Mes: julio 2017

¿Que yo me contradigo?

¿Que yo me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué? (Yo soy inmenso, contengo multitudes).

Esta frase es de Walt Whitman (1819-1892), uno de los mayores poetas estadounidenses que también  fue enfermero voluntario, ensayista, periodista y humanista. Sobre todo es conocido por uno de sus poemas dedicado a Abraham Lincon en el que habla de él sin mencionarlo, solo con metáforas. Seguro que recordáis la película “El club de los poetas muertos”:

¡Oh Capitán, mi Capitán. Nuestro azaroso viaje ha terminado.

Pero no quiero hablar de su obra épica sino de su poesía cotidiana, la que habla del hombre, de los animales, de la religión, del sexo. De su profundo amor por la vida, de su positivismo y de su alegría.

De su poema “Hojas de hierba”:

 

Creo que una brizna de hierba, no es inferior a la jornada de los astros
y que la hormiga es perfecta,
y que también lo son el grano de arena y el huevo del zorzal,
y que la rana es una obra maestra, digna de ser significada
y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
y que una vaca paciendo con la cabeza baja, supera a todas las estatuas,
y que un ratón es un milagro capaz de asombrar a millones de incrédulos.
Y que la menor articulación de mi mano, puede humillar a todas las máquinas.
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta.

 

De “UN CANTO A MI MISMO”.

 

CANTO A MI MISMO

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Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago… e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.
Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada.

Versión de: León Felipe

De “A UN EXTRAÑO”

 

“¡Desconocido que pasas! No sabes con cuánto ardor te contemplo,
Debes ser el que busco, o la que busco (esto me viene como en sueños),
Seguramente he vivido contigo en alguna parte una vida de gozo,
(…)
No debo hablarte, debo pensar en ti cuando esté sentado solo o me despierte solo en la noche,
Debo esperar, no dudo que te encontraré otra vez,
Debo cuidar de no perderte”.

Me es difícil elegir entre sus poemas, no compartir: “No te detengas” (No dejes que termine el día sin haber crecido un poco…), “Sobre él, a quien amo día y noche”.

Muy difícil, pero hay un fragmento de Canto a mi mismo que me encanta:

                 

Quédate hoy conmigo,
vive conmigo un día y una noche
y te mostraré el origen de todos los poemas.
Tendrás entonces todo cuanto hay de grande en la Tierra y en el Sol
(existen además millones de soles más allá)
y nada tomarás ya nunca de segunda ni de tercera mano,
ni mirarás más por los ojos de los muertos,
ni te nutrirás con el espectro de los libros.
Tampoco contemplarás el mundo con mis ojos
ni tomarás las cosas de mis manos.
Aprenderás a escuchar en todas direcciones
y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.

 

Y todo lo que puedo hacer es intentarlo

All I can do. Es una canción de Ben Kendrick. La primera vez que la oí fue en la banda sonora de un anuncio que me llamó la atención. Pensé que traería cola (el anuncio), pero enseguida me atrapó la canción:

Quizás es porque también soy de las que me pregunto: ¿Pero en realidad de qué estoy huyendo?

Recuperé el anuncio en internet. Era de unos conocidos supermercados alemanes y, sí, leí que había sido muy polémico, Había muchas personas a favor  por fomentar los hábitos saludables de alimentación, y muchas otras en contra por lo que se podía considerar una discriminación y estigmatización hacia las personas obesas.

Entiendo el porqué de las dos posturas. Pero yo no lo veo así. Para mi la canción y la pequeña historia son un alegato a la libertad, a los que persiguen una ilusión e intentan conseguir lo que quieren cuando lo desean de verdad. Eso obliga a enfrentarse a la mediocridad de los demás, al pensamiento único:

 

No comparto totalmente la frase final: Come como lo que quieras ser. La cambiaría por algo más o menos así:

Piensa como lo que quieras ser, lo demás vendrá solo.

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LAS PEQUEÑAS VIRTUDES

Este pequeño gran libro de Natalia Ginzburg (Palermo 1916- Roma 1991) está compuesto por once articulos que fueron escritos en diferentes años y lugares. Son ensayos autobiográficos que no están ordenados cronológicamente ni tienen un estilo uniforme. Eso le da un valor añadido porque Ginzburg nunca corregía sus obras después de haberlas escrito y hace que  sean reflexiones espontaneas que muestran como le afectaban los acontecimientos de la vida:  la dictadura de Mussolini, la Guerra, la perdida de su marido en la cárcel, el exilio.  Lo hace de una manera distante, pero a la vez muy próxima, sin términos grandilocuentes ni afectados.

Habla de la manera de hacer el fuego de la chimenea en los hogares, de cómo eso era lo que diferenciaba a los pobres de los ricos. Habla de los zapatos rotos, de cómo se acostumbró a vivir con ellos porque si los hubiera llevado al zapatero hubiera tenido que pasarse dos días en casa sin poder salir. De los sueños:

“Los sueños no se realizan jamás, y apenas los vemos rotos, comprendemos de pronto que las mayores alegrías de nuestra vida están fuera de la realidad”.

