Mes: junio 2016

EL GUARDADOR DE REBAÑOS. FERNANDO PESSOA

                                …

Creo en el mundo como en una margarita,

Porque lo veo. Pero no pienso en él

Porque pensar es no comprender…

El mundo no se hizo para que pensemos en él

(Pensar es estar enfermo de los ojos),

Sino para que lo miremos y estemos de acuerdo…

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…

Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es,

Sino porque la amo, y la amo por eso,

Porque quien ama nunca sabe lo que ama

Ni sabe por qué ama, ni lo que es amar…

Amar es la eterna inocencia,

Y la única inocencia es no pensar.

                                                     F. Pessoa

Es el  sacrificio del intelecto, como decía San Ignacio de Loyola, la única manera de integrarnos en el todo.

Después de estos días revueltos cayó en mis manos, casi por casualidad (por casualidad no, gracias a Teresa Martín Taffarel), esta poesía de Pessoa, un fragmento de “El guardador de rebaños”. Ha sido un bálsamo.

Vivir más que pensar, porque a veces pensar enfada más que sirve.

Entender el mundo a través de los ojos del mundo.

 

 

 

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SAN JUAN DENTRO DEL FUEGO

El verano, mi verano de la infancia, empezaba la noche de San Juan. En el barrio se amontonaban los trastos viejos en un chaflán y entre todos los vecinos encendíamos una hoguera. Un fuego enorme entre  coches, semáforos y casas. Un fuego que calentaba la noche más corta y que la hacía luminosa, especial, fantástica.

Yo no sabía bien para qué, ni qué significado tenía aquello, pero las vacaciones, los tres meses de verano empezaban allí. Y ese tiempo sin tiempo, sin obligaciones, me ayudaba a limpiarme del colegio, a borrar el curso viejo y esperar el nuevo incluso con ilusión.

Luego me enteré de que las hogueras de San Juan servían precisamente para eso. Sí, daban paso a la luz y a lo nuevo. Todo cuadra.

En esa noche mágica había dos cosas más que me encantaban.

Nos compraban un polo de agua naranja o agua limón y quedaba inaugurada la temporada de helados. Y lo mejor, lo mejor de todo,  los fuegos artificiales. Los petardos también, pero no tanto.

Era el Todo. La celebración de los sentidos.

Mirar los colores en el cielo, las formas, las chispas que se juntaban y se deshacían. El ruido festivo, la alegría de las explosiones acompañadas de su silbido final. El olor de la pólvora y de la hoguera. El gusto dulce del helado cuando su tacto frío se transformaba con el calor de la boca.

Nunca he vuelto a vivirlo igual. Ya lo decía Lord Byron:

“Así es, no volveremos a vagar

Tan tarde en la noche,

Aunque el corazón siga amando

Y la luna conserve su brillo”

         Nunca a vivirlo igual, pero el cambio, lo nuevo, también nos permite disfrutarlo de otra manera. Y eso también es mágico. Lo entendí cuando vi estas imágenes.

Están filmadas dentro de los fuegos artificiales desde un dron.

 

 

VERLE BAILAR

La palabra armonía viene del griego, pero la inventó él.

Es Serguei Polunin.

Es el equilibrio, la proporción, la correspondencia adecuada entre las diferentes partes de un todo.

Es el encaje perfecto.

Es bailar y ser hoja, pluma, viento.

Es convertirte en él.

Es ser agua en el agua. Nada y todo a la vez.

 

CON TACTO

Las primeras sensaciones que tuvimos al nacer fueron a través del tacto.

Las contracciones que nos expulsaron al mundo, el  cambio del fluido caliente que nos envolvía por la ligereza del aire, las manos que nos recogieron, la quemazón al respirar que nos provocó el oxígeno en los pulmones.

Ese humilde sentido fue el que nos presentó a la vida. Luego vino lo demás, el sonido, la luz a través de los párpados cerrados, el olor de nuestra madre, el sabor de su leche.

Y de ahí llegamos al Todo.

Sirvan estas líneas de pequeño homenaje, a través del arte, al quinto de nuestros sentidos, para recordar que aunque a veces es considerado como el último, éste no es el menos importante. Para no olvidar que un día fue el primero.

 

UN TAPIZ. UNA PINTURA.UNA ESCULTURA. UNA CITA Y UNA POESÍA

 

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De la serie tapices del unicornio: El quinto tapiz. El sentido del tacto:

Una Dama sostiene en una mano un estandarte con las armas de su señor, y con la otra toca amorosamente el cuerno del unicornio. Es un panel muy íntimo, pues la Dama acaricia el cuerno al Unicornio, símbolo masculino por excelencia. El león está a un lado y mira. Acepta.

