ME LLAMO LUCY BARTON de Elisabeth Strout. “Porque todos amamos de una manera imperfecta”.

edificio-crys

No puedo decir que su lectura me ha encantado, pero que me ha removido, sí.

Quizás por el tema. Una madre que va a cuidar a su hija después de muchos años sin verla. Los cinco días y cinco noches que pasan juntas en una habitación de hospital en Manhattan.

Me ha removido por lo que se dicen entre ellas (normalmente cosas banales) y sobre todo por lo que no se dicen (la expresión de cualquier sentimiento).  La madre sólo habla de la vida de los demás delante de Lucy, no puede decirle cuanto la quiere, pero permanece a su lado durmiendo en una silla  (eso también es decir, y lo mucho que me suena).

Como único testigo mudo entre ellas, el edificio Chrysler, metáfora del lujo y de la vida urbana en contraposición con la  miseria  y las privaciones que sufrieron ambas en el pasado. Una paradoja que las une.

“Volví los ojos hacia la ventana. La luz del edificio Chrysler brillaba como el faro que era, el faro de las mayores y  mejores esperanzas de la humanidad y sus aspiraciones y deseos de belleza”.

Me gustó la voz meta-literaria de Sara Payne, la profesora de literatura, entrando y saliendo de la historia:

“¿Qué quiere decir? preguntaba una y otra vez, y la escritora se limitaba a repetir lo que ya había dicho. ¿En qué consiste su trabajo como escritora de ficción?, preguntó el bibliotecario, y ella dijo que su trabajo como escritora de ficción consistía en dar a conocer la condición humana, en contarnos quiénes somos, qué pensamos y qué hacemos”.

“… Sólo tendréis una historia”, dijo. ·Escribiréis una única historia de muchas maneras. No os preocupéis por la historia. Sólo tendréis una”.

También me impacta la relación con su padre, de la que no puede ni hablar, pero que intuimos cuando explica la historia de  la escultura del conde Ugolino de Carpeaux en el MET, a la que no podía dejar de visitar  cuando iba al museo, y que  describe así.

ugolino

 “Es una estatua de mármol de un hombre con sus hijos al lado, y el hombre tiene una terrible expresión de desesperación, y los niños parecen aferrarse a sus pies, implorantes… Leí el letrero que explicaba que los niños se ofrecen como comida a su padre, al que están matando de hambre en la cárcel, y que los niños solamente quieren una cosa: que desaparezca el sufrimiento de su padre. Dejarán que se los coma, contentos, muy contentos”.

Creo que en conjunto me gustó más “Olive Kitteridge”, la novela por la que la autora ganó el Premio Pulitzer en 2009, pero “Me llamo Lucy Barton” tiene escenas que se entienden desde dentro y que conectan sitios extraños entre sí. Parece banal, quizás no está demasiado bien escrita, pero es una de esas historias que dice sin decir.

Y por último una frase que me enganchó y que suscribo totalmente. Es un resumen de la novela magnífico. Ahora no recuerdo si la dice Lucy Barton o Sara Payne.

“Es la historia de una madre que quiere a su hija. De una manera imperfecta, porque todos amamos de una manera imperfecta”.

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