Dante

El libro victoriano de la sangre

Este libro es un misterio, es como un puzzle y no está ideado para ser leído sino para ser contemplado. Entre otras cosas porque el original está hecho de recortes a modo de collage y los textos son anotaciones que aparecen manuscritas al margen o que están entre los dibujos.

Fue el regalo de John Bingley Garland en 1854 a su hija Amy cuando llegó a la edad adulta para mostrarle cómo era el mundo, lo visible y lo invisible.

En él hay fragmentos recortados y modificados (algunos) de dibujos de William Blake, y por todas partes hay gotas de tinta china roja que parecen gotas de sangre.

Tiene un marcado acento religioso con citas bíblicas del Libro de los Salmos, del Génesis y del Apocalipsis, pero va más allá, también se esconden entre sus páginas poemas de Shakespeare, de Dante, de Wordsworth, de W. Blake.

“Aquel que lamenta que hayamos de abandonar estas vestiduras de frágil humanidad, para vivir en adelante la inmortalidad en lo alto, ese no ha visto el dulce frescor del celestial diluvio” Dante.

Sugerentes títulos van presentando cada lámina: El pórtico, Cambio, Réquiem, Mutación, El Río Eufrates , El retorno del Arca…

Ahora en diciembre de 2019 se ha publicado por primera vez este libro de las maravillas a modo de facsímil. Nadie ha podido explicar su significado ni desentrañar su esencia.

Es un libro para guardar, para poseer, porque cada página es un enigma que no siempre permite ser entendido en el mismo momento en el que es leido.

Dicen que falta una de las láminas, una de las del final del libro desapareció. Eso también forma parte de su misterio.

Dante y Virgilio en el octavo círculo del infierno. Bouguerou

En un primer plano, tan cerca que casi puedes tocarlos, un hombre condenado muerde a otro en el cuello, le retiene violentamente sujetándole por el brazo y le clava las uñas en el pecho. Es Gianni Sichicchi, está en el octavo círculo del infierno de Dante, el de los falsificadores de personas, cosas, dinero y palabras, por haber suplantado la personalidad de un muerto para beneficiarse de sus bienes.
El hombre al que agrede es Capocchio, famoso hereje y alquimista que no consiguió convertir nunca los metales en oro, pero que se benefició de ello. Este apenas puede defenderse, solo consigue tirar de los cabellos a su adversario.
Gustave Doré también ilustró la escena en sus grabados:
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Pero en el cuadro de 1850 William Bouguereau (La Rochelle, 1825-1905), que se exhibe en el  Museo de Orsay, está pintado con sumo realismo y con una técnica inmejorable.
Es la escena de la Divina Comedia en donde Dante y Virgilio entran en el octavo círculo del infierno y observan a los condenados:
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Bouguerou los representa en el lado izquierdo de la pintura. Dante apoya su mano en Virgilio como protegiéndolo de la brutalidad de la lucha mientras que un demonio alado, con los brazos cruzados y sonrisa irónica  los contempla.
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Los colores son cálidos, rojos, marrones y negros, son los colores del infierno, también los de los personajes, los de Dante y Virgilio y sobre todo de lo que centra la atención del cuadro, las cabezas de los luchadores, sus cabellos intensamente pelirrojo y negro.
La luz incide en tres puntos: Los dos hombres en el centro, en el fondo del cuadro y a la derecha en donde se representan las llamas del infierno.
Se representan diferentes clases sociales:
Dante y Virgilio como los intelectuales. Dante como poeta y artista, Virgilio coronado de laurel como filósofo. Ellos no participan, solo contemplan.
El diablo está por encima de todos, es el más poderoso, el que ríe y puede destruir a los hombres, mira con malos ojos a los intelectuales que con sus ideas pueden ayudar a los hombres a salir del caos.
Mientras, la gente del pueblo se mata, se devoran entre ellos y se consumen entre las llamas.
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Lo más curioso es que W. Bouguerou era un pintor de obras religiosas, mitológicas y sentimentales. Pintaba niños en escenas cotidianas, angelotes, mujeres tímidamente eróticas. Realizó más de ochocientas pinturas.

En “Dante y Virgilio” hay fuerza, dureza, sensualidad, incluso tensión sexual. 
Nunca volvió a pintar algo así.
  

 

 

 

 

 

El espíritu del ave fénix

“El hombre que se levanta es aún más fuerte que el no ha caído” (Viktor Frankl)
El fénix es un ave fabulosa, semejante a un águila, que según los antiguos era única en su especie, que cada quinientos años perecía quemándose y renacía de sus propias cenizas más fuerte y más hermosa.
Según el mito poseía varios dones extraños como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas, una fuerza sobrenatural, control sobre el fuego y una gran resistencia física. También representaba la delicadeza ya que vivía solo del rocío sin lastimar a ninguna criatura viviente para alimentarse.

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Para Jung era uno de los arquetipos más poderosos porque en su fuego se contenía tanto la creación como la destrucción, la vida y la muerte.

Su leyenda aparece en casi todas las culturas: En China como Feng, en el antiguo Egipto como Benú, en México como Quetzacoal. En la China cuentan que existe un ave que al alcanzar 500 años de vida se inmola, en vísperas de la primavera, en un altar,  siendo ella misma la que enciende el fuego. Al día siguiente, entre las cenizas, aparece una larva que luego se transforma en un pequeño pájaro y todo vuelve a comenzar.

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En nuestra cultura el Fénix es un símbolo alquímico por excelencia. Herodoto ya hablaba de él, Dante lo mencionaba en el canto XXIV de la Divina Comedia, Quevedo compuso un soneto satírico acerca de su leyenda:

Ave del yermo que sola
haces la pájara vida,
a quien, una, libró Dios
de las malas compañías,
que ni habladores te cansan,
ni pesados te visitan,
ni entremetidos te hallan,
ni embestidores te atisban;
tú, a quien ha dado la Aurora
una celda y una ermita,
y sólo saben tu nido
las coplas y las mentiras…

Paul Eluard le dedicó una de sus más bellas poesías en su antología “Últimos poemas de amor”:

“El Ave Fénix”

Soy el último en tu camino
la última primavera y última nieve
la última lucha para no morir.

Y henos aquí más abajo y más arriba que nunca.

De todo hay en nuestra hoguera
Piñas de pino y sarmientos
Y flores más fuertes que el agua

Hay barro y rocío

La llama bajo nuestro pie la llama nos corona
A nuestros pies insectos pájaros hombres
Van a escaparse

Los que vuelan van a posarse.

El cielo está claro la tierra en sombra
Pero el humo sube al cielo
El cielo ha perdido su fuego.

La llama quedó en la tierra.

La llama es el nimbo del corazón
Y todas las ramas de la sangre
Canta nuestro mismo aire

Disipa la niebla de nuestro invierno

Hórrida y nocturna se encendió la pena
Floreció la ceniza en gozo y hermosura
Volvemos la espalda al ocaso

Todo es color de aurora.

 

Hay personas que poseen el espíritu del Ave Fénix. Víktor Frankl fue un neuropsiquiatra austríaco y  el fundador de la logoterapia. Sobrevivió tras permanecer más de tres años en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. A partir de esa experiencia escribió el libro: El hombre en busca de sentido, en donde reconoce que, pese a todo, la vida es digna de ser vivida y que la libertad interior y la dignidad humana son indestructibles.

“Una experiencia traumática siempre es negativa, sin embargo, lo que suceda a partir de ella depende de cada persona”.

 

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