W. Blake

El libro victoriano de la sangre

Este libro es un misterio, es como un puzzle y no está ideado para ser leído sino para ser contemplado. Entre otras cosas porque el original está hecho de recortes a modo de collage y los textos son anotaciones que aparecen manuscritas al margen o que están entre los dibujos.

Fue el regalo de John Bingley Garland en 1854 a su hija Amy cuando llegó a la edad adulta para mostrarle cómo era el mundo, lo visible y lo invisible.

En él hay fragmentos recortados y modificados (algunos) de dibujos de William Blake, y por todas partes hay gotas de tinta china roja que parecen gotas de sangre.

Tiene un marcado acento religioso con citas bíblicas del Libro de los Salmos, del Génesis y del Apocalipsis, pero va más allá, también se esconden entre sus páginas poemas de Shakespeare, de Dante, de Wordsworth, de W. Blake.

“Aquel que lamenta que hayamos de abandonar estas vestiduras de frágil humanidad, para vivir en adelante la inmortalidad en lo alto, ese no ha visto el dulce frescor del celestial diluvio” Dante.

Sugerentes títulos van presentando cada lámina: El pórtico, Cambio, Réquiem, Mutación, El Río Eufrates , El retorno del Arca…

Ahora en diciembre de 2019 se ha publicado por primera vez este libro de las maravillas a modo de facsímil. Nadie ha podido explicar su significado ni desentrañar su esencia.

Es un libro para guardar, para poseer, porque cada página es un enigma que no siempre permite ser entendido en el mismo momento en el que es leido.

Dicen que falta una de las láminas, una de las del final del libro desapareció. Eso también forma parte de su misterio.

¿A ESTAS ALTURAS, POR QUIÉN, A QUIÉN HABLO?

La buena poesía consigue poner en palabras lo más profundo del sentimiento, lo que uno siente y no sabe decir. No se necesita entender, pasa y ya está.

Descubrí hace poco a Kathleen Raine (Londres, 1908-Londres, 2003). Poeta sencilla, lacónica, sin artificios rimbombantes, una creadora que se aleja de las modas y del positivismo del siglo XX. Decía que la literatura no debía ser objeto de estudio en la universidad, sino parte de la vida de cualquier persona. Entendía el arte y la poesía como una necesidad vital con un gran poder para educar y sanar, pura espiritualidad, el “Anima mundi”.

Podría mencionar su extensa obra poética, autobiográfica, su conocimiento sobre  Blake y Yeats, pero creo que es mejor compartir este fragmento de un poema que me atrapó e hice mio desde sus primeras palabras.

¿A estas alturas, por quién,

a quién hablo? ¿Por el viejo, por el joven,

o por nadie? A ninguno

de ellos: desde el eterno al no nacido, al imperecedero

hablo, yo, que estoy sola

en un tiempo y un lugar donde nadie

me encontrará, yo, que ya no estoy aquí,

cuando tú, quienquiera que seas,

viejo, joven, a medio camino por la vida

estés conmigo en este no lugar, en este no tiempo

infinito, donde cada uno es, quien un instante aguanta,

como yo ahora en tu corazón, el orbe.

Igual que tú soy

cáliz  de corazón, lleno un instante

de océano y aire y luz,

este cuerpo, este cáliz que se desborda

con la Presencia única, se irá,

disuelto una vez más, y una vez más y una vez más

gota en el océano,

será uno contigo, nunca más

esta mujer cuya mano escribe palabras no mías,

legadas por la multitud de los que una vez vivieron,

aquellos que conocían, amaban, comprendían y nombraban

saberes transmitidos

a los que han de llegar, cuyos rostros no veré,

y, sin embargo, al tiempo que escribo estas palabras, soy ya uno con ellos.

(Testimonio)

Raine

Raine mayor