Escultura

LAS MANOS Y LA MUERTE. En un cementerio de Brujas con M. Hernández, P. Salinas, P. Neruda y W. Shakespeare

Siempre que visito una ciudad me gusta conocer su cementerio y ver en donde reposan los que vivieron allí. Es una buena forma de entrar en lo oculto, en el espíritu  de ese pueblo.

Brujas es una ciudad de cuento de hadas, sus calles de trazado medieval, sus parques y  canales te transportan a un mundo de pintores, navegantes,  a otro siglo adornado con tapices y puntillas y que huele a especies de las indias. Pero yo me enamoré de su cementerio, de unas manos perdidas entre los muertos. 

 

Las manos

Dos especies de manos se enfrentan en la vida,

brotan del corazón, irrumpen por los brazos,

saltan, y desembocan sobre la luz herida

a golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,

y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.

Alzad, moved las manos en un gran oleaje,

hombres de mi simiente.

 

M. Hernández

 

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La memoria en las manos

Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido

…..

Entre unas manos ciegas
que no pueden saber. Cuya fe única
está en ser buenas, en hacer caricias
sin casarse, por ver si así se ganan
cuando ya la cabeza amada vuelva
a vivir otra vez sobre sus hombros,
y parezca que nada les queda entre las palmas,
el triunfo de no estar nunca vacías.

Pedro Salinas

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Solo la muerte

 

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

P. Neruda

 

 

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Cuando haya muerto, llórame tan solo

Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campana triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,
ni siquiera mi pobre nombre digas
y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.

William Shakespeare.

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Perséfone y el mito de la primavera

En el principio cuando diosas y dioses habitaban el mundo Démeter era la encargada de proteger a la tierra y de hacer que germinaran frutos y cereales en ella.                           

Su vida transcurría feliz junto a Zeus, su esposo, y su hija Perséfone a la que le encantaba recoger flores en los bosques junto a las ninfas.

Pero una mañana el dios Hades, que era hermano de Zeus y el rey del inframundo, subió a la tierra y vio a la doncella. No pudo resistirse a su belleza y a su alegría, la subió a su carro, abrió de nuevo la tierra y se la llevó con él al reino de los muertos para hacerla su esposa y su diosa. Aquel día el mundo cambió.

 

Démeter la buscó sin descanso desatendiendo sus obligaciones, el cielo se tornó plomizo, cayeron las hojas de los árboles, dejaron de brotar flores y frutos, se secaron las cosechas  y los ríos se helaron.

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Zeus al ver la desesperación de su esposa y en lo que se había convertido el mundo, fue a hablar con su hermano  para que liberara a su hija. Pero Hades no quería hacerlo porque la amaba con locura, además Perséfone había comido seis granos de granada en el inframundo y nunca vuelve nadie a la vida cuando ha osado comer junto a los muertos.

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Fue tanta la tristeza y la desesperación de la muchacha que Hades conmovido propuso un trato. Perséfone podría retornar al mundo de los vivos, pero volvería al Averno seis meses al año, uno por cada grano de granada que había comido.

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Démeter se alegró tanto al ver a su hija que hizo reverdecer los campos, brotar las flores y crecer el trigo para que comieran los pájaros. 

Así nació la primavera.

 

La puerta del infierno de Rodin

En 1880 el Estado francés encargó a August Rodin una puerta monumental en bronce con bajo-relieves que representaran la Divina Comedia de Dante Alighieri.

Rodin trabajó durante muchos años en ella (1880 – 1917) creando cientos de  figuras y grupos escultóricos en donde se representaban todas las pasiones y estados de ánimo del espíritu humano. También colaboró en la obra la escultora francesa Camille Claudel.

Él no intentó seguir el texto de la Divina Comedia, se dejó influir por la obra de Charles Baudelaire “Las flores del mal”, cuya primera edición ilustró entre 1887 y 1888.

