El libro de la vida

…Y ocúltame entre las tumbas

Podría volver a hablar de Dante Rossetti esta vez no como pintor prerrafaelista sino como poeta, pero lo haré de su mujer Elizabeth Siddal, que fue poetisa y una de sus modelos. Es una historia que sobrepasa en mucho el halo romántico de su generación.

 

Rossetti era famoso por mantener continuos idilios con sus modelos  para las que también componía poesía, aunque en el fondo solo amaba a Elizabeth, pero en 1858 conoció a Fanny Conforth y mantuvo con ella una apasionada relación abierta que se prolongó en el tiempo. Elizabeth no se lo perdonó, para convencerla de su amor se casó con ella en 1860, pero Elizabeth era una mujer sensible y depresiva a la que atormentaban los celos y la vida entre los dos fue un infierno. Al año siguiente se quedó embarazada y la cosa mejoró, pero la niña nació muerta y ella no pudo soportarlo.

Rossetti volvió a refugiarse en los brazos de Fanny y un día al llegar a casa se encontró a Elisabeth muerta en la cama junto a un frasco de láudano.

Destrozado por la culpa enterró junto a su esposa todas sus poesías, las cuales solo habían sido leídas por muy pocos amigos. Pasó mucho tiempo, ocho años, las heridas se fueron cerrando y aquellos mismos amigos le convencieron para que rescatara el manuscrito del ataúd de ella.

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Boceto del rostro de Elisabteh Siddal para Ofelia de J. E. Millais

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Fragmento de Ofelia de John Everett Millais

Así se hizo. El libro fue exhumado (se dice que en secreto) del sepulcro de Elisabeth naciendo lo que sería, junto a otras poesías, «El libro de la vida».

…Sin embargo, junto a la inminente Sombra de la Muerte
Se alza un Poder, que se agita en el ave o fluye en la corriente,
Dulce al deslizarse, encantador al volar.
Dime, mi amor. ¿Qué ángel, cuyo Señor es el Amor,
Agitando la mano en la puerta,
O en el umbral donde yacen las trémulas alas,
Posee la esencia flamígera que tienes tú?

Este es un fragmento de «Desde la muerte al amor» de Rossetti. Es un ejemplo exquisito de la combinación entre el romanticismo y el prerrafaelismo, pero lo que a mi me ha cautivado es la poesía de Elizabeth.

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Elisabeth Siddal por Rossetti

 

He aquí dos poemas suyos. Uno escrito durante el embarazo y en el que aconseja a su hija sobre el amor

Amor muerto. Dead Love, Elizabeth Siddal (1829-1862)

Nunca llores por un amor muerto,
Ya que rara vez el amor es verdadero.
Él cambia sus ropas del rojo al azul,
Y del más brillante azul al rojo,
El amor ha nacido a una muerte prematura,
Y rara vez es sincero.

Entonces no ancles tu sonrisa
En su pálido rostro descarnado,
Para exhalar el más profundo de los suspiros.
Las palabras justas en labios sinceros
Pasarán, y sin dudas morirán;
Y tu estarás sola, mi querida,
Cuando se desaten los vientos invernales.

Nunca lamentes aquello que no puede ser,
Pues este Dios no regala dones.
Si el simple sueño del amor fuese cierto,
Entonces, dulzura, estaríamos en el Cielo,
Pero aquí sólo hay tierra, mi querida,
Donde el verdadero amor rara vez crece.

 

Y otro escrito durante sus últimos días.

Al final.
At last, Elizabeth Siddal (1829-1862)

Oh, Madre, abre la amplia ventana
Y deja que entre el día;
Oscuras se tornan las colinas
Y los pensamientos comienzan a nadar.

Madre querida, toma mi joven hijo,
(Ya que de tí he nacido)
Y cuida todos sus pequeños caminos
Hazlo sabio sobre tu falda.

Lava mis manos luctuosas
Y luego ata mis pies;
Mi cuerpo ya no puede descansar
Fuera de su sábana tortuosa.

Toma el brote de un árbol joven
Y verde hierba recién segada,
Déjalos sobre ésta lóbrega cama
Para que mi dolor no se sepa.

Encuentra tres bayas rojas
Y arráncalas del tallo,
Quémalos al canto del gallo
Para que mi alma no regrese.

Cuando caigan las gruesas lágrimas,
(Y caerán, Dios lo sabe)
Díle que que morí de un gran amor
Y que mi corazón ha muerto alegre.

Cuando el sol se haya puesto
Y la hierba ondule en tu regazo,
Arrástrame en el frágil ocaso
Y ocúltame entre las tumbas.

 

Impresionante. Por lo hermoso y por lo profético.

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