Los anarquismos de Fernando Pessoa. Un poema y un cuento

Anarquismo

La noche y el caos forman parte de mi.
Me remonto al silencio de las estrellas.
Soy el efecto de una causa del tiempo,
del Universo [quizás lo excedo].
Para encontrarme, debo buscarme entre las flores,
los pájaros, los campos y las ciudades,
en los actos, las palabras y los pensamientos de los hombres,
en la noche del sol y las ruinas olvidadas de mundos hoy desaparecidos.
Cuanto más crezco, menos soy.
Cuando más me encuentro, más me pierdo.
Cuanto más me pruebo, más veo que soy flor
y pájaro y estrella y universo.
Cuanto más me defino, menos límites tengo.
Lo desbordo todo. En el fondo soy lo mismo que Dios.
Mi presencia actual contiene las edades anteriores a la vida,
los tiempos más viejos que la tierra,
los huecos del espacio antes de que el mundo fuera. 

El banquero anarquista

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El banquero anarquista es un cuento de Fernando Pessoa editado por primera vez en el número 1 de la Revista Contemporánea en 1922. Es una de las pocas obras que el autor  pudo ver publicadas en vida. En ella reflexiona sobre la libertad, sobre las iniciativas individuales y lo absurdo que es el fanatismo en política. También cuestiona la falsedad de los grandes remedios en tiempos de crisis. 

La trama es una paradoja: un rico banquero y gran comerciante se proclama sincero y auténtico anarquista.

Empieza así: 

Habíamos concluido de cenar. Frente a mí, el banquero, mi amigo, gran comerciante y acaparador notable, fumaba como quien no piensa. La conversación, que había ido apagándose, yacía muerta entre nosotros. Intenté reanimarla, al azar, sirviéndome de una idea que me pasó por el pensamiento. Me di vuelta hacia él, sonriendo.

-Es verdad: me dijeron hace días que ud. en sus tiempos fue anarquista…

-Fui, no: fui y soy. No cambié con respecto a eso. Soy anarquista.

-¡Ésa sí que es buena! ¡Usted anarquista! ¿En qué es ud. anarquista?… Sólo si ud. le da a la palabra cualquier sentido diferente…

 

A partir de aquí critica con sus razonamientos el mito del igualitarismo y  las posibilidades de emancipación del ciudadano, pero no las del individuo.

Acaba así:

-Mi amigo, yo ya se lo dije, ya se lo demostré, y ahora se lo repito… La diferencia es sólo ésta: ellos son anarquistas sólo teóricos, yo soy teórico y práctico; ellos son anarquistas místicos y yo, científico; ellos son anarquistas que se agachan, yo soy un anarquista que combate y libera… En una palabra: ellos son pseudoanarquistas y yo soy anarquista.

Y nos levantamos de la mesa.

Lisboa, enero de 1922.

La historia se puede leer íntegramente en  Wikisource. 

 

 

 

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