Mes: abril 2017

Orwell, Bradbury y Pulitzer. Trucos para escribir

George-Orwell

“Uno necesita reglas en las que se pueda confiar cuando falla el instinto”.

George Orwell

-Evita lo que ya ha sido usado. No uses metáfora, símil u otra forma que estés acostumbrado a ver por escrito.

-Elige la palabra más corta.

-Recorta todo lo que puedas.

-Escoge la voz activa. En esas frases es el sujeto el que realiza la acción.

-Cuanto más sencillo mejor. Nunca uses una locución extranjera ni palabras científicas si puedes encontrar una palabra equivalente.

-Rompe las reglas si hace falta.

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  Ray Bradbury

-No empieces escribiendo novelas. Escribe un cuento cada semana. Es imposible escribir 52 malas historias seguidas.

-Puedes amarlos, pero no puedes ser ellos. Recuérdalo cuando intentes, consciente o inconscientemente, imitar a tus escritores favoritos

-Examina cuentos de calidad: Roald Dahl, Guy de Maupassant, Nigel Kneale y John Collier.

– Llena tu mente. Lee antes de irte a dormir un cuento, un poema… Así después de mil noches estarás repleto de cosas.

-Aléjate de los amigos que no creen en ti.

-Vive en la biblioteca.

-Enamórate del cine. Preferiblemente de las películas antiguas.

-Disfruta escribiendo y si escribir te parece un trabajo, déjalo.

-No planees ganar dinero.

-Anota diez cosas que ames y diez cosas que odies. Luego escribe sobre ellas.

-Recuerda, con la escritura lo que estás buscando es solo una persona que venga y te diga: “te quiero por lo que haces”. O en su defecto, a alguien que aparezca y diga: “No estás tan loco como la gente dice” .

pulitzer

Joseph Pulitzer

– Exprésalo brevemente, empleando solamente las palabras estrictamente necesarias para que lo lean.

-Con mucha claridad y sencillez, usando términos simples, comunes, de uso diario para que lo entiendan.

-En forma pintoresca y graciosa para que lo recuerden.

4.- Y con mucha veracidad y honestidad para que se guíen por esa luz.

 

 

 

LA LINEA QUE SE FORMA ENTRE LA TIERRA Y EL CIELO

          Arropado en una manta, algo pequeño se mueve y lloriquea. Es mi hermana. La tiene mi madre entre sus brazos y la mece. Yo las miro y lloriqueo aún más fuerte para que mamá me haga caso, pero ella junta los labios, se pone un dedo delante de la boca y emite un sonido “chsss” señalándome la puerta. Me voy, dejo de llorar, lo entiendo enseguida: mamá ya no me quiere.

         Abandono el compartimiento del tren con dificultad, separando la puerta corredera desde abajo,  el único sitio a donde me llegan las manos, y salgo al pasillo. Tengo que mirar a lo alto para ver la cara de la gente porque soy invisible para todos los que no miran al suelo. Mi madre me acaba de expulsar de su lado convirtiendo mis plumas de ave del paraíso en las de un gorrión normal, en una niña pájaro abandonada más. En aquel momento no me doy cuenta de que el tren corre, de que se va alejando de casa separándome de mi tía, que sí me quiere sólo a mí, de las piedras de mi ciudad, de la niña con mamá única que allí había sido. No entiendo que nos vamos para siempre a otro sitio más frío y más grande, que no volveremos. No lo entiendo, pero lo sé.  

         Mamá está fuera mirando por la ventana del tren con papá y una señora. La niña bebé está sola durmiendo en un capazo dentro del compartimiento, ya no llora y me dejan que pase a verla, pero sólo un momentito, ¡chsss!, sin hacer ruido, despacio, no la toques…   

         Es fea y pequeña, pero la noto extraña, tiene la cara hinchada, muy roja, casi azul, parece que quiere llorar, pero no puede, yo también quiero gritar y avisar a mamá, pero no lo hago, algo me dice que tengo que pedir ayuda, de prisa, de prisa, pero me convierto en piedra, miro su cara y su lengua ya casi negra y no digo nada. Voy a fuera con mamá y los demás, ellos siguen tranquilos mirando por la ventana la línea que se forma entre la tierra y el cielo. Levanto las manos para que alguien me aúpe. No digo nada. Me asomo por la ventana y el aire fresco me revuelve el pelo. Mete la cabeza, mete la cabeza, dice mamá. Meto la cabeza, pero algo de mí se queda fuera para siempre.

niña tren (2)

PETER HUJAR. A LA VELOCIDAD DE LA VIDA O EL TIEMPO CONGELADO

Ésta es la primera vez que las fotografías de Peter Hujar (Trenton, 1934-Nueva York, 1987) salen de la Morgan Library & Museum de Nueva York para mostrase al público de una manera itinerante, y lo hacen en la Fundación Maphre de Barcelona.

