Caixaforum

Una cierta oscuridad

Una mañana del año 1911, en París, un hombre con bata blanca entró en el museo del Louvre y robó la Gioconda sin que nadie se diera cuenta de ello hasta el día siguiente.

La noticia se propagó por todo el mundo y el espacio vacío que había dejado el cuadro se convirtió en un punto de peregrinaje al que acudieron muchos curiosos para verlo y también artistas como Picasso, Apollinaire (a los cuales incluso se les llegó a acusar de haber sido los autores), Kafka …

 

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“Una cierta oscuridad” es el nombre de una exposición que se muestra ahora en CaixaForum de Barcelona y que parte de la base de lo que sugiere este hecho.

El caso es que no pensaba verla, yo iba a ver otra exposición sobre el antiguo Egipto: “Faraón”. Me gustó, sí, muchos medios, piezas interesantes, mucha gente, pero no me aportó demasiado. Cuando ya estaba a punto de abandonar el museo descubrí otra sala, la de la foto del vacío que dejó la Gioconda y entré sin pensar, como siguiendo la música del flautista de Hamelin.

En esta muestra se valora lo que no se ve, la ocultación, la mirada y la no mirada. Es una crítica a la sobrevaloración de lo visual que tan importante es en nuestros tiempos.

“Si no lo veo no lo creo, si lo veo ya no tengo porqué plantearme nada”.

Son juegos con el ver y el no ver, con la ausencia y la presencia. Como uno de los poemas visuales de Joan Brossa, sin palabras y con tan solo un estuche vacío de compases para homenajear a Leonardo Da Vinci.

Como una poesía de Pedro Salinas

¡Qué paseo de noche
con tu ausencia a mi lado!
Me acompaña el sentir
que no vienes conmigo…

Es el recuerdo de una huelga de 2012. La que hizo Ira Lombardía (artista e  influencer) al eliminar de su web todas las imágenes visuales para defender la ecología de la imagen y no contribuir a la bulímia icónica. Una pausa de la mirada y a la vez un acto de rebeldía y resistencia.

 

 

Iraida Lombardía - I'm on strike (2012)

Por cierto la Gioconda antes del robo era un cuadro más de Leonard Da Vinci, lo que contribuyó a su fama, a que fuera uno de los cuadros más famosos del mundo, fue su desaparición y todas las reproducciones que se hicieron durante esos años.

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Esta es una de las fotos que cierra la exposición. Es de Martin Parr.

Da que pensar. A veces lo que tenemos delante de los ojos no nos deja apreciar lo que de verdad queremos ver.

 

 

SORPRÉNDEME. PHILIPPE HALSMAN. EL FOTÓGRAFO DE LOS SALTOS.

Philippe Halsman (Riga, 1906 – Nueva York, 1979) quedó fascinado por una frase que oyó decir a Diaghilev (fundador de los Ballets Rusos) cuando un joven Jean Cocteau le preguntó que tendría que hacer para poder colaborar con él. Diaghilev le contestó: ¡Sorpréndeme!

He visto sus fotos en Caixaforum de Barcelona, más de trescientas, en las que muestra su primera época en París, sus retratos de personalidades, su delirante colaboración con Dalí y la serie de personajes famosos saltando: Jumpology.

 

Esta última fue la que consiguió impactarme. Pero no tan solo por las fotos. Sí, es muy interesante ver elevarse del suelo a un presidente de los Estados Unidos como si tuviera hilos de marioneta en los brazos, e impulsarse hacia arriba a una duquesa  ligera y segura ante la mirada asustada de su duque, y también sentir el movimiento en el retrato de una conocidísima actriz, el movimiento de su pelo rubio platino y de  los flecos de lentejuelas de su vestido; contrastarlo con su inmovilidad, con sus músculos rígidos y sus puños apretados, se ríe sí, pero cuando supo lo que Halsman pretendía con las fotos, no se volvió a dejar fotografiar así sino con muchas condiciones.

“Cuando pido a alguien que salte, su atención se dirige sobre todo al acto de saltar y así cae su máscara” dijo un día él.

Todo eso, aunque genial, en sí mismo, no fue lo que más me sorprendió. Fue la biografía del autor, el cómo empezó la historia. El entender por qué todo son fotos de saltos hacia arriba En ellos los protagonistas contienen la respiración, se impulsan hacia el cielo y suben. Son segundos, quizás un solo segundo lo que dura, pero les fuerza a concentrarse, a querer subir desatendiendo todo lo demás.

Halsman, era un estudiante de ingeniería de 22 años cuando en 1928 viajó con su familia a los Alpes austriacos para pasar las vacaciones. Un día yendo de paseo con su padre, éste tuvo un accidente y murió al caer por un barranco. Philippe fue acusado, sin ninguna prueba, de asesinato y condenado a diez años de prisión en un país en el que empezaba a despuntar el antisemitismo. Su hermana movilizó a intelectuales para liberarlo y consiguió las firmas de Freud, Thomas Mann y Enstein. Lo liberaron, pero él enfermó de tuberculosis y pidió asilo en Francia en donde probó suerte como fotógrafo. Ahí comienza la historia.

Todo empezó por una fatal caída, por un salto hacia abajo. Quizás eso fue lo que le enseñó a volar a él.

 

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