LA LINEA QUE SE FORMA ENTRE LA TIERRA Y EL CIELO

          Arropado en una manta, algo pequeño se mueve y lloriquea. Es mi hermana. La tiene mi madre entre sus brazos y la mece. Yo las miro y lloriqueo aún más fuerte para que mamá me haga caso, pero ella junta los labios, se pone un dedo delante de la boca y emite un sonido “chsss” señalándome la puerta. Me voy, dejo de llorar, lo entiendo enseguida: mamá ya no me quiere.

         Abandono el compartimiento del tren con dificultad, separando la puerta corredera desde abajo,  el único sitio a donde me llegan las manos, y salgo al pasillo. Tengo que mirar a lo alto para ver la cara de la gente porque soy invisible para todos los que no miran al suelo. Mi madre me acaba de expulsar de su lado convirtiendo mis plumas de ave del paraíso en las de un gorrión normal, en una niña pájaro abandonada más. En aquel momento no me doy cuenta de que el tren corre, de que se va alejando de casa separándome de mi tía, que sí me quiere sólo a mí, de las piedras de mi ciudad, de la niña con mamá única que allí había sido. No entiendo que nos vamos para siempre a otro sitio más frío y más grande, que no volveremos. No lo entiendo, pero lo sé.  

         Mamá está fuera mirando por la ventana del tren con papá y una señora. La niña bebé está sola durmiendo en un capazo dentro del compartimiento, ya no llora y me dejan que pase a verla, pero sólo un momentito, ¡chsss!, sin hacer ruido, despacio, no la toques…   

         Es fea y pequeña, pero la noto extraña, tiene la cara hinchada, muy roja, casi azul, parece que quiere llorar, pero no puede, yo también quiero gritar y avisar a mamá, pero no lo hago, algo me dice que tengo que pedir ayuda, de prisa, de prisa, pero me convierto en piedra, miro su cara y su lengua ya casi negra y no digo nada. Voy a fuera con mamá y los demás, ellos siguen tranquilos mirando por la ventana la línea que se forma entre la tierra y el cielo. Levanto las manos para que alguien me aúpe. No digo nada. Me asomo por la ventana y el aire fresco me revuelve el pelo. Mete la cabeza, mete la cabeza, dice mamá. Meto la cabeza, pero algo de mí se queda fuera para siempre.

niña tren (2)
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