Mes: febrero 2020

La importancia de la perspectiva. Sergi Cadenas

Parecen dos personas, pero es la imagen de la misma mujer transformada por los años.

Parecen dos cuadros, pero es uno solo que va cambiando según la perspectiva del que lo mira.

Sergi Cadenas (Girona, 1972) es un pintor autodidacta que que empezó su trayectoria artística en el mundo del hierro forjado, en el negocio que su familia regenta desde hace varias generaciones. 

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Sus cuadros al óleo son tridimensionales. Utiliza tiras verticales en donde pinta a cada lado de ellas un personaje que va cambiando según el ángulo por donde se mire.

Es un arte cinético que plantea la idea de dualidad y de relatividad de todo lo que nos rodea.

En sus obras no te siguen los ojos del personaje retratado, tú le sigues a él acompañándole en su transformación vital.

Es un mago que convierte a las niñas en gato.

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Que es capaz de cambiar el sexo y la raza con solo andar unos pasos.

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Así ocurre el milagro.

 

 

«Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad».

Marco Aurelio.

«La vida es curiosa, ¿no crees? A veces, cuando observamos las cosas al cabo de un tiempo o desde una perspectiva un poco diferente, algo que creíamos absurdamente esplendoroso y absoluto, algo por lo que renunciaríamos a todo para conseguirlo, se vuelve sorprendentemente desvaído. Y entonces te preguntas qué demonios veían tus ojos.“

Haruki Murakami.

Henri Rousseau y Jean Jacques Rousseau. Mano a mano

Un paseo con Jean Jacques  (1712-1778), el escritor y filósofo; y con Henri (1844-1910) el pintor. Ambos enamorados de la naturaleza y de la libertad.

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Los flamencos (H. Rousseau)

» Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza». J.J. Jacques Rousseau.

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Para celebrar el bebé (H. Rousseau)

 «La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna». (J.J. Rousseau)

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Vista de Malakoff (H. Rousseau).

Las ciudades son el abismo de la especie humana. (J.J. Rousseau)

Le Charme by Henri Rousseau, 1909

El encanto (Henri Rousseau)

Si quitáis de los corazones el amor a lo bello, quitareis todo el encanto de vivir. ((J.J. Rousseau)

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La selva y el hombre (H. Rousseau)

«El hombre es bueno por naturaleza es la sociedad quien lo corrompe» (J.J. Rousseau)

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Mujer paseando en bosque exótico (H.Rousseau)

«Ser adulto es estar solo». (J.J. Rousseau)

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Niño en las rocas (H. Rousseau)

La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras. (J.J. Rousseau).

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El sueño (H. Rousseau)

«Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad». (J.J. Rousseau).

 

Henri, un pintor, aduanero de oficio, que no vendió su primer cuadro hasta los 62 años. Reproducía paisajes exóticos aunque nunca había viajado y que pintaba como un niño. Se le considera uno de los máximos exponentes  de la pintura Naif.

Jean Jacques, un filósofo, escritor, pedagogo, naturalista que creía en la bondad del ser humano y en la importancia de educar a los niños con naturalidad sin considerarlos pequeños adultos.

Guillaume Apollinaire escribió un poema para el pintor en una servilleta durante una cena:

¿Recuerdas Rosseau, el paisaje azteca,
las selvas donde crecen los bananos y los mangos,
los simios derramando la sangre de las sandías,
y el rubio emperador muerto allá abajo?
J. J. Rousseau decía en «Las confesiones»:
«El andar tiene para mi algo que me anima y aviva mis ideas; cuando estoy quieto apenas puedo discurrir: es preciso que mi cuerpo esté en movimiento para que se mueva mi espíritu. La vida del campo, la sucesión de espectáculos agradables…»

 

La encantadora de serpientes, óleo sobre lienzo, 1907.

Si los dos hubieran coincidido en el tiempo seguro que se habrían entendido muy bien.

 

Antagonía. La novela que se planificó en un rollo de papel higiénico

Luis Goytisolo (Barcelona, 1935) estaba en Carabanchel en 1963, proscrito por ser activista del Partido Comunista, y en régimen de aislamiento. Allí empezó a idear una obra magna de más de mil páginas que es considerada una de las novelas más importantes de la literatura española de los últimos cincuenta años.

Lo único que poseía en su encierro era papel higiénico y un bolígrafo, allí, en la cara satinada de una conocida marca, solo existía una en aquel tiempo, planificó la que sin duda es su mejor obra.

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Una novela sobre la vida, el amor, la muerte, también sobre la creación literaria. Escrita en el marco del franquismo de principio a fin. Empieza en la infancia de Raúl Ferrer y termina con la novela que él escribe. Es la novela de una novela.

Una obra que se diseñó hasta en su menor detalle en las notas que escribió en la cárcel. El mismo explica que lo más importante es la planificación de tal forma que si tarda tres años en escribir una novela, «dos y medio son de preparación y de tomar notas que terminan abultando más que el texto final y unos 6 meses son para redactar».

Antagonía es una tetralogía, y aunque es una unidad,  los cuatro libros permiten una lectura independiente. Se publicaron entre 1963 y 1981, pero en 2012 aparecieron por primera vez en un solo volumen.

No es una obra fácil, por su extensión, su contenido y su riquísimo lenguaje. En Francia fue lectura obligada durante los años 2017 y 2018 para los estudiantes de Lengua española en sustitución del Quijote.

