Día: 17 abril, 2019

“Todo esto da asco. No palabras. Un gesto. No escribiré más”.

Estas fueron las últimas palabras que escribió Cesare Pavese en su diario, el 18 de agosto de 1950, nueve días antes de su suicidio en Turín.

El oficio de escribir es la obra que recopila el diario integro de este gran autor (Belbo 1908-Turín 1950) autor de La playa, El bello verano, traductor de Melville, Joyce, Dickens, poeta y ensayista. En ella reflexiona sobre la literatura y la vida, sobre la historia, el sexo, el arte de escribir, y sobre todo la muerte, una de sus obsesiones. El diario recoge todas sus reflexiones entre 1935 y 1950.

Es un acopio de pensamientos, de aprendizajes, de introspección que se van ordenando según el paso de los días, son como ejercicios de autoconocimiento: 

28 octubre, 1935

“Comienza la poesía cuando un majadero dice del mar «Parece aceite». No es en absoluto una descripción muy exacta de la bonanza, sino el placer de haber descubierto la semejanza, el cosquilleo de una misteriosa relación, la necesidad de gritar a los cuatro vientos que se ha notado”.

3 de diciembre, 1938

“Al leer no buscamos ideas nuevas, sino pensamientos ya pensados por nosotros que adquieren en la página un sello de confirmación. Nos impresionan las palabras ajenas que resuenan en una zona ya nuestra -que ya vivimos- y al hacerla vibrar nos permiten encontrar nuevos motivos dentro de nosotros mismos”.

23 de junio, 1947

“Un discurso electoral tiene la naturaleza de un rito religioso. Se escucha para oír lo que ya se pensaba, para exaltarse en la común fe y confesión”.

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Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada”.

 

 

El último amor de Cesare Pavese fue la actriz norteamericana Constance Dowling, (ex-amante de Elia Kazan). Se conocieron en Roma y fue la musa que inspiró muchas de sus poesías, entre ellas una de las últimas:

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, cara esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

 

Cuando ella rompió la relación, Pavese no pudo soportarlo. El 27 de agosto de 1950, en el hotel Roma de Turin, puso fin a su vida ingiriendo seis sobres de somníferos, de la misma manera en que se suicidaba uno de sus personajes de su obra ” Entre mujeres solas”. 

Dejó una última nota:

“Perdono a todos y a todos pido perdón. ¿De acuerdo? No chismorreen demasiado”.

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