Roman Opalka

Pintar el tiempo.Roman Opalka

Roman Opalka (1931-2011). Fue un artista francés de procedencia polaca que siempre estuvo obsesionado con el paso del tiempo y la eternidad.

 

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Un día de 1965 cuando esperaba a su esposa en un café de Varsovia y ella se retrasaba mucho tuvo la idea de materializar el tiempo. Lo hizo pintando en un óleo líneas de números en orden creciente, sin separarlos por comas o puntos. Fue llenando un lienzo tras otro (233 en total), con la idea de hacerlo hasta el final de su vida. Pintaba alrededor de 380 números por día con un pincel del nº cero, sobre fondo negro en lienzos con la altura correspondiente a su altura y al ancho que tenía la puerta de su estudio de Varsovia. Así nació el proyecto de su vida: “Opalka 1965/1 a infinito”

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Cuando alcanzó el número un millón, eso fue sobre 1972, fue añadiendo un 1% de blanco en cada fondo del lienzo, iba grabando en un magnetófono las series numéricas  y realizaba una foto de sí mismo delante del cuadro para dejar constancia tanto del cambio en la caligrafía de los números como en su voz y en la imagen de su persona. En 2008 se encontró pintando números blancos sobre fondo blanco, lo que llamó “Blanco merecido”.

 

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Opalka murió en Roma en 2011 a punto de cumplir los ochenta años. Llegó hasta el número 5.607.249. Su intención era alcanzar el 7.777.777 un número con un profundo significado místico y religioso para él.

“Todo mi trabajo es una sola cosa, la descripción del número uno al infinito; una sola cosa, una sola vida […] el problema es que somos, y estamos a punto de no serlo”.

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Roman Opalka describió su titánico desafío como una metáfora de la existencia humana:

“El tiempo como lo vivimos y cuando lo creamos encarna nuestra progresiva desaparición; estamos al mismo tiempo vivos y frente a la muerte, ese es el misterio de todos los seres vivos”. La conciencia de este inevitable desaparición ensancha nuestras experiencias sin disminuir nuestra alegría”.

Truman Capote, en su obra “A sangre fría” (1966), también habló de la eternidad:

“¿Qué más da? En la eternidad todo es lo mismo. Porque recuerda esto: si un pájaro llevara la arena, grano a grano, de un lado a otro del océano, cuando la hubiera transportado toda, eso sólo sería el principio de la eternidad”.