡Qué extraña magia hace que los pensamientos se transformen en símbolos blancos y negros!

Que con sólo veintiocho de ellos puedan formarse palabras, historias y cuentos.

Desde que te dí nombre y apellidos sólo espero que alguien se entregue a ti, que disfrute contigo tanto como yo lo hice cuando te escribí.

EL OJO DE LA SERPIENTE

 

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