Nunca vio terminada su obra. Después de su muerte en 1917  se fundió en bronce a partir de sus modelos en yeso. Se hicieron ocho puertas que ahora se encuentran en museos de Francia, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y México.

Muchas de sus obras más destacadas como: El Pensador, El beso, Ugolino, o Las tres sombras surgieron de ese proyecto.

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Este mes de enero acaba en la Fundación Mapfre de Barcelona una exposición sobre la creación de la puerta del infierno a la que he podido asistir.  La fuerza de las esculturas previamente hechas en escayola es sobrecogedora.

Hay una que no es de las más conocidas, pero que expresa a la perfección su título: Amor Fugit (1886)

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Un hombre y una mujer están abrazados por la espalda encima de una roca. Él, en una postura forzada, casi imposible, se esfuerza por retenerla. No puede, ella se le escapa como si fuera llevada por el viento, por algo que es incapaz de controlar.

Es una paradoja porque a su vez él queda unido a ella, pegado a su espalda, para siempre. Da qué pensar.

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Equilibrios

Paz  es el equilibrio perfecto en un mundo lleno de piedras blancas y negras.

Paz es El arma anudada que se expone frente al edificio de Las Naciones Unidas en New York como tributo a John Lennon.

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Paz es el Monumento a los niños en un parque de Hirosima. En recuerdo de Sadako Sasaki muerta de leucemia.

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Paz es una sirena guiada por un delfín en Baja California.

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Paz es Gloria Fuertes:

 “Si todos los políticos
se hicieran pacifistas
vendría la paz.”
“Que no vuelva a haber otra guerra,
pero si la hubiera,
¡Que todos los soldados
se declaren en huelga”.
“La libertad no es tener un buen amo,
sino no tener ninguno.”
“Mi partido es la Paz.
Yo soy su líder.
No pido votos,
pìdo botas para los descalzos
-que todavía hay muchos-“

Paz es Rafael Alberti:

“¡Paz, paz, paz! Paz luminosa.
Una vida de armonía
sobre una tierra dichosa.”
“Paz sin fin, paz verdadera.
Paz que al alba se levante
y a la noche no se muera.”

Paz es:

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BOMARZO. El pueblo, el jardín y el libro

Bomarzo es un pueblo del Lazio italiano con pasado etrusco, romano y medieval en donde la familia Orsini tenía una de sus residencias principales. En 1552 el Duque Vicino Orsini, reconstruyó el castillo haciéndolo inexpugnable y ampliándolo hasta incluir alguna de las casas del pueblo en él. Encargó a Pirro Ligorno (que después de la muerte de Miguel Ángel trabajaría en San Pedro de Roma) la creación de un jardín con colosales esculturas de piedra (casi cuarenta) llenas de símbolos y de enigmas. Hoy es un pueblo con numerosas casas en venta que vive de los recuerdos del pasado y sobre todo de los visitantes del jardín de los monstruos o Bosque Sacro. En el castillo hay un museo y se pueden visitar las estancias de la familia Orsini.

A veces en el arco de una de las puertas del castillo, en la fachada principal, se puede ver ropa tendida al sol, y es que alguno de los habitantes del pueblo sigue viviendo en él.

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Bomarzo tiene un jardín de diez hectáreas poblado por monstruos pétreos, un bosque que al principio se llamó sacro, no por ser sagrado sino por ser maravilloso y que al caer en el abandono pasó a ser conocido por “El jardín de los monstruos”. Se dice que  Vicino Orsini lo hizo construir  tras la muerte de su esposa Julia Farnese como homenaje póstumo. En él se exalta la vida en oposión con la muerte a través de dos mitos inseparables: Marte/ Hércules y Ceres/Proserpina. A la entrada una inscripción en un monolito dice así: “Solo para que el corazón se desahogue”. 

