EL ALZHEIMER O EL ARTE DE PERDER. PORQUE NADA SE PIERDE PARA SIEMPRE.

Una de las cosas buenas de las vacaciones es que a veces aprovechas y haces eso que te gusta y que tienes en la lista de cosas pendientes, como leer aquel libro, ir a esa exposición, ver una película que se te pasó.

“Still Alice” no se me pasó, no la vi en su día porque me enfadé con el título que aquí se tradujo como “Siempre Alice”, porque siempre no es lo mismo que aún. Aún es: ahora quizás sí, pero mañana no lo sé. De eso va la película, eso es el Alzheimer. Quienes tenemos a alguien muy querido con ese problema sabemos muy bien lo importante que es esa diferencia.

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No sé si me gustó mucho la película, estoy demasiado implicada para ser imparcial, pensé. Pero encontré dos cosas geniales en ella. Una poesía de Elisabeth Bishop que siempre (aquí sí es siempre) me ha encantado y que dice así:

El arte de perder

No, no es difícil adquirir el arte de perder
hay tantas cosas empeñadas en
perderse, que su pérdida no importa.

Pierde algo cada día, acepta el río
de llaves que se pierden, horas malgastadas.
No, no es difícil adquirir el arte de perder.

Practica entonces perder más, más rápido:
nombres, lugares, ¿para adónde ibas?
Ninguna de estas cosas es un desastre.

Perdí el reloj de mi madre, y -fíjate- la última
o la penúltima casa querida que tuve.
No, no es difícil adquirir el arte de perder.

Perdí mis dos adoradas ciudades, e incluso
algunos sitios de los que era dueña, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no es un desastre.

Incluso si te pierdo a ti (tu voz bromista, esos gestos
que adoro) no habré mentido. Es obvio
que el arte de perder no cuesta tanto adquirirlo
aunque por momentos parezca que (¡escríbelo!) sí es un desastre.

 *****

            La segunda cosa que me encantó fue el final de la película, cuando Lydia le lee a Alice, su madre (que ya tiene la capacidad cognitiva muy deteriorada), algo que ha escrito para ella. Dice así:

             —…Porque nada se pierde para siempre. En este mundo hay una especie de progreso doloroso. Añoramos lo que dejamos atrás y soñamos con lo que vendrá… Al menos creo que es así. Ya está.

            Y después le pregunta:

            —¿Te ha gustado, mamá?¿ Lo que acabo de leer te ha gustado? ¿De qué? ¿De qué trataba?

Alice balbucea, y dice sonriendo:

            —Amor, sí amor.

            Ella primero piensa que su madre no ha entendido nada, pero enseguida se da cuenta de que en lo más profundo todo es así.

            —Sí, mamá, trataba del amor.

 

alice

 

 

 

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12 comments

  1. Hay gente que cree que una persona no tiene derecho a terminar su vida, pero yo creo que ese derecho existe y es legítimo, el derecho a decidir cuando descansar, dejar de sufrir o dejar de hacer padecer a los demás.

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