Mes: julio 2021

En tu abrazo yo abrazo lo que existe

Un día el pintor Juan Genovés ( Valencia, 1930- Madrid 2020) estaba trabajando en su estudio y se le ocurrió bajar un rato a la calle, vivía al lado de una escuela y a veces se paraba delante para observar como jugaban los niños en el patio. Vio como salían entre gritos, alborotados. Se abrazaban. No supo el porqué de aquella manifestación, de aquella alegría y necesidad de unión, en realidad no importaba.

Ese fue el principio de su obra «El abrazo» (1976) y en aquel momento histórico, en el que el país empezaba a salir de la dictadura, significó la necesidad de reconciliación de las dos Españas, de los opuestos.

El cuadro se convirtió en un símbolo, incluso se hicieron carteles con su imagen para pedir la amnistía de los presos políticos. Uno de esos carteles colgaba en la pared del gabinete de abogados sindicalistas el día de la matanza de Atocha.

Juan Gironés realizó una escultura para recordar a los abogados asesinados la noche del 24 de enero de 1977. Desde 2003 se puede ver en la plaza Antón Martín de Madrid. El cuadro original está en el Congreso de los Diputados para recordar lo que nunca ha de volver a pasar.

Dicen que para un abrazo son necesarias dos personas, pero quizás no siempre, a veces abriendo los brazos puedes llegar a abrazar el sol y recibir su calor. Sí, como la persona de la derecha del cuadro que se entrega a la nada, a todo lo que está por venir.

Extr. Soneto VIII de Pablo Neruda.

...En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
y todo vive para que yo viva:
sin ir tan lejos puedo verlo todo:
veo en tu vida todo lo viviente.

Picasso (1900)


El vuelo de Tórtola

«Inteligente, cultivada, esnob, ególatra y libre». Así definió Pilar Queralt a la bailarina Carmen Tórtola Valencia en su libro «Tórtola Valencia».

Carmen Tórtola Valencia (Sevilla, 1882-Barcelona, 1955) fue una de las bailarinas españolas más conocidas de todos los tiempos. A su vez fue su propia coreógrafa, figurinista y escenógrafa. Actriz, pintora y escritora. Su persona siempre estuvo envuelta por un halo de misterio, se decía que era una hija bastarda de la familia real o que su padre había sido un grande de España o un noble inglés que la dio en adopción.

Emigró a Londres con su familia verdadera a la edad de tres años, para volver a España mucho tiempo después y luego ir a Oaxaca ( México) en donde murieron sus padres. Su primera aparición pública como bailarina fue en 1908 en el Gaiety Theatre de Londres.

Hablaba cinco idiomas: inglés, francés, alemán, italiano y español. Entre sus pretendientes figuraban: Gabriele D’Annunzio, El principe de Gales, Alfonso XIII. La retrataron pintores como Zuloaga (1912) y Rafael Penagos (1915).

By Rafael de Penagos, Tortola Valencia. | Art deco illustration, Vintage  poster art, Dance poster
Rafael Penagos, 1915

Enrique Granados compuso para ella «La Gitana». Rubén Darío, Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Pio Baroja, entre otros, escribieron artículos y poesías elogiándola:

Iba, en un paso rítmico y felino

a avances dulces, ágiles o rudos,

con algo de animal y de divino

la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,

en sus pechos había dos escudos…

Constelada de casos y de cosas…

La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos

hacia la perla hundida del ombligo,

e iniciaban propósitos obscenos

azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria

estaban mis bufones y mis mudos…

¡Y era toda Selene y Anactoria

la bailarina de los pies desnudos!

Rubén Darío

Tiene al andar la gracia del felino,
es toda llena de profundos ecos,
enlabia con moriscos embelecos
su boca obscura cuentos de aladino.

Los ojos negros, cálidos, astutos,
triste de ciencia antigua la sonrisa,
y la falda de flores una brisa
de índicos y sagrados institutos.

Cortó su mano en un jardín de oriente
la manzana del árbol prohibido,
y enroscada a sus senos, la serpiente
decora la lujuria de un sentido
sagrado. En la tiniebla transparente
de sus ojos, la luz es un silbido.