Es una exposición cuyo recorrido corresponde a los deseos y a la personalidad de su autor porque las fotografías no siguen ningún orden cronológico ni temático, sino que están agrupadas en  “yuxtaposiciones enérgicas”, en asociaciones que reflejan su manera de ver el mundo y sus preocupaciones.

Peter Hujar era un artesano del retrato, no sólo por trabajar a la perfección los contrastes del blanco y negro, como en esta foto en donde congela el tiempo en el juego de una niña blanca en un sillón blanco. Es artesano, también, por revelar e imprimir él mismo todos sus negativos con precisión y esmero de alquimista.

hujar niña

Por poder crear esa atmósfera intima capaz de establecer un triángulo mágico entre personaje, fotógrafo y espectador.

hujar bebe Como en esta foto, en la que podemos notar la ternura en las manos que sostienen al bebé, palpar la rugosidad de su ropita, sentir la emoción, o quizás el frío, al percibir la piel de gallina del pecho de su madre. 

Empieza trabajando como fotógrafo de moda a finales de los años 60 y principios de los 70, pero “eso no era para mi”, según sus propias palabras. Recibe clases magistrales de Richard Avedon quien le ofrece trabajo y colaboración, pero lo no acepta porque una de sus prioridades era la libertad. Se vincula a los movimientos de liberación homosexual de Nueva York y a la contracultura retratando artistas y escritores como Andy Warhol , Susan Sontang o estrellas famosas como la musa transexual Candy Darling.

candy darling

Y lo hace en su lecho de muerte, glamurosa y coqueta, como había sido siempre, pero sin ocultar los elementos que denotan que está en el hospital, porque lo que siempre priorizaba era la verdad. Candy murió días después de un linfoma.

hujar condesa

La de esta marquesa que le acogió en su casa tras su viaje a Italia después de  haber ganado una beca Fulbright. Transmitiendo su aspecto severo, altivo, casi masculino, con la expresión de quien consigue todo cuanto quiere, ayudado por la imagen de su castillo al fondo. 

hujar salto

Y éste es uno de sus autorretratos. Éste es él, con un gesto con el que parece saludar, pero con el resto del cuerpo a punto de salir corriendo.

Peter Hujar murió a los 53 años en Nueva York a causa del Sida . En sus últimas horas pidió a su amigo y ex-amante David Wojnarowict que filmara su muerte con una cámara de super8 y que tomara fotos de 23 partes de su cuerpo una vez hubiera fallecido. Nadie supo nunca el porqué de aquel número.

 

¿A ESTAS ALTURAS, POR QUIÉN, A QUIÉN HABLO?

La buena poesía consigue poner en palabras lo más profundo del sentimiento, lo que uno siente y no sabe decir. No se necesita entender, pasa y ya está.

Descubrí hace poco a Kathleen Raine (Londres, 1908-Londres, 2003). Poeta sencilla, lacónica, sin artificios rimbombantes, una creadora que se aleja de las modas y del positivismo del siglo XX. Decía que la literatura no debía ser objeto de estudio en la universidad, sino parte de la vida de cualquier persona. Entendía el arte y la poesía como una necesidad vital con un gran poder para educar y sanar, pura espiritualidad, el “Anima mundi”.

Podría mencionar su extensa obra poética, autobiográfica, su conocimiento sobre  Blake y Yeats, pero creo que es mejor compartir este fragmento de un poema que me atrapó e hice mio desde sus primeras palabras.

¿A estas alturas, por quién,

a quién hablo? ¿Por el viejo, por el joven,

o por nadie? A ninguno

de ellos: desde el eterno al no nacido, al imperecedero

hablo, yo, que estoy sola

en un tiempo y un lugar donde nadie

me encontrará, yo, que ya no estoy aquí,

cuando tú, quienquiera que seas,

viejo, joven, a medio camino por la vida

estés conmigo en este no lugar, en este no tiempo

infinito, donde cada uno es, quien un instante aguanta,

como yo ahora en tu corazón, el orbe.

Igual que tú soy

cáliz  de corazón, lleno un instante

de océano y aire y luz,

este cuerpo, este cáliz que se desborda

con la Presencia única, se irá,

disuelto una vez más, y una vez más y una vez más

gota en el océano,

será uno contigo, nunca más

esta mujer cuya mano escribe palabras no mías,

legadas por la multitud de los que una vez vivieron,

aquellos que conocían, amaban, comprendían y nombraban

saberes transmitidos

a los que han de llegar, cuyos rostros no veré,

y, sin embargo, al tiempo que escribo estas palabras, soy ya uno con ellos.

(Testimonio)

Raine Raine mayor