Hojas de hierba

¿Que yo me contradigo?

¿Que yo me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué? (Yo soy inmenso, contengo multitudes).

Esta frase es de Walt Whitman (1819-1892), uno de los mayores poetas estadounidenses que también  fue enfermero voluntario, ensayista, periodista y humanista. Sobre todo es conocido por uno de sus poemas dedicado a Abraham Lincon en el que habla de él sin mencionarlo, solo con metáforas. Seguro que recordáis la película “El club de los poetas muertos”:

¡Oh Capitán, mi Capitán. Nuestro azaroso viaje ha terminado.

Pero no quiero hablar de su obra épica sino de su poesía cotidiana, la que habla del hombre, de los animales, de la religión, del sexo. De su profundo amor por la vida, de su positivismo y de su alegría.

De su poema “Hojas de hierba”:

 

Creo que una brizna de hierba, no es inferior a la jornada de los astros
y que la hormiga es perfecta,
y que también lo son el grano de arena y el huevo del zorzal,
y que la rana es una obra maestra, digna de ser significada
y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
y que una vaca paciendo con la cabeza baja, supera a todas las estatuas,
y que un ratón es un milagro capaz de asombrar a millones de incrédulos.
Y que la menor articulación de mi mano, puede humillar a todas las máquinas.
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta.

 

De “UN CANTO A MI MISMO”.

 

CANTO A MI MISMO

                         1
Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago… e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.
Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada.

Versión de: León Felipe

De “A UN EXTRAÑO”

 

“¡Desconocido que pasas! No sabes con cuánto ardor te contemplo,
Debes ser el que busco, o la que busco (esto me viene como en sueños),
Seguramente he vivido contigo en alguna parte una vida de gozo,
(…)
No debo hablarte, debo pensar en ti cuando esté sentado solo o me despierte solo en la noche,
Debo esperar, no dudo que te encontraré otra vez,
Debo cuidar de no perderte”.

Me es difícil elegir entre sus poemas, no compartir: “No te detengas” (No dejes que termine el día sin haber crecido un poco…), “Sobre él, a quien amo día y noche”.

Muy difícil, pero hay un fragmento de Canto a mi mismo que me encanta:

                 

Quédate hoy conmigo,
vive conmigo un día y una noche
y te mostraré el origen de todos los poemas.
Tendrás entonces todo cuanto hay de grande en la Tierra y en el Sol
(existen además millones de soles más allá)
y nada tomarás ya nunca de segunda ni de tercera mano,
ni mirarás más por los ojos de los muertos,
ni te nutrirás con el espectro de los libros.
Tampoco contemplarás el mundo con mis ojos
ni tomarás las cosas de mis manos.
Aprenderás a escuchar en todas direcciones
y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.

 
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