Mes: mayo 2017

BOMARZO. El pueblo, el jardín y el libro

Bomarzo es un pueblo del Lazio italiano con pasado etrusco, romano y medieval en donde la familia Orsini tenía una de sus residencias principales. En 1552 el Duque Vicino Orsini, reconstruyó el castillo haciéndolo inexpugnable y ampliándolo hasta incluir alguna de las casas del pueblo en él. Encargó a Pirro Ligorno (que después de la muerte de Miguel Ángel trabajaría en San Pedro de Roma) la creación de un jardín con colosales esculturas de piedra (casi cuarenta) llenas de símbolos y de enigmas. Hoy es un pueblo con numerosas casas en venta que vive de los recuerdos del pasado y sobre todo de los visitantes del jardín de los monstruos o Bosque Sacro. En el castillo hay un museo y se pueden visitar las estancias de la familia Orsini.

A veces en el arco de una de las puertas del castillo, en la fachada principal, se puede ver ropa tendida al sol, y es que alguno de los habitantes del pueblo sigue viviendo en él.

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Bomarzo tiene un jardín de diez hectáreas poblado por monstruos pétreos, un bosque que al principio se llamó sacro, no por ser sagrado sino por ser maravilloso y que al caer en el abandono pasó a ser conocido por “El jardín de los monstruos”. Se dice que  Vicino Orsini lo hizo construir  tras la muerte de su esposa Julia Farnese como homenaje póstumo. En él se exalta la vida en oposión con la muerte a través de dos mitos inseparables: Marte/ Hércules y Ceres/Proserpina. A la entrada una inscripción en un monolito dice así: “Solo para que el corazón se desahogue”. 

Estas son algunas de las esculturas:

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Una sirena con dos colas, un ogro en el que se puede vivir dentro…

Elefantes, duendes, gigantes…

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Y una casa en donde se entra por una puerta aparentemente normal, pero que está inclinada, lo cual hace que sea imposible descansar y vivir. Una inscripción nos la presenta como : “El reposo de nuestra alma racional”

Bomarzo es un libro de Manuel Mujica Lainez

Lo leí a los dieciséis años de un tirón, casi sin respirar. Me sedujo desde la primera palabra llevándome de la mano por la Edad Media, el Renacimiento, la coronación de Carlos V en Bolonia, la batalla de Lepanto…

Relata la vida de Vicino Orsini, personaje atormentado y cruel, pero a la vez culto y refinado que fue el segundo hijo de Corrado Orsini; al nacer contrahecho y deforme fue rechazado por su padre, pero por obra del destino llegó a ser el duque de Bomarzo.  Gracias a la magnífica prosa de Mujica Lainez pude saborear los manjares que ellos comían, oler la fragancia del bosque, los hedores de la muerte, admirar y tocar la suavidad de la seda, los brocados… En una palabra: pude estar allí. A la vez es una novela crítica con la política, con la religión, con la intolerancia.

Era tal el buen recuerdo que al programar un viaje a Viterbo pensé visitar el jardín de Bomarzo y me propuse volverlo a leer. Me llevé una sorpresa. Cuando empecé me costó avanzar, entender una prosa tan rica y tan llena de descripciones preciosistas. Me cansaba. ¿Cómo podía ser? ¿Por qué antes, mucho más joven,  me había encantado?   Me forcé a seguir a pesar del esfuerzo, de la extensión del libro y del poco tiempo del que disponía. Al final entendí el porqué. Las obras que leemos ahora, los planteamientos argumentales, la velocidad de la prosa, la falta de detalles, lo que se sobreentiende, los finales poco explícitos; hacen que leer sea diferente, que cueste pasar por una puerta más estrecha.

Sí, al final he entrado. He recuperado la capacidad de encantamiento de mis dieciséis años y le doy gracias a Bomarzo, al pueblo, al jardín y al libro por llevarme allí.

