Mes: febrero 2017

FÍSICA Y METAFÍSICA DE LA PINTURA. L.CATTIAUX. “El arte es mágico o no es”

“Este libro es inútil, pues si no habéis descubierto el Arte en vosotros mismos, nadie os lo hará conocer desde fuera”.

Louis Cattiaux (Valenciennes, 1904- París, 1953)  fue un pintor, poeta y escritor francés. Conocido sobre todo por  El mensaje reencontrado, un libro que transmite la tradición enseñada por los sabios de todos los tiempos.

En Física y Metafísica de la Pintura expone tanto los procedimientos pictóricos como lo que es y significa el Arte en su total expresión.

Que mejor que presentarlo con alguna de sus reflexiones:

“Hay que trabajar mucho tiempo sobre una misma obra, pero sin esfuerzo, sin aburrimiento, sin trabajo en suma, y tal como dice Paul Valéry: Se ha de mantener el esfuerzo hasta que el trabajo haya borrado las huellas del trabajo”.

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“El artista sólo conoce el cielo y la tierra; la ciencia, la moral y la política de los hombres le aburren y le matan”.

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“El libro más bello, el cuadro más afortunado, la obra más profunda, no son los que afirman sino, más bien, los que sugieren. En efecto, es imposible comunicar un sentimiento de arte si no es por la sugestión, que permite un trabajo de reconstitución personal y duradero”.

 “El arte es mágico o no es”.

 

 

 

LA NOVENA OLA

 

Para muchos “La novena ola” de Iván Aivazovsky ( 1850 ) es la pintura más bella de Rusia. Se encuentra en el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.

Recuerda a las pinturas del romanticismo francés, a “La balsa de la Medusa” de Géricault (1819), por el mar embravecido, por la lucha por la supervivencia cuando los elementos están en contra. Pero en ésta última gana la historia, los personajes, el dramatismo de lo que están a punto de vivir, de la decisión que han de tomar. También hay una ola que amenaza, pero importan ellos mucho más que el mar.

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En “La novena ola” de Aivazovsky el mar lo es todo. Con solo verlo marea, si te entregas a él notas como subes y bajas como los diminutos hombres que están en él. Te has de aferrar a la realidad, a la seguridad del suelo que pisas para no dejarte llevar a merced de las olas.

Dicen que pintaba usando sólo la imaginación y su memoria visual, que nunca copiaba ni tenía modelos. Pensaba que era imposible captar el movimiento de los elementos sólo con el pincel, confiaba más en sus sensaciones, en lo que el tema provocaba en él.

En esta pintura no está anocheciendo como en la de Géricault, el cielo está rojizo y en él hay un sol ígneo, pero naciente, que permite una esperanza y quizás la salvación. De ahí el título.

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Según la tradición marinera la novena ola es la más peligrosa e imprevisible de la tormenta, pero si se supera se puede considerar el peligro superado.

 

 

 

CARPE DIEM, quam minimum credula postrero

Aprovecha el día, no confíes en el mañana.

Horacio, el poeta  latino del siglo l a.c., dedicó este poema a Leocónoe, una de las hijas del dios Neptuno en la mitología romana.

Son versos bellísimos que hacen reflexionar, pero que no transmiten tristeza porque son positivos y profundamente prácticos. En el fondo tranquilizan, no descubren nada terrible, uno ya sabe que va a morir, simplemente animan a  vivir mejor:

ODA XI

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a ti y a mi, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos escollos.
Sé prudente, filtra el vino
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día. Captúralo.
No te fíes del incierto mañana.

 

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Carpe Diem, Memento mori.

(Vive el día, recuerda que vas a morir).

EL IMPERIO DE LAS LUCES. René Magritte

“La nada es la única gran maravilla del mundo” René Magritte.

Cuando ves el cuadro por primera vez te inquieta y no sabes por qué. En una calle hay una casa con un farol encendido delante de ella y en un primer plano un árbol. Todo está silencioso y solitario, tan solo en las dos ventanas del piso superior hay luz. De él Magritte hizo varias versiones en los años 50.

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               Óleo sobre lienzo, 146 x 114 cm.
                      El imperio de las luces (L’empire des lumiéres)

Quizás es por la paradoja, porque la casa está sumida en la noche y el cielo es un cielo diurno, pero que no ilumina la escena.  Está oscureciendo, eso sí. Está en la zona intermedia del día y la noche en donde éstas se tocan, pero que no llegan a unirse totalmente, como el sueño y la vigilia. Son los dos universos paralelos que coexisten inevitablemente dentro de todos nosotros. Verlo me sume en una extraña nostalgia, en la tristeza crepuscular del final de la tarde, en lo inexorable de acabar el día, del momento “justo antes” cuando todavía hay luz afuera, pero que es insuficiente y necesita de la luz interior para soportar la huida del sol.

Ese enigma, esa paradoja, es el centro del la ideología surrealista.

R. Magritte estaba fascinado por la idea de los contrarios. Comentó la obra así:

«La concepción de un cuadro, es decir, la idea, no se visualiza en el mismo: es imposible ver una idea con los ojos. Lo que un cuadro representa es lo visible a los ojos, esto o las cosas que tenían necesidad de tal idea. Esas son también las cosas representadas en el cuadro El imperio de las luces. Mejor dicho, lo que aparece es un paisaje nocturno y por otro lado el cielo que podemos ver en un día despejado. El paisaje representa la noche y el cielo, el día. La evocación de la noche y el día tiene, creo yo, el poder de sorprendernos y fascinarnos. Designo este poder con el nombre de poesía. Si atribuyo a esta evocación tal poder es, sobre todo, porque siempre me han interesado el día y la noche, sin que jamás haya sentido preferencia por ninguno de los dos. Este fuerte interés personal por el día y la noche es un sentimiento de asombro y de admiración».

Y André Breton dijo de ella :

“Abordar el problema de qué es la luz desde la sombra y qué es la sombra desde la luz”.

Sí, es la tierra intermedia entre lo consciente y lo inconsciente.