Estas son algunas de las esculturas:

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Una sirena con dos colas, un ogro en el que se puede vivir dentro…

Elefantes, duendes, gigantes…

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Y una casa en donde se entra por una puerta aparentemente normal, pero que está inclinada, lo cual hace que sea imposible descansar y vivir. Una inscripción nos la presenta como : “El reposo de nuestra alma racional”

Bomarzo es un libro de Manuel Mujica Lainez

Lo leí a los dieciséis años de un tirón, casi sin respirar. Me sedujo desde la primera palabra llevándome de la mano por la Edad Media, el Renacimiento, la coronación de Carlos V en Bolonia, la batalla de Lepanto…

Relata la vida de Vicino Orsini, personaje atormentado y cruel, pero a la vez culto y refinado que fue el segundo hijo de Corrado Orsini; al nacer contrahecho y deforme fue rechazado por su padre, pero por obra del destino llegó a ser el duque de Bomarzo.  Gracias a la magnífica prosa de Mujica Lainez pude saborear los manjares que ellos comían, oler la fragancia del bosque, los hedores de la muerte, admirar y tocar la suavidad de la seda, los brocados… En una palabra: pude estar allí. A la vez es una novela crítica con la política, con la religión, con la intolerancia.

Era tal el buen recuerdo que al programar un viaje a Viterbo pensé visitar el jardín de Bomarzo y me propuse volverlo a leer. Me llevé una sorpresa. Cuando empecé me costó avanzar, entender una prosa tan rica y tan llena de descripciones preciosistas. Me cansaba. ¿Cómo podía ser? ¿Por qué antes, mucho más joven,  me había encantado?   Me forcé a seguir a pesar del esfuerzo, de la extensión del libro y del poco tiempo del que disponía. Al final entendí el porqué. Las obras que leemos ahora, los planteamientos argumentales, la velocidad de la prosa, la falta de detalles, lo que se sobreentiende, los finales poco explícitos; hacen que leer sea diferente, que cueste pasar por una puerta más estrecha.

Sí, al final he entrado. He recuperado la capacidad de encantamiento de mis dieciséis años y le doy gracias a Bomarzo, al pueblo, al jardín y al libro por llevarme allí.

Voy por la mitad, lo estoy leyendo poco a poco para que me dure más. Ha vuelto a pasar, como dice la cita de Dante que está grabada en la boca del Ogro.“Cada pensamiento vuela”.

 

 

ogro

boca

 

 

 

EL VELO DE MÁRMOL

Pocas obras escultóricas superan en técnica y en belleza a “La Virgen del velo”. El efecto de transparencia, de suavidad  del velo casi le confiere movimiento, parece que respire a través de él. Fue esculpida  por Giovanni Strazza (1818-1875) en mármol de Carrara, uno de los elementos más duros de la tierra. Para trabajarlo se ha de ir vaciando la piedra con mucho cuidado, pero a la vez con fuerza, para no dañarla. Así es cómo define la creación escultórica Miguel Ángel Buonarotti:

« En cada bloque de mármol veo una estatua tan clara como si se pusiera delante de mí, en forma y acabado de actitud y acción. Sólo tengo que labrar fuera de las paredes rugosas que aprisionan la aparición preciosa para revelar a los otros ojos como los veo con los míos. »

Es liberar a la piedra de lo innecesario para que emerja lo esencial.

Pero a esta Madonna, que debía representar a Italia como Britania a Inglaterra o Hibernia a Irlanda, Strazza le conservó el velo que, como ella, también se ocultaba en la piedra. Y eso no sólo la liberó del mármol sino que la hizo brillar, la hizo eterna  a través de él.

“No levantes el velo pintado que los vivos llaman vida”… Así empieza la poesía de Percy Shelley “El velo pintado”. En ella se inspiró W. Somerset para escribir la novela del mismo nombre del cual se han hecho dos películas una de Richard Boleslawski en 1934  y  otra de  John Curran en 2006.