Es impecable. Un verdadero placer plagado de reflexiones que van más allá de la historia que relata. He aquí una muestra:

«Estar enamorado es descorrer uno tras otro los sucesivos velos de la persona amada; y el amor se esfuma cuando comprendemos que los últimos velos no están ya en la persona amada sino en nosotros mismos, que nunca en ella podremos descorrer más que los primeros.

…De ahí que todo amor se acabe o pase más o menos pronto, más o menos tarde, y solo queden los arreglos».

En la sala de espera. Elisabeth Bishop

Es  una de las poesías más relevantes de la literatura norteamericana escrita por Elisabeth Bishop ( 1911-1979).

Una niña acompaña a su tía Consuelo al dentista. Mientras la espera, en la sala del consultorio lee una revista del National Geographic. Sorprendida por las imágenes y las historias de caníbales, mujeres africanas desnudas y volcanes, se descubre a si misma.

Es la historia de la perdida de la inocencia de una niña de casi siete años. Es la revelación de lo que inexorablemente va a sucederle, convertirse en uno de esos adultos grises y tontos que están sentados junto a ella y que no se atreve ni a mirar a los ojos, lo que va a ser su lugar en el mundo, y en el parecido con su propia tía a la que desprecia. El descubrimiento de su identidad de mujer.

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EN LA SALA DE ESPERA

En Worcester, Massachusetts,
fui a acompañar a tía Consuelo
a una cita con el dentista
y me senté a esperarla
en la sala de espera.
Era invierno. Oscurecía
temprano. La sala de espera
estaba llena de adultos,
zapatones de goma y abrigos,
lámparas y revistas.
Mi tía estuvo lo que me pareció
un largo rato adentro
y mientras esperaba leí
el National Geographic
(ya sabía leer) y examiné
en detalle las fotografias:
el interior de un volcán,
negro y lleno de cenizas;
luego aparecía vomitando
riachuelos de fuego.
Osa y Martin Johnson
vestidos con pantalones de montar,
botines y cascos protectores.
Un hombre muerto colgando de un poste
—«Carne para caníbales», leía la inscripción.
Bebés con las cabezas afiladas,
enrolladas en espiral con cordón;
negras desnudas con los cuellos
enrollados en espiral con alambre
como los cuellos de las bombillas eléctricas.
Sus senos eran horribles.
Lo leí todo sin ninguna pausa.
Era demasiado tímida para detenerme.
Luego miré la portada:
los márgenes amarillos, la fecha.

De repente, de adentro
surgió un ¡ah! de dolor
—la voz de tía Consuelo—
ni muy escandaloso ni muy prolongado.
No me sorprendió en lo absoluto;
para entonces ya sabía que ella era
una mujer tímida y tonta.
Podía haberme sentido avergonzada,
pero no lo estaba. Lo que me tomó
enteramente por sorpresa
fue que resulté ser yo:
mi voz, en mi boca.
Sin darme cuenta
yo era mi tonta tía.
Caía —ambas— caíamos y seguíamos cayendo,
con nuestros ojos fijos en la portada
del National Geographic,
febrero de 1918.
Me dije: dentro de tres días
vas a tener siete años.
Lo decía para detener
la sensación de estar cayéndome
del mundo redondo que seguía girando,
hacia el frío espacio negri-azul.
Pero sentí: tú eres un yo,
eres una Elizabeth,
eres una de ellas.
¿Por qué también tú debes serlo?
Apenas me atrevía a mirar
para averiguar qué es lo que yo era.
Miré de reojo
—no podía mirar de frente—
las sombreadas rodillas grises,
los pantalones, las faldas y las botas
y los diferentes pares de manos
reposando bajo las lámparas.
Sabía que nada tan raro
había sucedido antes, que nada
más raro podría suceder jamás.
¿Por qué debía ser yo mi tía,
o yo misma, o cualquier otra persona?
¿Qué semejanzas—
botas, manos, la voz de nuestra familia
que sentía en mi garganta, o incluso
el National Geographic
y esos terribles senos colgando—
nos mantenían unidas
o hacían de todas una sola?
Cuán —no sabía ninguna palabra
que pudiera describirlo— «improbable»…
¿Cómo había llegado yo aquí,
igual que ellas, y oído por casualidad
un quejido que pudo tornarse
grito pero que no lo fue?

La sala de espera era calurosa
y estaba bien iluminada y se desvanecía
bajo una gigantesca ola negra,
otra ola y otra ola más.

Entonces volví a sentirme otra vez en ésta.
La Guerra continuaba. Fuera de la sala,
en Worcester, Massachusetts,
la noche estaba ahí y la nieve derretida y el frío,
y aún era el cinco
de febrero de 1918.

 

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En el ejemplar de febrero de 1918 sí que había un reportaje sobre volcanes, pero ninguno sobre los otros temas de los que habla. Al preguntarle a la escritora sobre ello comentó sin darle importancia: «Estarían en el número siguiente» . No estaban.

Sin duda lo fundamental para Bishop fue esa entrada en la edad de la razón y de la conciencia, en los siete años, la edad de empezar a acercarte a lo que eres.

Elisabeth Bishop obtuvo el Premio Pulitzer de poesía en 1956. Vivió y escribió gran parte de su obra en Brasil junto a la que durante años fue su pareja, la arquitecta Lota de Macedo Soares. Nunca fue una mujer convencional.