Los que no se fueron

Hay un pueblo bellísimo de la sierra de Francia en Salamanca que está tapizado de retratos de personas. Es Mogarraz.

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Está en el Parque Natural de Las Batuecas y gracias a su aislamiento geográfico ha conservado intacto su encanto de villa medieval a través de los años.

Pero hoy además de por sus características arquitectónicas y paisajisticas es admirado porque en las paredes de sus casas están pintados muchos de sus antiguos habitantes.

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Todo empezó en 2012 con la exposición Retrata 2/388, un proyecto artístico de Florencio Maíllo.

Trescientas ochenta y ocho pinturas sobre chapas metálicas  reutilizadas, con las que antaño sus habitantes protegían las casas de las inclemencias climatológicas; fueron realizadas con la técnica de la encáustica, que consiste en mezclar cera caliente como  aglutinante con los pigmentos cromáticos para así resultar más densa y resistente.

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Florencio usó como referencia cada una de las imágenes que tomó Alejandro Martín en el otoño de 1967 cuando fotografió por encargo, frente a una sábana blanca en la bodega de sus padres, a casi toda la población mayor de edad de Mogarraz  para hacerse el carnet de identidad. El fotógrafo era un aviador del Ejército que años después se convirtió en el primer alcalde de la democracia de la localidad.

La muestra de Florencio Maíllo quiso homenajear a todas aquellas personas que en su mayoría no emigraron de la localidad.

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Cada cuadro de la obra está colocado en donde vivían sus protagonistas cuando fueron fotografiados o en donde residen actualmente. Los que no tenían casa propia o tuvieron que venderla recubren los muros de la iglesia.

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Cuando acabó la exposición el artista regaló los cuadros a los vecinos  pero ninguno de ellos quiso descolgarla de las fachadas de sus casas. Incluso otras personas del pueblo quisieron ser pintadas. Hoy son más de seiscientos retratos los que habitan el pueblo como testigos mudos del presente y del pasado.

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La nostalgia del sol en los terrados,
en el muro color paloma de cemento
—sin embargo tan vívido—y el frío
repentino que casi sobrecoge.
La dulzura, el calor de los labios a solas
en medio de la calle familiar
igual que un gran salón, donde acudieran
multitudes lejanas como seres queridos.
Y sobre todo el vértigo del tiempo,
el gran boquete abriéndose hacia dentro del alma
mientras arriba sobrenadan promesas
que desmayan, lo mismo que si espumas.
Arte Poética (J. Gil de Biedma)

 

3 comentarios

  1. Muchas gracias por el descubrimiento. Me ha resultado muy emocionante.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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  2. Gracias, Alberto. Es una exposición de arte viva y permanente que va creciendo con el tiempo porque ahora todos los vecinos quieren ser pintados en la fachada de sus casas
    Muhas gracias por tus visitas.
    Un abrazo bien fuerte.
    Carme

    Le gusta a 1 persona

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