Mes: enero 2017

ME LLAMO LUCY BARTON de Elisabeth Strout. «Porque todos amamos de una manera imperfecta».

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No puedo decir que su lectura me ha encantado, pero que me ha removido, sí.

Quizás por el tema. Una madre que va a cuidar a su hija después de muchos años sin verla. Los cinco días y cinco noches que pasan juntas en una habitación de hospital en Manhattan.

Me ha removido por lo que se dicen entre ellas (normalmente cosas banales) y sobre todo por lo que no se dicen (la expresión de cualquier sentimiento).  La madre sólo habla de la vida de los demás delante de Lucy, no puede decirle cuanto la quiere, pero permanece a su lado durmiendo en una silla  (eso también es decir, y lo mucho que me suena).

Como único testigo mudo entre ellas, el edificio Chrysler, metáfora del lujo y de la vida urbana en contraposición con la  miseria  y las privaciones que sufrieron ambas en el pasado. Una paradoja que las une.

«Volví los ojos hacia la ventana. La luz del edificio Chrysler brillaba como el faro que era, el faro de las mayores y  mejores esperanzas de la humanidad y sus aspiraciones y deseos de belleza».

Me gustó la voz meta-literaria de Sara Payne, la profesora de literatura, entrando y saliendo de la historia:

«¿Qué quiere decir? preguntaba una y otra vez, y la escritora se limitaba a repetir lo que ya había dicho. ¿En qué consiste su trabajo como escritora de ficción?, preguntó el bibliotecario, y ella dijo que su trabajo como escritora de ficción consistía en dar a conocer la condición humana, en contarnos quiénes somos, qué pensamos y qué hacemos».

«… Sólo tendréis una historia», dijo. ·Escribiréis una única historia de muchas maneras. No os preocupéis por la historia. Sólo tendréis una».

También me impacta la relación con su padre, de la que no puede ni hablar, pero que intuimos cuando explica la historia de  la escultura del conde Ugolino de Carpeaux en el MET, a la que no podía dejar de visitar  cuando iba al museo, y que  describe así.

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 «Es una estatua de mármol de un hombre con sus hijos al lado, y el hombre tiene una terrible expresión de desesperación, y los niños parecen aferrarse a sus pies, implorantes… Leí el letrero que explicaba que los niños se ofrecen como comida a su padre, al que están matando de hambre en la cárcel, y que los niños solamente quieren una cosa: que desaparezca el sufrimiento de su padre. Dejarán que se los coma, contentos, muy contentos».

Creo que en conjunto me gustó más «Olive Kitteridge», la novela por la que la autora ganó el Premio Pulitzer en 2009, pero «Me llamo Lucy Barton» tiene escenas que se entienden desde dentro y que conectan sitios extraños entre sí. Parece banal, quizás no está demasiado bien escrita, pero es una de esas historias que dice sin decir.

Y por último una frase que me enganchó y que suscribo totalmente. Es un resumen de la novela magnífico. Ahora no recuerdo si la dice Lucy Barton o Sara Payne.

«Es la historia de una madre que quiere a su hija. De una manera imperfecta, porque todos amamos de una manera imperfecta».

MANEL ARMENGOL. Fotógrafo

 

Conocí su obra en un curso de  la Universidad de Barcelona sobre simbología. Los símbolos son las representaciones universales que nos llegan directamente al espíritu sin necesidad de pasar por el intelecto. Lo que se percibe y se entiende sin más. Un viaje al «Mundus Imaginalis» de Henri Corbin, a la tierra intermedia en donde el espíritu se materializa y la materia se espiritualiza.

En uno de los documentos recomendados en el curso estaba esta fotografía: «Roca iluminada por el agua» de Manel Armengol.

 

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Cada vez que la miro intento describirla, pero no puedo. Sólo siento. Siento como el agua se hace luz, como sublima a la piedra y la hace etérea, espiritual. Como la libera de su peso convirtiéndola en aire y en luz. .

 

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Otra de las fotografías es «El estanque y la putrefacción». Según los antiguos alquimistas el medio para empezar la transformación de la vida es la putrefacción. Esta foto es una de la que ilustran el libro «Cuestiones simbólicas» de Raimon Arola. En ella hasta se puede oler el limo del fondo. Recuerda al dibujo  «Tres mundos» de M.C.Escher» en donde también se contemplan los tres planos dotándolo de un efecto tridimensional.

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Y aquí otra roca convirtiéndose en nube.

 

Manel Armengol (1949) es uno de los grandes de la fotografía. Empezó haciendo foto-periodismo y se dio a conocer a nivel internacional por el reportaje de la manifestación de las libertades de 1976 en Barcelona.

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Fue corresponsal en Estados Unidos, México, Birmania, Perú, Argelia y en China de los años 70.

Un grave accidente a principios de los 80 lo apartó de la  actividad periodística, pero lo acercó a la fotografía onírica, introspectiva y sobre todo a la Naturaleza realizando los siguientes trabajos: El jardí dels guerrers (1987), Voices of water, Memories of Winds (2001), Herbarium (2007) y Terrae (2009).

Más adelante impartió conferencias en la Universidad Central de Barcelona y en la Universidad Autònoma.

