Maggie O’ Farrell

Tiene que ser aquí. Maggie O’Farrell

Una famosa actriz de cine, Claudette Wells, desaparece en el cenit de su carrera con su hijo y se retira a una granja aislada en Irlanda. Allí conoce a un amerciacano, Daniel Sullivan, que viaja con las cenizas de su abuelo.

Esta es la historia de su relación, de sus familias de como buscar un lugar en el mundo, de secretos, de culpas y abandonos.

Al principio  me costó, demasiada gente, demasiados cambios de fechas, de escenarios, pero pronto, muy pronto entré en ellos y ya no los dejé.

La manera de narrar de Maggie O’Farrell sorprende, hay varias voces, una en primera persona cuando habla Daniel y un narrador en tercera persona que casi es un cámara porque te pasea por los escenarios con un preciosismo y un amor por los detalles que hace que no quieras salir de ahí:

«Lo llevaron a una sala del tamaño de una cancha de baloncesto, con ventanas en tres paredes, alfombras gruesas, de esas en las que uno se hunde hasta los tobillos, sillones de lineas rectas, dispuestos para contemplar la calima de la ciudad, una pared entera de libros, del suelo al techo. Una puerta corredera estaba abierta, lo justo para entrar o salir por ella a una piscina impecablemente lisa, tan quieta como el mercurio».

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Maggie O’ Farrell describe las emociones desde los sentidos como cuando Maeve, la cuñada de Claudette ve por primera vez a su hija adoptada :

«Maeve la mira. La mira y la sigue mirando. Si fuera líquida, se la bebería; si fuera gaseosa , la respiraría; si fuera píldora, se la tomaría, si un plato la lamería hasta la última migaja».

Como lo que es conducir por Los Ángeles:

«No quería meterse con ese armatoste de vehículo en el tráfico de Los Ángeles, lento como la melaza, por las autopistas de doce carriles, agarrarse al volante y seguir las instrucciones que le daba la voz robótica del coche, cual Ariadna electrónica…»

En esta pequeña entrevista ella misma nos explica su novela:

 

Es una novela que te adentra en el mundo de las relaciones familiares  de una manera sutil y sin artificios. Me encantó una frase que parece muy simple, casi una obviedad. Quien ha tenido hijos seguro que reconocerá enseguida su profundidad y lo que cambia la intimidad de las parejas.

¿Saben qué es lo curioso de tener hijos de más de diez años? Que no se van a la cama.