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EL VELO PINTADO

 

No levantes el velo pintado que los vivos
llaman vida, aunque formas irreales represente,
imagen engañosa de aquello en que creemos,
con colores dispersos. Detrás acechan miedo
y esperanza, destinos gemelos que entretejen
sus sombras en la sima sombría y encubierta.
A un hombre conocí de corazón sensible
que levantó ese velo buscando algo que amar,
pero no encontró nada, ni tampoco las cosas
que contiene este mundo podían agradarle.
Ignorado vivía; era luz en las sombras,
una mancha brillante en esta escena turbia,
un alma que luchaba por la verdad y nunca,
como el Predicador, la pudo hallar en nada.

                           P. Shelley

El verdadero protagonista de todas esas maravillosas obras es “el velo”. En la escultura de Strazza representa  la castidad, la modestia, el duelo. En la poesía, Shelley , lo compara con la vida y advierte que tras él muchas veces no se esconde amor sino sólo miedo y oscuridad. En el libro de W.Somerset, que toma el título del poema, representa lo que oculta la verdadera naturaleza de los humanos y cómo a veces aunque caminan juntos nunca se acaban de conocer ni llegan a imaginar de lo que son capaces: “A veces el viaje más largo es la distancia entre dos personas”.

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 Todos son velos que a pesar de ser tenues, traslúcidos, sutiles, pesan.

 

 

LA MONTAÑA DE MAILLOL

La veo al entrar. Ocupa el centro del Hall del Museo de Ceret. Es una mujer. Está desnuda, pero no transmite erotismo sino fuerza. Es la tierra. Es eterna como las montañas.

La rodeo, la miro desde todos los ángulos posibles, descubro que tiene grabados graffitis en los brazos y en las piernas, las marcas que deja la vida en la calle, aunque sea en las Tullerias de París, que es en donde vive. Sí, son cosas normales, a las montañas de piedra también les pasa.

Ella es de bronce, reposa en una base trapezoidal. Emerge de ella. Una de sus piernas aún está atrapada, no se quiere desprender del centro de la tierra a la que pertenece. Su mano derecha señala ese vínculo y la sustenta en el exterior, aguanta el peso de su torso, de sus pechos fecundos y hermosos permitiendo un apoyo relajado casi innecesario  a la otra pierna, la que mira al futuro, la que casi es rozada por un codo tímido que al final opta por conducir displicente  su antebrazo y  su mano hacia la cabeza. Ésta, divertida, enseña cuatro dedos escondiendo el pulgar, formando una cresta, confundiéndose con su pelo al viento que como pasa siempre en las montañas sopla muy fuerte en la cima.

Deseo tocarla, deslizar las yemas de los dedos por su contorno pulido y fino. No lo hago, si estuviera en la calle sí, pero no en un museo, no me atrevo, quizás por respeto, no sé. Me separo un poco de ella y resigo sus formas en el aire con un dedo, una vez, otra, y otra.

La gente me mira, no entienden por qué dibujo emes en el cielo. No me importa, yo sigo: Maillol. Mundo. Mujer. Madre. Montaña…

 

Petit Piton (iaq) y Gros Piton (der)

ROCAVIVA. DOS MANERAS DE VER EL MUNDO

En una montaña de la Cerdanya de Girona se encuentra un paraje de lo más singular: Rocaviva. El camino que lleva a él parte del pueblo de Músser y no es fácil localizarlo porque las indicaciones no abundan.

         Un sendero laberíntico atraviesa el bosque, entre encinas y matorrales, y conduce a una loma desde donde se divisan las montañas del Cadí. El encave en sí es extraordinario, pero lo más espectacular es ir encontrando durante el camino rocas graníticas grabadas, más de seiscientas. Algunas con caras humanas, muchas con formas a modo de petroglifos, con símbolos cabalísticos, masónicos, budistas… Todas las esculturas respetan la forma natural de la piedra, se adaptan a ella sin violentarla, es difícil descubrirlas en su totalidad, porque muchas se confunden con el suelo, incluso con los árboles. Un artista local se dedicó a ir grabando en ellas su mensaje gráfico durante más de veintiséis años.