En enero de 2016, después de dos años sin poder trabajar se vio obligado a dejar su piso de l’ Eixample de Barcelona, en donde había vivido los últimos veinte años, consiguiendo que el Archivo Nacional de Catalunya asumiera la conservación y custodia de su obra. Un millón y medio de fotografías y más de 500 libros de su biblioteca personal.

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Así nos explica su vida.

 

HASTA QUE SE TE CUREN LAS ALAS

Veo poco la tele. A veces la pongo porque sí, por «a ver qué hacen», y siempre la acabo apagando después de dar un tiovivo de vueltas entre anuncios de coches, concursos, e imágenes sin sentido. Pero ayer algo me llamó la atención, fueron los cinco segundos que oí de una canción y esta frase: «Hasta que se te curen las alas».

No se me ocurren palabras más bellas ni más generosas. Es estar a tu lado hasta que te repongas, hasta que vuelvas a ser tú para luego aceptar que vueles libre, que me abandones. No esperar nada.

Existen amores así, fuertes, poderosos. Amores con mayúsculas. 

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La canción se llama «Cuenta conmigo» y es de Txarango:

De día y de noche, a tu lado, mi niña. En la enfermedad y en la lucha: «Hasta que se te curen las alas»

El grupo Txarango ha cedido los derechos de la canción para ayudar a los niños con enfermedades incurables.

LAS MEDUSAS. Animales inmortales: en la poesía y en el mar

Las medusas no sólo son bellas. Son una de las criaturas vivientes más antiguas de la Tierra. Existen pruebas que sugieren que han existido hace alrededor de más de 700 millones de años

No atacan. Al contactar con algo liberan toxinas irritantes para su defensa. No tienen cerebro ni corazón. Comen desintegrando con su líquido irritante el alimento ya que no tienen partes duras, ni dientes ni mandíbulas para apretar. Son el 95% agua

Lo normal es que vivan como mucho seis meses,  pero la Turritopsis nutricula es una medusa inmortal, ya que puede volver a la fase de pólipo después de ser sexualmente madura.

Flores del mar y el mal las Medusas.
Cuando eres niño te advierten:
Limítate a contemplarlas.
Si las tocas, las espectrales
te dejarán su quemadura,
la marca a fuego, el estigma
de quien codicia lo prohibido.

Quizá dijiste en silencio:
Pretendo asir la marea,
acariciar lo imposible.

Nunca lo harás: las medusas
no son de nadie celestial o terrestre.
Son de la mar que no es ni mujer ni prójimo.

Son peces de la nada, plantas del viento,
quizá espejismos,
gasas de espuma ponzoñosa

                                                                         

Las flores del Mar. José Emilio Pacheco.

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Eros es el agua. Gioconda Belli:

 […]
Mar de la noche con lunas sumergidas
tu oleaje brusco de pulpo enardecido
acelera mis branquias los latidos de esponja
los caballos minúsculos flotando entre gemidos
enredados en largos pistilos de medusa.

medusa-azulCanto VI. Vicente Huidobro:
[…]
Suenan perlas 
Llaman perlas 
El honor de los adioses 
Cristal nube 
El rumor y la lazada 
Nadadora 
Cristal noche 
La medusa irreparable 
Dirá espectro 
Cristal seda 
Olvidando la serpiente 
Olvidando sus dos piernas 
Sus dos ojos 
Sus dos manos 
Sus orejas 

 

También se las llama «Agua Viva»

ESCHER. Un artista mágico y matemático

«Asombrarse es la esencia de la vida»

Maurits Cornelis Escher nació en Leeuwarden el 17 de junio de 1898 y murió en Hilversum en 1972. Empezó estudiando arquitectura, pero enseguida destacó en el dibujo y en el grabado de madera. Este artista holandés fue reconocido por sus grabados xilográficos y litográficos en los que representaba figuras imposibles, teselados y mundos imaginarios. Por una obra mágica y matemática al mismo tiempo.

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A Escher le obsesionaba la realidad y la forma de plasmarla en el plano. Con la representación en tres dimensiones creaba obras capaces de saltar por encima de las normas, por encima del papel, que producían efectos imposibles.

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Contemplar los tres planos de la naturaleza como  en “Three worlds” en donde vemos la superficie del agua (las hojas), el fondo del río (el pez) y el exterior (los árboles).

Escher descubre el misterio de la geometría en un viaje a España, en la Alhambra de Granada, en donde copia y se inspira en muchos de los motivos ornamentales. Usa patrones rellenando todos los espacios sin dejar ningún hueco.

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Él quería que sus obras estuvieran exentas de todo mensaje político y social, que fueran una mera recreación visual. Incluso llegó a ponerles precios exorbitados en un intento inútil de que no se difundieran, Pero sus diseños se extendieron y hoy forman parte de posters, películas (Incepción, Tron, Dentro del laberinto), video juegos (Echochrome, Monument Valley) y  libros como “Caleidociclos” de editorial Taschen en donde se incluyen las instrucciones para el montaje de sus figuras.

Nadie puede abstraerse a sus imágenes hipnóticas, a sus fractales, a sus construcciones imposibles en donde se puede bajar y subir al mismo tiempo. A su geometría.

https://www.youtube.com/watch?v=MWq8uw5ENyY

Una vez alguien dijo que la geometría era el único arte directamente ligado al retorno del hombre al Paraíso.