Willard Wigan

Nueve camellos pasando por el ojo de una aguja. Willard Wigan

Willard Wigan (Birmingham, 1957) es un escultor de obras prácticamente invisibles para el ojo humano que solo pueden apreciarse mediante lupas o microscopios. 

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Las realiza con bisturíes quirúrgicos e instrumentos de alta potencia óptica, ha aprendido a trabajar entre latido y latido del corazón, aguantando la respiración para evitar cualquier movimiento.

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El Taj Mahal sobre la cabeza de un alfiler, La Última Cena dentro del ojo de una aguja, la Estatua de la Libertad, un tigre de Bengala, son algunas de sus obras más famosas.

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Durante meses, con una precisión asombrosa esculpe hasta los más mínimos detalles demostrando su teoría de que las cosas pequeñas pueden ser las más grandes.

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Todo comenzó en el colegio cuando los profesores le decían que no haría nada, que sería un fracasado. No entendía ese mundo porque para él la “Nada” no existía, la “Nada” siempre era algo, así que se escapaba de clase y se escondía en el cobertizo de su casa. Allí descubrió a las hormigas que iban y venían por el suelo y decidió hacerles la vida más fácil construyendo para ellas muebles, balancines, sombreros… Así todo empezó a cobrar sentido.

Su obra es lo opuesto a la monumentalidad, es un mundo diminuto, propio de cuentos. Es Nanofantasía.

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Usa como materiales filamentos de su propia camisa, fibras de osito de peluche, esquirlas de vidrio, alas de mosca. No utiliza pegamento, encaja las piezas por fricción o con hilos de tela de araña (altamente resistentes) 

Para él lo más difícil es mantener las manos casi inmóviles para no estropear la obra. Trabaja de madrugada evitando cualquier ruido externo, en un estado de meditación con una respiración y un ritmo cardíaco que ha aprendido a controlar.

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“Perseverancia y dedicación. Si una cosa sale mal al principio, como así será, sigue intentándolo”.