Pero la sorpresa no acabó allí, porque camino de regreso al pueblo me encontré con uno de sus escasos habitantes que al saber que venía de Rocaviva me dijo que aquel bosque, que siempre había sido parte de su vida, ya no lo sentía como suyo, que las piedras trabajadas sólo habían servido para que viniera gente de fuera a pisotearlo, ¿por qué que hay más hermoso que una piedra desnuda? Aquel hombre no había vuelto más.

         Y aquí queda planteado el dilema. ¿Se puede modificar la naturaleza para convertirla en arte, o la propia naturaleza ya es un arte sublime que no admite interferencias? ¿Se ha de preservar y ocultar el entorno de miradas extrañas o se ha de compartir y enseñar a respetarlo?

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¿No sería magnífico poder conseguir las dos cosas?

 

UNA ESCALERA EN CRETA

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        Tiene cuatro mil años y está en Gurnia. Cumple su función como lo hizo el primer día  de su primer tiempo.

        Une la parte alta de la ciudad con la salida que lleva al mar, permitiendo a través de los siglos, sin discriminaciones, el paso a quienes la transitan, ya fueran sacerdotisas, comerciantes, procesiones ceremoniales, o ahora turistas pegados a un móvil hartos de ver piedras, de sol, y de subir y bajar por ella.

          Nadie sabe cómo se llamaba la ciudad a la que pertenece, Gurnia fue un invento que le pusieron los griegos mil años después de que su verdadero nombre se pronunciara por última vez.

        Sir Arthur Evans, con más entusiasmo que rigor, lo presupuso todo acerca de la civilización minoica que descubrió en el año 1900. Se considera la más antigua de Europa, la precursora de la griega, la romana, e incluso hay quien dice que de la fenicia, egipcia y de los asentamientos mesopotámicos, porque algunos autores le atribuyen hasta siete mil años. Quizás, sólo quizás.

        Hasta el nombre es una licencia arqueológica suya: Minoica viene de la leyenda del rey Minos sobre el que escribió Homero muchos años después de la destrucción de Creta, quizás por un terremoto o por un volcán. Nadie sabe si el monarca fue real.

         Tras años de ardua labor Sir Arthur Evans desenterró Cnosos y reconstruyó parte del palacio con mucha ilusión, pero muy poca fiabilidad. Nunca encontraron el laberinto del que hablaban los clásicos. Sólo multitud de pequeñas estancias intercomunicadas, y las famosas hachas de doble hoja “Labrys” en ellas. La palabra laberinto viene de allí.

doble hacha

         Lo que sí se sabe es que era una cultura cuyo pueblo no necesitaba defenderse de soldados ni de navegantes. Sus ciudades no tenían torres ni fortificaciones, todas tenían un carácter abierto, y en ellas apenas se han encontrado armas, sólo algunas para  uso ritual.

         Poseía tres tipos de alfabeto que todavía no han podido ser descifrados.

         Los enterramientos se efectuaban de forma colectiva en círculo  o en cuevas megalíticas. Eran sencillos tanto para el pueblo como para el rey. Nunca se han encontrado mausoleos fastuosos, ni tan siquiera se sabe el nombre de sus reyes.

         Lograron un refinamiento exquisito capaz de crear en el periodo medio, sobre el año 1400 a.c., piezas como esta:

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      Lo que más me llamó la atención, sin contar con todas las maravillas que guarda el museo de Heraklion, fue una palabra que se repite en casi todos los rótulos, en todas las explicaciones de casi todos los objetos que hay allí.

     La fotografié en inglés porque no supe identificarla en griego:

Quizás

     La escalera sigue en la hoy llamada Gurnia haciendo lo que hizo siempre, sostener las idas y venidas de sus transeúntes. Impasible a hipótesis, a dudas y a dataciones.

Quizás se ríe de nosotros porque ella sabe algo que los pobres mortales nunca sabremos. El nombre secreto de su ciudad. Quizás, sólo quizás.