Ramón María del Valle-Inclán.

Tus manos son cual dos palomas blancas
de tu hermosura en el radiante cielo
porque el poder de tus miradas francas
las detuvo en su vuelo.
Senderos son de gloria
tus dos brazos
y son tus manos
mágicas y bellas,
de esas dos cintas de sutiles lazos
dos broches de estrellas.
Son terribles, sagradas y piadosas:
con tus uñas clavadas en mi cuello
moriría, creyendo que dos rosas
con sus espinas fieras y celosas
señalaban mi muerte con el sello
de las muertes gloriosas.

Pio Baroja

Eleanora Duse dijo de ella, en 1928:

«Como bailarina, una diosa, como mujer, una rival invencible».

Todo eso forma parte de su leyenda y de su vida, también su famosa imagen en la publicidad de los jabones «Maja» de Myrurgia.

Pero lo que de verdad cuenta es el gran poder que tenía su danza. Era pasión, sentimiento desnudo. Tórtola se especializó en danzas orientales y africanas para las que se documentaba exhaustivamente y por las que viajó por todo el mundo. En una de sus creaciones «La danza del incienso» con música de Bucalossi se decía que el movimiento se su cuerpo se volvía llama y humo.

Así definía Tórtola su pasión en 1915, en un artículo «Mis danzas»:

» Nunca debiera encerrarse la danza en los estrechos límites de un tema precioso y definido. Hay un estilo que puede llamarse natural, ya que no es producto ni de la ciencia ni de la reflexión, sino de la inspiración que brota desafiando todas las reglas, todos los convencionalismos»

Solo se conservan unos pocos minutos del registro de una de sus actuaciones:

Tórtola dejó la danza y el cine en 1930, cuando empezaban las películas sonoras. Dijo que se retiraba para tener una vida más tranquila y cuidar a su protegida, Ángeles Vila-Magret, catorce años menor y que fue su pareja sentimental hasta su muerte. En 1942 durante la represión franquista la adoptó como hija legándole todos sus bienes.

Al final de su vida se acercó al budismo, fue vegetariana y morfinómana, pero ante todo Tórtola Valencia fue una mujer libre, apasionada y misteriosa.

Murió en 1955 a los 73 años de una insuficiencia cardíaca en su casa de Sarrià en Barcelona. Sus últimas palabras las dejó escritas en un sobre:

» La patata cuando empieza a echar el tallo produce una intoxicación que se llama SOLANISMO».

Nadie ha podido nunca desentrañar su misterio.

40 años y un día

Parece el título de una condena, pero no lo es. Es el cómputo del espacio temporal por el que ha transcurrido mi vida profesional. Hoy (y un día) le digo adiós sin pena, con la sensación de trabajo bien hecho, acompañada de muchas demostraciones de aprecio y reconocimiento por parte de las personas a las que he atendido.

Pero nadie lo entiende, ¿Por qué? Eres muy joven todavía. ¿Qué harás?…

Yo también me lo pregunto, pero sé que es el momento. Me siento agua, y el agua ha de correr, cuando se estanca pierde su esencia tarde o temprano. Me he pasado la vida cuidando a los demás, tratando sus enfermedades, oyendo sus problemas, ligada a ellos por lazos de afecto y responsabilidad. Ahora toca volar, flotar, aprovechar las corrientes aéreas o marinas para ver a donde me llevan, para ver a donde van.

Montaje en la exposición ESCHER en la sala de las Drassanes de Barcelona

Las posibilidades son infinitas, aunque no lo parezcan, como en el efecto Droste, aquel bote de cacao con una enfermera que ofrece chocolate en una bandeja que a su vez contiene la misma imagen más pequeña y así una y otra vez hasta el infinito. M. Escher lo aplicó muchas veces en su obra. Aunque no se vea todo el universo está allí.

Será ver el mundo con otros ojos, será estar dentro de él. No tengo una bola de cristal para ver el futuro y saber si irá bien o no. O quizás sí.

Sí, sí la tengo. Irá bien.