La balsa de la medusa

LA NOVENA OLA

 

Para muchos «La novena ola» de Iván Aivazovsky ( 1850 ) es la pintura más bella de Rusia. Se encuentra en el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.

Recuerda a las pinturas del romanticismo francés, a «La balsa de la Medusa» de Géricault (1819), por el mar embravecido, por la lucha por la supervivencia cuando los elementos están en contra. Pero en ésta última gana la historia, los personajes, el dramatismo de lo que están a punto de vivir, de la decisión que han de tomar. También hay una ola que amenaza, pero importan ellos mucho más que el mar.

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En «La novena ola» de Aivazovsky el mar lo es todo. Con solo verlo marea, si te entregas a él notas como subes y bajas como los diminutos hombres que están en él. Te has de aferrar a la realidad, a la seguridad del suelo que pisas para no dejarte llevar a merced de las olas.

Dicen que pintaba usando sólo la imaginación y su memoria visual, que nunca copiaba ni tenía modelos. Pensaba que era imposible captar el movimiento de los elementos sólo con el pincel, confiaba más en sus sensaciones, en lo que el tema provocaba en él.

En esta pintura no está anocheciendo como en la de Géricault, el cielo está rojizo y en él hay un sol ígneo, pero naciente, que permite una esperanza y quizás la salvación. De ahí el título.

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Según la tradición marinera la novena ola es la más peligrosa e imprevisible de la tormenta, pero si se supera se puede considerar el peligro superado.