Mes: agosto 2019

Asomarse al pasado. Ver a Monet, Renoir y Degas

El cine no es solo una linterna mágica, a veces es una ventana abierta al pasado que nos permite ver y vivir sucesos acaecidos hace muchos años, estar allí.

Como ver pintar a Claude Monet su jardín de Giverny en 1915

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A Renoir pintando en el estudio de su casa en 1919.

Detrás de él, casi pasa desapercibida  una de sus obras “Promenade”, quizás en ese momento aún inacabada.

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Y a Degas. Verle tan solo unos instantes en la única grabación que se conserva de la  imagen del artista.

Es pasear con él, ver lo que él vio.

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“El cine te hace estar en lugares imposibles.” Alex de la Iglesia.

 

 

 

Si un libro aburre, déjelo. Borges forever

“Si un libro aburre, déjelo. No lo lean porque es famoso. No lo lean porque es moderno. No lo lean porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo. Leer es buscar una felicidad personal, un goce personal. Si no caemos en la tristeza de las bibliografías, de las citas”. Jorge Luis Borges

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Borges para siempre.

Cuentos que fueron verdad. Blancanieves

El 5 de junio de 1725, en la localidad alemana de Lohr, a orillas del río Meno, nació una niña llamada María Sophia Margaretha Catharina von Erthal, era la hija del principe y condestable de Kurmainz en Lohr: Philipp von Erthal y de Maria Eva von Bettendorf.

Blancanieves

La familia vivió feliz en el castillo de Lohr am Maine, rodeado por un espeso bosque y siete colinas, hasta que la madre falleció en 1741. Dos años después el padre se casó con Claudia Elizabeth Maria von Venningen, condesa de Reichenstein, quien priorizó a los hijos habidos en su primer matrimonio ante Sophia dado que su marido estaba siempre ausente.

La niña era muy popular en la población por ser alegre y bondadosa a pesar de que era casi ciega por haber pasado la viruela de muy pequeña. Se decía que siempre que podía estaba acompañada de los niños que trabajaban en las minas cercanas de Bieber,  estos llevaban largos abrigos y gorros de colores para protegerse del frío en las galerías de las minas a las cuales solo tenían acceso las personas de tamaño muy reducido.

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El farmacéutico e historiador Karlheinz Bartels, en 1986, publicó un estudio sobre el cuento de “Blancanieves” relacionándolo con Lohr y con Sophia von Erthal. Las similitudes de la historia van más allá de la ficción porque en el castillo de Lohr había un espejo que hablaba. Era un “espejo parlante”, un juguete acústico que reverberaba el sonido de quien pronunciaba alguna palabra delante suyo.

Ese espejo fue un regalo del principe Philipp von Erthal a su segunda esposa. Tiene 1,60 metros de altura y aún se puede admirar en el museo del Spessart, del castillo de Lohr procede de la fábrica de cristal de la ciudad, fundada en 1698, la cual fue muy famosa por sus manufacturas en vidrio y sus espejos. Estos siempre llevaban un aforismo pintado en el marco. En el del castillo de Sophia aún se puede distinguir, está dentro de los medallones superiores. Se lee “Amour Propre” (Amor propio).

El espejo era de tal calidad que se creía que “siempre decía la verdad”.

La losa de la tumba de Sophia Maria von Erthal se conserva en el museo diocesano de Bamberger, en Baviera, fue encontrada hace unos años en una propiedad privada.

 

 

 

 

Se decía que era un “espejo parlante”,

Sirenas de los cielos aún chorreando estrellas. Pedro Salinas

“La poesía es una aventura hacia lo absoluto”.

Qué paseo de noche

¡Qué paseo de noche
con tu ausencia a mi lado!
Me acompaña el sentir
que no vienes conmigo.
Los espejos, el agua
se creen que voy solo;
se lo creen los ojos.
Sirenas de los cielos
aún chorreando estrellas,
tiernas muchachas lánguidas,
que salen de automóviles,
me llaman. No las oigo.
Aún tengo en el oído
tu voz, cuando me dijo:
“No te vayas”. Y ellas,
tus tres palabras últimas,
van hablando conmigo
sin cesar, me contestan
a lo que preguntó
mi vida el primer día.
Espectros, sombras, sueños,
amores de otra vez,
de mí compadecidos,
quieren venir conmigo,
van a darme la mano.
Pero notan de pronto
que yo llevo estrechada,
cálida, viva, tierna,
la forma de una mano
palpitando en la mía.
La que tú me tendiste
al decir: “No te vayas”.
Se van, se marchan ellos,
los espectros, las sombras,
atónitos de ver
que no me dejan solo.
Y entonces la alta noche,
la oscuridad, el frío,
engañados también,
me vienen a besar.
No pueden; otro beso
se interpone en mis labios.
No se marcha de allí,
no se irá. El que me diste,
mirándome a los ojos
cuando yo me marché,
diciendo: “No te vayas”.

Pedro Salinas, “La voz a ti debida”, Madrid, 1933.

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“La poesía existe o no existe; eso es todo”.