 

 

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Alegoría del tacto. Jan Brueguel el Viejo.

Es una pintura en donde todo se siente en la piel. El dulce beso de Cupido a la mujer desnuda. El peligro de la picadura de los escorpiones que acechan desde la tierra. La suavidad de la tela del techo. La frialdad y dureza de los metales en el suelo, de la ballesta y las flechas El apoyo, gracias a un palo, de la armadura incompleta. El calor insoportable delante de las puertas del infierno.

 

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 La fusión de dos amantes en un beso. De Jan Svankmajer.

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Acompañado por el quinto mandamiento de su decálogo:

“Si tienes que decidir a qué debes conceder prioridad, si a la mirada  o a la experiencia del cuerpo, da siempre prioridad a la experiencia del cuerpo, puesto que el tacto es anterior a la vista y su experiencia mucho más fundamental. Es más, en el estado actual de la civilización, una civilización audiovisual, el ojo está extremadamente fatigado y “maltrecho”. La experiencia corporal es más auténtica y no ha tenido que soportar hasta el momento el peso del esteticismo. Pero el punto que no debes perder de vista es la sinestesia”

Jan Svankmajer

    

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EL GOZO DEL TACTO

(Dámaso Alonso)

  

Estoy vivo y toco

Toco, toco, toco.
Y no, no estoy loco.

Hombre, toca, toca

lo que te provoca:
seno, pluma, roca,

pues mañana es cierto
que ya estarás muerto,
tieso, hinchado, yerto.

Toca, toca, toca,
¡qué alegría loca!
Toca. Toca. Toca.

 agua manos

 

NO ENTRES DOCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA

 

Es el título del poema que hizo de Dylan Thomas (Swansea  1914-Nueva York 1953) ante la muerte de su padre. Lo había leído muchas veces, pero he encontrado este pequeño vídeo que pertenece a la película “Interstellar” de Christofer Nolan, 2014.

No puedo dejar de escucharlo. La voz hipnótica de quien lo recita me transporta a lo más profundo de mi propia rabia por la agonía de la luz. A la rabia por ese final ineludible que todos sabemos, pero que nunca acabamos de creer cierto en nosotros.

Sí, con el tiempo uno aprende a aceptar la muerte, pero es imposible doblegarse sin condiciones a ella por muy justas que sean la tinieblas.

“Y tú mi padre allí en tu triste apogeo maldíceme, bendíceme ahora que imploro con la vehemencia de tus lágrimas. No entres dócilmente en esa noche quieta”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REMEDIO CASERO PARA DÍAS GIRADOS:

HAZ COMO EL SOL

No te aferres al pasado
ni a los recuerdos tristes.
No abras la herida que ya cicatrizó.
No revivas los dolores y sufrimientos antiguos.
Lo que pasó, pasó…
De ahora en adelante,
pon tus fuerzas en construir una vida nueva,
orientada hacia lo alto, y camina de frente,
sin mirar atrás.
Haz como el sol que nace cada día,
sin pensar en la noche que pasó.
Vamos, levántate…
porque la luz del sol está afuera.

Sin contraindicaciones ni efectos secundarios. No interacciona con otros medicamentos ni causa reacciones no deseadas en ningún paciente.

Está especialmente indicado en individuos intolerantes a todo. Se puede administrar a personas de todas las edades y peso, sin peligro de toxicidad si se sobrepasa la dosis.

Aplicar preferentemente cada día al levantarse, aunque también es bien tolerado a  cualquier hora.

Precio muy económico.

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Vamos, levántate…

porque la luz del sol está afuera.

PEQUEÑOS DIOSES

 

A propósito de un poema de Gil de Biedma

 

A veces, sólo es necesario un segundo para entender que la vida va en serio, que no se comprende más tarde.

Aquella mañana, como todos los otros jóvenes, él venía a entregarse al vacío desde el puente, a saltar por delante, a burlar la gravedad en el último momento con el freno de una cuerda.

Quería sentir la adrenalina, colmarse de orgullo y de  gloria, notar algo parecido a lo que sienten los dioses cuando son adorados.

Para él, el miedo, el riesgo y la muerte eran sólo efímeros compañeros de viaje, importantes durante el camino, pero pronto olvidados al desaparecer.

¿Cuánto dura un salto? ¿Tres, cuatro, cinco segundos? ¿Uno?

En aquel mínimo espacio de tiempo asomó la desagradable verdad. Y miedo, muerte y cuerda se unieron a él acompañándole hasta el fondo del río para no abandonarle nunca más.