M. Hernández

Ocho obras maestras escritas en prisión

Los viajes de Marco Polo.

El libro de las maravillas del mundo (1300). Fue escrito por Rustichelo de Pisa en la cárcel de Génova, en donde Marco Polo le dictó sus memorias. Todo son suposiciones, pero se cree que las escribió él porque Marco Polo no sabía escribir.

Nunca se dieron por totalmente ciertos sus relatos, incluso en nuestros días hay muchas opiniones al respecto. Se cuenta que en su lecho de muerte, su familia continuaba insistiendo en que Marco Polo confesara que sus historias habían sido fruto de su incansable imaginación. De allí la frase que dijo en sus últimos momentos:

“Ni siquiera les he contado la mitad de lo que vi.”

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El principe de Maquiavelo (1513)

Es un alegato a favor de la libertad. Fue escrito en la prisión de San Casiano cuando Maquiavelo fue recluido por los Medici por conspirar contra ellos. Lo dedicó al hombre que le encarceló Lorenzo II de Medicis. Fue una obra muy valorada por Napoleón y Voltaire.

«Hay tres clases de intelecto: el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que los otros disciernen, y el tercero no discierne ni entiende lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil».

El Príncipe eBook: Maquiavelo, Nicolás, Machiavelli, Niccolò ...

Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes (1615).

Fue escrito en la prisión de Sevilla, cuando Cervantes cumplía condena por haber sido acusado de apropiación de fondos públicos en su época de recaudador de impuestos.

«Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es ni utopía ni locura, es justicia».

«Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades».

Don Quijote de la Mancha - Wikipedia, la enciclopedia libre

Fanny Hill. Memorias de una cortesana.  John Cleland. (1748)

Primera novela erótica de la historia. Fue escrita en la prisión para deudores de Londres en donde Cleland estaba recluido.

«Toda mi base en la virtud no fue otra que una total ignorancia del vicio»

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Justine o los infortunios de la virtud del Marqués de Sade (1791)

Escrito en la Bastilla. La primera versión fue hecha en quince días, se convirtió en una novela maldita que durante el S. XVIII circuló de una manera clandestina. Critica la hipocresía de la sociedad.

«No te enfades como de costumbre, cuando transgreden tus malditos prejuicios. Ya ves adónde te han llevado. Convéncete de que es cien veces mejor ser desvergonzada y feliz que buena e infortunada».

 

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De Profundis.  Oscar Wilde (1905).

Fue concebida como una carta a su amante Alfred Douglas, en ella hablaba de sus sentimientos con respecto a la vida y las relaciones con las personas. Fue escrita en la prisión de Reading (Inglaterra) en donde Wilde estaba recluido recluido por conducta indecente y sodomía.

«Hay momentos en que el dolor me parece ser la única verdad. Otras cosas podrán ser ilusiones de la vista o del apetito, hechas para cegar lo uno y empachar lo otro, pero con el dolor se han construido mundos, y en el nacimiento de un niño o de una estrella hay dolor».

«Para el que está en la cárcel, las lágrimas son parte de la experiencia de cada día. Un día en la cárcel en el que no se llore es un día en que el corazón está duro, no un día en que el corazón esté alegre».

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Cancionero y romancero de ausencias. Miguel Hernández. (1941)

Escrito en la prisión de Alicante. Es de carácter autobiográfico y en los poemas asoma la esperanza en la vida después de acabada la guerra con la figura de su hijo.

El sol, la rosa y el niño
flores de un día nacieron.
Los de cada día son

soles, flores, niños nuevos.

Mañana no seré yo:
otro será el verdadero.
Y no seré más allá
de quien quiera su recuerdo.

Flor de un día es lo más grande
al pie de lo más pequeño.
Flor de la luz el relámpago,
y flor del instante el tiempo.

Entre las flores te fuiste.
Entre las flores me quedo.hern

Un largo camino hacia la libertad. Nelson Mandela (1994).

Autobiografia  escrita a mano y de forma  clandestina en la prisión de Robben Island. Son sus memorias de niñez y adolescencia y la descripción de los 28 años que pasó allí.

«Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar”.

Nada resulta tan deshumanizador como la ausencia de contacto humano”.

El largo camino hacia la libertad | Librotea

 

Hay una cita preciosa de Manuel de Pedrolo que habla de lo relativo de las prisiones:

«Pero yo he escogido este camino cuando podría haber hecho como todos los hombres: limitarme. Pienso pues en unas rejas a través de las cuales el cielo es azul e inmenso. Y eso es cierto aunque sean, también, ciertas las rejas».

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LAS MANOS Y LA MUERTE. En un cementerio de Brujas con M. Hernández, P. Salinas, P. Neruda y W. Shakespeare

Siempre que visito una ciudad me gusta conocer su cementerio y ver en donde reposan los que vivieron allí. Es una buena forma de entrar en lo oculto, en el espíritu  de ese pueblo.

Brujas es una ciudad de cuento de hadas, sus calles de trazado medieval, sus parques y  canales te transportan a un mundo de pintores, navegantes,  a otro siglo adornado con tapices y puntillas y que huele a especies de las indias. Pero yo me enamoré de su cementerio, de unas manos perdidas entre los muertos. 

 

Las manos

Dos especies de manos se enfrentan en la vida,

brotan del corazón, irrumpen por los brazos,

saltan, y desembocan sobre la luz herida

a golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,

y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.

Alzad, moved las manos en un gran oleaje,

hombres de mi simiente.

 

M. Hernández

 

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La memoria en las manos

Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido

…..

Entre unas manos ciegas
que no pueden saber. Cuya fe única
está en ser buenas, en hacer caricias
sin casarse, por ver si así se ganan
cuando ya la cabeza amada vuelva
a vivir otra vez sobre sus hombros,
y parezca que nada les queda entre las palmas,
el triunfo de no estar nunca vacías.

Pedro Salinas

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Solo la muerte

 

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

P. Neruda

 

 

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Cuando haya muerto, llórame tan solo

Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campana triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,
ni siquiera mi pobre nombre digas
y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.

William Shakespeare.