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Habla de la guerra:

“No nos curaremos nunca de esta guerra. Es inútil. Jamás volveremos a ser gente serena, gente que piensa y estudia y construye su vida en paz. Mirad lo que han hecho con nuestras casas. Mirad lo que han hecho con nosotros. Jamás volveremos a ser gente tranquila.

De lo importante que fue en su vida la pasión por la escritura, su manera de crear:

“Cuando uno escribe un cuento, debe poner en él lo mejor de lo que posee y de lo que ha visto, lo mejor de todo lo que ha recogido en su vida”.

Y sus dudas a la hora de hacerlo y compatibilizarlo con ser madre que nos las transmite en “Mi oficio” (Otoño 1949) :

“Los niños me parecían demasiado importantes para que una se pudiera perder detrás de estúpidas historias, de estúpidos personajes embalsamados. Pero sentía una feroz nostalgia y a veces, de noche, casi lloraba recordando lo bonito que era mi oficio. Pensaba que volvería a él algún día , pero no sabía cuándo; pensaba que tendría que esperar a que mis hijos llegaran a hombres y se separaran de mí. Porque el que tenía entonces por mis hijos era un sentimiento que aún no había aprendido a dominar. Pero luego lo aprendí poco a poco. Y no tardé tanto como creía”.

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Habla también de lo difícil que era escribir como mujer y de sus intentos para ocultarlo:

“La ironía y la perversidad me parecían armas muy importantes en mis manos; me parecía que me servían para escribir como un hombre porque entonces deseaba ardientemente escribir como un hombre, me daba pavor que a través de las cosas que escribía se pudiera inferir que era mujer. Los personajes que creaba eran casi siempre hombres, para que fueran distintos y lo más alejados posible de mí.”

Su contradicción con el oficio al que considera un amo que grita y nos condena, al que hay que  servir cuando él nos lo pide:

“Entonces nos ayuda también a mantenernos de pie , a mantener los pies bien firmes en la tierra, nos ayuda a vencer la locura y el delirio, la desesperación y la fiebre. Pero quiere ser él el que mande, y se niega siempre a oírnos cuando le necesitamos”.

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El último relato es el que da título al libro: “Las pequeñas virtudes” (Primavera 1960). En él nos transmite sus valores. Es su testamento vital:

“Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia , sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber.

Sin embargo, casi siempre hacemos lo contrario. Nos apresuramos a enseñarles el respeto a las pequeñas virtudes, fundando en ellas todo nuestro sistema educativo. De esta manera elegimos el camino más cómodo, porque las pequeñas virtudes no encierran ningún peligro material, es más, nos protegen de los golpes de la suerte.”

 

 

pequeñas virtudes

Es difícil hacer una selección de los parágrafos que emocionan más, pero quiero destacar uno que me ha impactado un poco más que los otros. Habla de la relación de los padres con los hijos y acaba diciendo algo muy simple pero que para mí es una gran verdad:

“Ellos no nos pertenecen, pero nosotros sí les pertenecemos a ellos, y eso es bueno que lo sepan para que puedan buscarnos en el cuarto de al lado cuando nos necesiten. Lo demás suele venir por sí solo, pues “el amor a la vida genera amor a la vida”.

 

 

 

 

 

¿CÓMO PUEDO LLAMAR TU ATENCIÓN?

Llamar la atención es una parte esencial para conseguir pareja, sobre todo cuando vives en el océano y eres un pez pequeño y anodino. Has de ser artista o hacer milagros. 

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Este pez globo japonés hace las dos cosas, dibuja círculos en la arena de unos dos metros de diámetro en el fondo marino. Los submarinistas de la zona los llamaban “los círculos misteriosos” porque no sabían cómo se formaban. En 2011 investigadores de la revista científica Nature identificaron una clase de pequeño pez globo de unos 12 centímetros del género Torquigener  muy diferente a sus parientes y que solo ha sido visto al sur de la isla Amami-Oshima en la zona subtropical de Japón.

pez foto

Estos dibujos los hacen solo durante la época del apareamiento. Los realizan moviendo únicamente las aletas. El proceso puede durar más de una semana. Cuando acaban el círculo decoran los montículos con restos de conchas y corales  para que su estética atraiga a la hembra.  Si hay suerte esta se acerca acerca al círculo y se sitúa en el centro, en donde el macho acude a su encuentro con movimientos relampagueantes. Todo pasa en menos de un minuto. La hembra ha de decidir si se va o si deja allí sus huevos y los cuida durante seis días. Poco tiempo después el mar y sus corrientes destruirán el dibujo y el macho volverá a iniciar su ritual en un sitio diferente.

La edición digital de la BBC ha conseguido mostrarnos las imágenes. Son algo más de tres minutos que nos regalan una historia excepcional:

Y así la vida vuelve a empezar una y otra vez. Porque como Rumi decía en su poema “El círculo” : No hay fin para algo redondo.