Día: 15 agosto, 2018

Las carreras de cuadrigas: La tierra, el sol, el zodiaco…

Hace unos días visité la ciudad romana de Tarragona, está en muy buen estado aunque del circo apenas queda nada, pero se puede reconocer la forma que tenía y sus antiguas proporciones por la plaza y la disposición de las calles que lo circundan en la actualidad. El circo no era circular como podría pensarse, era elíptico y en él tenía lugar uno de los espectáculos que más público atraía que era el de las carreras de cuadrigas, seguro que  muchos de nosotros lo recordamos por la película de William Wyler “Ben Hur” y su famosa carrera.

Pero la historia verdadera va mucho más allá porque esas carreras eran una de las tradiciones más antiguas de la cultura romana que ya estaban documentadas  en el siglo  VIII a. C.

El espectáculo consistía en una competición de carros tirados por caballos, generalmente bigas (dos) o cuadrigas (cuatro). La carrera, la forma del edificio y los elementos que lo configuraban tenían una clara simbología religiosa.

La arena donde corrían simbolizaba la tierra; los carros, el sol; las siete vueltas que se daban en torno a la espina (muro interior que dividía longitudinalmente la pista en dos) a los siete días de la semana; los cuatro colores de las escuadras que participaban: el verde, el azul, el rojo y el blanco, a las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno); mientras que los doce carros que participaban en la carrera simbolizaban los doce meses del año y los doce signos del zodíaco.

Era el culto al paso del tiempo, al año agrario. Era el ciclo de la vida y de la muerte.

El circo Máximo de Roma, en la época de Trajano, tenía una capacidad para 125.000 personas, mientras que el de Tarraco estaba entorno a las 25.000.

 

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Los aurigas fueron personajes muy populares que corrían por dinero y prestigio,; los caballos tenían nombre y también eran famosos. Dentro del Circo había tabernas donde se podía comprar comida o bebida así como lugares donde se hacían apuestas.

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Los espectáculos duraban todo el día, eran gratuitos y estaban financiados por ricos personajes que ocupaban cargos públicos en la ciudad o en la provincia.

A los aurigas que morían en la carrera se les homenajeaba erigiendo un monumento funerario en su honor.

Este relieve fue dedicado a Eutyches, auriga tarraconense que murió con 22 años.  La parte superior presenta su imagen sosteniendo una palma de la victoria en la mano izquierda y con el brazo derecho extendido.

La traducción sería  algo así:

Texto genérico, de parte de sus ” dueños”, en prosa:

 Al auriga Eutyches, de 22 años. Flauius Rufinus y Sempronia Diofanis a su siervo que bien lo merecía. Descansan en este sepulcro los restos de un auriga principiante bastante diestro,  sin embargo, en el manejo de las riendas. 

Texto puesto en boca del auriga , en verso:

Yo, que montaba ya sin miedo los carros tirados por cuatro caballos, no obtuve permiso, con todo, para conducir más que los de dos.                                                                                  Los hados, los crueles hados, a los que no es posible oponer resistencia, tuvieron celos de mi juventud. Y , al morir no me fue concedida la gloria del circo, para evitar que me llorara la fiel afición. Abrasaron mis entrañas malignos ardores, que los médicos no lograron vencer.                                                                                                                                                    Te ruego caminante, derrames flores sobre mis cenizas: tal vez tu me aplaudiste mientras vivía.