Voy por la mitad, lo estoy leyendo poco a poco para que me dure más. Ha vuelto a pasar, como dice la cita de Dante que está grabada en la boca del Ogro.“Cada pensamiento vuela”.

 

 

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boca

 

 

 

LOS NENÚFARES DE MONET

Cuando Monet empezó a sentir que se estaba quedando ciego, quiso no solo pintar lo que veía en su jardín de Giverny , sino también recrear lo que sentía al estar cerca del agua y las flores. Lo expresó así:

“El motivo es para mí del todo secundario; lo que quiero representar es lo que existe entre el motivo y yo”.

Lo hizo en lienzos grandes de más de nueve metros de alto y doce de ancho.

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Ese fue su último proyecto: “Los nenúfares” y lo empezó poco después de empezar la Gran Guerra. Mientras la gente era evacuada de la ciudad el permaneció en su jardín de Giverny ajeno incluso a los cercanos sonidos del frente. Cuando acabó la guerra ofreció su pintura al estado francés para homenajear el armisticio. Solo puso una condición, que el estado comprara su cuadro ” Mujeres en el jardín” el cual había sido rechazado en el Salón Oficial en 1867.

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Le dijeron que sí y en 1922 le pagaron doscientos mil francos por él esperando recibirlo junto a los lienzos de Los nenúfares, pero pasaba el tiempo y estos no llegaban. Monet decía que no estaba acabado, que se encontraba tan débil y tenía tantas dificultades de visión que  no podía trabajar en él.

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El 5 de diciembre de 1926 Monet muere en Giverny acompañado por su amigo George Clemenceau. Cinco meses más tarde su obra es entregada tal y como estaba  y se instala en el Museo de l’ Orangerie ocupando dos espacios ovales majestuosos. El mismo lugar en donde se encuentran hoy en día.

El conjunto de pinturas da la impresión de estar suspendido. Son composiciones casi abstractas, manchas de color, que con su colocación circular reflejan los cambios de las flores y el lago durante las horas  del día y las estaciones del año. La pintura no parece inacabada, al contrario, su obra es tan libre que se acerca a la abstracción y transmite la sensación de estar en Giverny.

Existe un pequeño fragmento de película de 1915 en dónde podemos ver a Monet pintando en su jardín. 

Se hace difícil distinguir entre lo que es pintura y lo que es realidad.

 

ATARDECERES ETRUSCOS. D.H. LAWRENCE

Preparar un viaje es anticipar, consultar, leer…

Para viajar a Viterbo leí dos libros: Bomarzo de M.Mujíca Laínez que me sumergió en la Toscana renacentista del siglo XVI y Atardeceres Etruscos de D.H. Lawrence en donde se narra el viaje a Tarquinia que hizo en 1927 mientras escribía El amante de Lady Chatterley.  

Buscaba una guía no convencional, recomendaciones y anécdotas sobre lugares con la mirada del viajero romántico, porque para información y datos útiles todo está en internet. Me sorprendió el libro de Lawrence porque no era una guía, aunque estaba organizado por capítulos que  llevaban el nombre de las zonas arqueológicas del lugar (Tarquinia, Cervéteri, Vulci, Volterra). Me encontré con una visión vitalista del mundo, con un autor que recupera la armonía entre la sensualidad de la naturaleza y el conocimiento, que ve más allá del mundo nuevo, compartimentado,  exaltando un mundo viejo en el que cada cosa pertenece al Todo; y que lo hace a través de la cultura etrusca, gran desconocida, de la que la historia  no se aclara ni tan siquiera acerca de sus orígenes, que mira sorprendida al dios Tinia, una asociación de lo masculino y lo femenino; de una civilización que celebra la muerte como parte de la vida y que la recrea en sus innumerables tumbas con figuras alegres que comen, beben vino, que sonríen y se tocan.

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En lo etrusco hay casi siempre una naturalidad que borda la vulgaridad, pero que no cae en ella”

Lawrence habla de los etruscos como conocedores de los secretos de la continuación de la vida y de la naturaleza, se refiere en el libro que en el año 408 (cinco siglos después de su extinción) el Papa Inocencio I permitió una exhibición pública de domesticación de relámpagos por magos etruscos.

