El espíritu del ave fénix

“El hombre que se levanta es aún más fuerte que el no ha caído” (Viktor Frankl)
El fénix es un ave fabulosa, semejante a un águila, que según los antiguos era única en su especie, que cada quinientos años perecía quemándose y renacía de sus propias cenizas más fuerte y más hermosa.
Según el mito poseía varios dones extraños como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas, una fuerza sobrenatural, control sobre el fuego y una gran resistencia física. También representaba la delicadeza ya que vivía solo del rocío sin lastimar a ninguna criatura viviente para alimentarse.

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Para Jung era uno de los arquetipos más poderosos porque en su fuego se contenía tanto la creación como la destrucción, la vida y la muerte.

Su leyenda aparece en casi todas las culturas: En China como Feng, en el antiguo Egipto como Benú, en México como Quetzacoal. En la China cuentan que existe un ave que al alcanzar 500 años de vida se inmola, en vísperas de la primavera, en un altar,  siendo ella misma la que enciende el fuego. Al día siguiente, entre las cenizas, aparece una larva que luego se transforma en un pequeño pájaro y todo vuelve a comenzar.

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En nuestra cultura el Fénix es un símbolo alquímico por excelencia. Herodoto ya hablaba de él, Dante lo mencionaba en el canto XXIV de la Divina Comedia, Quevedo compuso un soneto satírico acerca de su leyenda:

Ave del yermo que sola
haces la pájara vida,
a quien, una, libró Dios
de las malas compañías,
que ni habladores te cansan,
ni pesados te visitan,
ni entremetidos te hallan,
ni embestidores te atisban;
tú, a quien ha dado la Aurora
una celda y una ermita,
y sólo saben tu nido
las coplas y las mentiras…

Paul Eluard le dedicó una de sus más bellas poesías en su antología “Últimos poemas de amor”:

“El Ave Fénix”

Soy el último en tu camino
la última primavera y última nieve
la última lucha para no morir.

Y henos aquí más abajo y más arriba que nunca.

De todo hay en nuestra hoguera
Piñas de pino y sarmientos
Y flores más fuertes que el agua

Hay barro y rocío

La llama bajo nuestro pie la llama nos corona
A nuestros pies insectos pájaros hombres
Van a escaparse

Los que vuelan van a posarse.

El cielo está claro la tierra en sombra
Pero el humo sube al cielo
El cielo ha perdido su fuego.

La llama quedó en la tierra.

La llama es el nimbo del corazón
Y todas las ramas de la sangre
Canta nuestro mismo aire

Disipa la niebla de nuestro invierno

Hórrida y nocturna se encendió la pena
Floreció la ceniza en gozo y hermosura
Volvemos la espalda al ocaso

Todo es color de aurora.

 

Hay personas que poseen el espíritu del Ave Fénix. Víktor Frankl fue un neuropsiquiatra austríaco y  el fundador de la logoterapia. Sobrevivió tras permanecer más de tres años en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. A partir de esa experiencia escribió el libro: El hombre en busca de sentido, en donde reconoce que, pese a todo, la vida es digna de ser vivida y que la libertad interior y la dignidad humana son indestructibles.

“Una experiencia traumática siempre es negativa, sin embargo, lo que suceda a partir de ella depende de cada persona”.

 

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11 comentarios

  1. Y además posee una enorme fuerza metafórica. Me ha encantado la última frase, con la que estoy plenamente de acuerdo.
    Es un placer leerte.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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