Día: 6 junio, 2018

Andar, escribir, morir. Robert Walser

Robert Walser fue uno de los escritores más importantes en lengua alemana del siglo XX. Nació en Biel (Suiza) en 1878. Tuvo que realizar múltiples empleos para subsistir y poder seguir escribiendo, como secretario, empleado de banca, sirviente, incluso se formó para ejercer de mayordomo.

Publicó quince libros, entre ellos: “Los hermanos Tanner”, “El ayudante”, “El paseo” ” Jakob von Gunten”, que influyeron  en escritores como Robert Musil y Franz Kafka.

Durante su vida fue autor de prosa, de centenares de poemas y escenas dialogadas. Al final escribió pequeñas anotaciones en una mini-escritura a lápiz y casi ilegibles a simple vista que son sus famosos «Microgramas» recopilados en dos tomos en: “Escrito a lápiz” (1924-1933) y publicados después de su muerte.

microgramas

Admiraba lo simple, la naturaleza y sobre todo los largos paseos por las montañas y los bosques.

“cuanta menos acción hay y más pequeño es el entorno que precisa un poeta, tanto mayor suele ser su talento (…) Las cosas cotidianas son lo bastante bellas y ricas como para poder sacar de ellas chispazos poéticos”.

“Esto es libertad (…) algo invernal, algo que no se puede soportar mucho tiempo. Hay que moverse siempre, como lo hacemos ahora, hay que bailar en la libertad. Es fría y hermosa. Pero no te enamores de ella. No haría más que entristecerte, pues solo por breves momentos, y no más, podemos detenernos en las moradas de la libertad”.

Walser en uno de sus paseos

 

En 1929, Walser ingresó en la clínica psiquiátrica de Waldau, en Berna, donde siguió escribiendo. Dejó de hacerlo hacia 1933 al ser llevado a la clínica psiquiátrica de Herisau, contra su voluntad. 

 «Yo aquí no he venido a escribir, sino a volverme loco», solía decir a uno de los amigos que le visitaban.

El 25 de diciembre de 1956, un día después de pasear con Carl Seelig por el camino de Saint Gall, en Suiza, Robert Walser apareció muerto en la nieve.

En su novela “Los hermanos Tanner”(1907)  Walser profetiza su propia muerte y  pone en boca de uno de sus personajes la descripción del difunto joven poeta Sebastian a quien un día hallaron caído sobre la nieve con el rostro cubierto por un sombrero:

“¡Con qué nobleza ha elegido su tumba! Yace en medio de espléndidos abetos cubiertos de nieve. La naturaleza se inclina a contemplar a su muerto, las estrellas cantan dulcemente en torno a su cabeza y las aves nocturnas graznan: es la mejor música para alguien que ya no tiene oído ni sensaciones. Yacer y congelarse bajo unas ramas de abeto, sobre la nieve: ¡qué espléndido reposo! Es lo mejor que pudiste hacer. La gente está siempre dispuesta a hacerles daño a las aves raras como tú, y a burlarse de sus sufrimientos”.

 

 

walser-difunto

 

Robert Walser apareció muerto en la nieve, bajo un sol pálido, dice Seelig, “pálido como una muchacha un poco anémica”.

“Y ahora a seguir paseando. Es divinamente hermoso y bueno, sencillo y antiquísimo, ir a pie”.