La armónica de cristal, el instrumento maldito

Cuando en 1758 Benjamin Franklin asistió en Inglaterra al concierto de copas musicales de Edmund Delaval quedó tan fascinado por el sonido que producían las copas llenas de agua que inventó un instrumento que reprodujera esa eufonía. Tomó veintitrés copas con un pequeño agujero en la base y las ensambló en un huso de hierro que iba girando gracias a un pedal colocado a la altura de los pies parecido al de las máquinas de coser.

Así nació la armónica de cristal. Fue un éxito. En 1762 la concertista Marianne Davis y su hermana, cantando como soprano, dieron recitales por toda Europa que maravillaron hasta la familia Mozart haciendo que Leopold adquiriese un instrumento para él.  En 1791, un año antes de su prematura muerte, el mismísimo W. Amadeus Mozart compuso una obra para ese instrumento: Adagio y Rondo en Do Menor, KV 617.

 

Marianne Davies también conoció al médico Anton Mesmer, responsable de la teoría del “magnetismo”, quien se enamoró literalmente del instrumento y lo utilizó para inducir estados de hipnosis en sus pacientes.

La propia reina María Antonieta tocaba la armónica de cristal. Se cree que habían unas 4000  de ellas fabricadas entre 1761 y 1835 que se tocaban sobre todo en los salones de la época.

En París el belga Étienne-Gaspard Robertson, físico, mago  y espiritista, creó un espectáculo con espejos y proyecciones de la llamada “linterna mágica” a la luz de las velas y con el sonido de la armónica de cristal que aterrorizaba al público. Estas representaciones llamadas Fantasmagorías se llegaron  a realizar en sitios emblemáticos como el convento de los Capuchinos.

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Beethoven, Carl Philipp Emmanuel Bach, Saint-Sans, y más tarde Richard Strauss,  también compusieron para la armónica de cristal, apodada “el órgano de los Ángeles” por Paganini.

Su sonido era tan mágico y cristalino que fue usado para tratar la melancolía, los enfermos primero mejoraban, pero al poco tiempo sus síntomas se acentuaban. Empezó a correr el rumor de que producía crisis nerviosas en quien la escuchaba y de que los músicos que la tocaban sufrían cefaleas, desmayos, parálisis, pérdidas de memoria y locura, incluso que algunos enfermaban de cáncer.

No eran supersticiones, era verdad.

En algunas ciudades alemanas llegó a prohibirse y a ser considerada como un instrumento maldito. Hasta que se supo la causa, el cristal de las copas estaba fabricado con grandes dosis de plomo y el contacto con el agua para que sonara hacía que este se absorbiera rápidamente a través de las yemas de los dedos. Producía una enfermedad llamada Saturnismo.

El cristal dejó de hacerse con plomo y el instrumento de modificó, pero su uso disminuyó. Hoy en día se interpreta en la célebre escena de la locura de la ópera Lucía de Lammermoor, y eso ha hecho olvidar  su maldición.

 Pero es un sonido extraño que primero cautiva, relaja, seduce, pero al cabo de un rato de escucharlo algo cambia en quien la oye.  

 

No en vano Goethe dijo que en el sonido de la armónica de cristal se podía oír “el alma del mundo”.

 

13 comentarios

  1. Su sonido es increíble y su historia aún más. Si oyes el último vídeo ya verás como primero te atrapa y después consigue intranquilizarte, quizás porque es un sonido muy agudo, pero no sé.
    Gracias por comentar. Un abrazo.

    Me gusta

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