Mes: marzo 2020

Cartas desde mi celda

Cualquier confinamiento aunque sea en el más hermoso de los paraísos propicia la reflexión. Gustavo Adolfo Bécquer se recluyó en el monasterio de Veruela junto a su hermano Valeriano  para intentar curar su tuberculosis. Su primera estancia fue durante el invierno de 1864 y hasta la primavera de 1865.

 

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Ambos hermanos pintaban y dibujaban, su padre había sido un reconocido pintor, pero Gustavo Adolfo ante todo era ya escritor y poeta. Su primera estancia en Veruela (Alcalá de Moncayo) fue desde el invierno de 1864  hasta gran parte de la primavera siguiente.

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Gustavo Adolfo dibujado por Valeriano en Veruela (1864)

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“Concierto de espectros” Gustavo Adolfo (1860)

Allí escribió nueve cartas (en realidad la última fue escrita en Madrid)  que fueron siendo publicadas periódicamente por el diario madrileño “El Contemporáneo” y que luego se convertirían en el libro “Cartas desde mi celda”.

https://es.wikisource.org/wiki/Cartas_desde_mi_celda  (texto completo).

Son crónicas del día a día, de las costumbres de aquellos pueblos, con descripciones preciosistas de todo cuanto le rodeaba. Hay cartas escritas  a modo de leyenda:  la sexta habla de la ejecución de una hechicera “La tía Casca”, la siete y la ocho son cuentos de brujas y de brujerías, y la novena habla del monasterio de Veruela. 

En todas hay un elogio a la vida y a la naturaleza, pero de una manera u otra en todas está presente la muerte.

En la tercera carta habla de su propio entierro, tenía 28 años cuando la escribió, moriría seis años después:

… ¡Vivir!… Seguramente que deseo vivir, porque la vida, tomándola tal como es, sin exageraciones ni engaños, no es tan mala como dicen algunos; pero vivir oscuro y dichoso en cuanto es posible, sin deseos, sin inquietudes, sin ambiciones, con esa felicidad de la planta que tiene a la mañana su gota de rocío y su rayo de sol; después un poco de tierra echada con respeto y que no apisonen y pateen los que sepultan por oficio; un poco de tierra blanda y floja que no ahogue ni oprima; cuatro ortigas, un cardo silvestre y alguna hierba que me cubra con su manto de raíces, y por último, un tapial que sirva para que no aren en aquel sitio, ni revuelvan los huesos.

He aquí hoy por hoy todo lo que ambiciono. Ser un comparsa en la inmensa comedia de la humanidad; y concluido mi papel de hacer bulto, meterme entre bastidores, sin que me silben ni me aplaudan, sin que nadie se aperciba siquiera de mi salida.

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El copo y la Rueca (1855) Gustavo A. Bécquer

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Bizarrías (1855) Gustavo A. Bécquer

Sin duda la muerte estuvo presente en casi todos los momentos de su vida, pero lo fue de una manera irónica muy al estilo postromántico, gracias a ello y al aislamiento al que a veces tuvo que someterse pudo escribir lo que escribió. Tal como él dijo: 

 

“La soledad es el imperio de la conciencia”

 

 

 

Volar dentro del agua. Clione Limacina

Aunque pertenece al género de las babosas a la Clione Limacina se le llama Ángel del mar. Su tamaño es de unos pocos centímetros y habita en las aguas gélidas del Océano Ártico alimentándose de diminutos caracoles marinos ,

Su forma transparente permite ver sus colores internos amarillo y rosa. Tiene tentáculos y dos pequeñas alas que le permiten desplazarse como si volara dentro del agua.

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Cuando dos ángeles del mar se encuentran para aparearse nadan el uno junto al otro realizando un baile de cortejo en donde extienden sus alas, luego sacan sus órganos reproductores y se adhieren al cuerpo de su pareja durante más de cuatro horas. Esta unión es tan fuerte que deja cicatrices en sus cuerpos.

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Mientras nadan juntos con sus cuatro alas, pueden comer e incluso capturar presas. Para separarse tienen que moverse en espiral.

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Son seres hermafroditas, a la vez masculinos y femeninos. Empiezan siendo machos y desarrollan órganos femeninos cuando llegan a la edad adulta.

No solo son hermosos. Son pura poesía.

El Ángel Ángel
Y el mar fue y le dio un nombre
y un apellido el viento
y las nubes un cuerpo
y un alma el fuego.La tierra, nada.

Ese reino movible,
colgado de las águilas,
no la conoce.

Nunca escribió su sombra
la figura de un hombre.

( Rafael Alberti. Sobre los ángeles, 1928)

Orgasmos cerebrales

También se llaman ASMR  Autonomous Sensory Meridian Response, «Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma». Es una sensación en la piel, como de hormigueo, que normalmente empieza en el cuero cabelludo y va recorriendo la parte posterior del cuello y la columna vertebral. Produce una ligera sensación de euforia y relajación, normalmente se desencadena por estímulos ​auditivos con determinados tipos de voces en tono bajo y con susurros. A veces también con estímulos visuales como el observar gente manipulando objetos suavemente.

La ciencia lo compara con el efecto euforizante y placentero de los primates cuando se asean o de despiojan unos a otros que no solo sirve para estar limpios sino para establecer lazos afectivos entre ellos y aumentar el instinto de supervivencia.

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Como cuando alguien te cepilla el pelo o te hace trenzas

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Es una sensación que tienen muchas personas, pero que quizás no han comentado nunca con los demás por ser algo que se considera trivial o intimo, aunque no todo el mundo puede experimentarlo.

En una serie de televisión americana sobre el arte “The joy of painting· presentada por el pintor Bob Ross, se observo que inesperadamente provocaba esos efectos en los oyentes de una manera totalmente no intencionada.

Es un vídeo interesante, también por ver cómo realiza la obra pictórica el artista. Por su supuesto no a todo el mundo le provoca ASMR, depende de las sensibilidad de cada uno. 

También se produce al oír algunos sonidos cotidianos. Hay personas que se dedican a realizar vídeos que duran horas para provocar ASMR. Casi todos empiezan con una voz, masculina o femenina susurrante que a veces lo hace parecer poco serio, pero en las personas que pueden experimentarlo ayuda a reducir la ansiedad o a mejorar el insomnio.

No es algo nuevo. En la literatura también hay ejemplos de ello.

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En la novela de Virginia Wolf “La señora Dalloway” hay una descripción que podría compararse al efecto ASMR cuando una enfermera habla a su paciente: «…profundamente, suavemente, como un órgano suave, pero con una voz áspera como la de un saltamontes, que raspaba deliciosamente su columna vertebral y la enviaba corriendo hacia las ondas sonoras de su cerebro».

Sin duda es una buena definición de ese estímulo sonoro, de esa sensación placentera  que puede compararse a un orgasmo sentido en el cerebro.