“El conocimiento esotérico será siempre esotérico, puesto que el conocimiento es una experiencia, no una fórmula”.

Dos de los capítulos tratan de la tumbas de Tarquinia. Las descripciones que hace de cada una de ellas son preciosistas, se recrea en todos los detalles, en los colores, en las sensaciones que le producen las imágenes pintadas, los sarcófagos; transmitiendo esa vida al lector:

Para el etrusco, todo vivía; el universo entero vivía; y era cosa del hombre el vivir en medio de todo eso. Tenía que aspirar la vida dentro de sí, tomándola de las vastas vitalidades errantes del mundo. El cosmos estaba vivo, como un enorme animal. Todo respiraba y latía”.

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No es solo un libro de viajes, también es un libro de filosofía.

“La duración de las pirámides es un simple instante comparada con la de las margaritas. Y antes de que Buda o Jesús hablasen ya cantaba el ruiseñor, y después de que las palabras de Jesús o Buda se hayan olvidado el ruiseñor seguirá cantando. Porque el canto del ruiseñor no es ni una prédica, ni una enseñanza, ni una orden, ni un apremio. Es solo un canto. Y al comienzo no era el Verbo, sino un gorjeo”.

Y habla de la importancia de los objetos, no solo como transmisores de la historia y de las costumbre sino como entes que se relacionan con todo lo que les rodea e influyen en ello.

“Cualquier objeto que lleve la conciencia a un estado de atención pura en un momento de perplejidad, dará una respuesta a la perplejidad”.

Acaba el libro hablando de los museos, a los que considera:  “lecciones prácticas orientadas a ilustrar las insanas teorías de los arqueólogos” .  Odia la idea de reunir infinidad de objetos porque cree que pierden el sentido cuando se juntan y se desubican.

“Un museo no es un contacto de primera mano: es una conferencia ilustrada. Y lo que uno quiere es el toque vital auténtico. Yo no quiero que me instruyan; ni lo quiere mucha otra gente”.

D.H.-Lawrence

D.H. Lawrence (1885-1930).

Un toque vital autentico.

“Quien nada quiere es libre”. F. Pessoa

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No sólo quien nos odia o nos envidia

nos limita y oprime; quien nos ama

no menos nos limita.

Que los dioses me concedan que, desnudo

de afectos, tenga la fría libertad

de las cimas sin nada.

Quien quiere poco, tiene todo; quien nada quiere

es libre; quien no tiene, y no desea,

hombre, es igual a los dioses.

 

Fernando Pessoa

 

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DE MENHIRES Y HOMBRES

Está desde siempre en la memoria de los hombres. Impasible al paso del tiempo, al fuego, a la nieve y a los movimientos sísmicos que de vez en cuando asolan la zona.

No es muy alto, pero impone por su dureza y a la vez por su capacidad de transformar la energía que le rodea. De él emana la fuerza que recibe de la tierra.

En la noche de los tiempos lo adoraban. Nunca tuvo nombre porque era sagrado y lo sagrado no necesita pronunciarse, sólo le bastaba ser.

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Su datación es aproximada, se cree que es del tercer período megalítico, hacia el final del segundo milenio a. C. 

Hoy nadie recuerda ni sabe usar su fuerza. Hoy no tiene sentido. Sirve para acampar a su sombra, para hacer una foto más con el móvil.

Pero a veces alguien se acerca y no puede evitar tocarlo. Las manos se le escapan del cuerpo y se funden en él para convertirse en granito, en tierra y en cielo.

Ahora le llaman “Menhir del Pla del Bosc” y está en Eyne (Francia), el sitio en  donde hace más de cuatro mil años otras manos lo erigieron.

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Impertérrito al paso de los hombres y de los días porque sabe que cuando sólo seamos sombras él aún estará allí.