Autor: Carme Garcia i Parra

Yo no soy yo y La muerte bella

Juan Ramón Jiménez (1881-1958) tiene dos poemas preciosos uno habla del ser y el otro habla de la muerte.

La poesía no tiene porqué entenderse, no se puede corregir. Se siente, penetra, aunque carezca de sentido. El sentido se lo da el que la recibe, siempre es para él aunque hable de complicidades, de experiencias de otras personas.

Yo no soy yo

Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.

La muerte bella

¿Que me vas a doler, muerte?
¿Es que no duele la vida?
¿Porqué he de ser más osado
para el vivir esterior
que para el hondo morir?

La tierra ¿qué es que no el aire?
¿Porqué nos ha de asfixiar,
porqué nos ha de cegar,
porqué nos ha de aplastar,
porqué nos ha de callar?

¿Porqué morir ha de ser
lo que decimos morir,
y vivir sólo vivir,
lo que callamos vivir?
¿Porqué el morir verdadero
(lo que callamos morir)
no ha de ser dulce y suave
como el vivir verdadero
(lo que decimos vivir?)

La poesía es una vibración que se hace carne sin pasar por el cerebro.

El chico más viejo del mundo

Así se define Björn Andresen (Estocolmo, 1955), el Tadzio de Muerte en Venecia (1971), en el documental sobre su vida ” El chico más bello del mundo”, que ha realizado la directora Kristina Lindströn en 2021, 50 años después del estreno de la película.

Este reportaje, casi perfecto en su realización, consigue adentrarnos en los terrenos pantanosos de la infancia del protagonista, la desaparición de sus padres, los abusos infantiles, la fama a deshora y sin recursos emocionales para sobrellevarla, la soledad.

Björn no solo era un chico muy hermoso, también era alguien sensible, artista, al que entusiasmaba la música y la interpretación con el piano.

Junto con su hermana estuvo a cargo de su abuela después del suicidio de su madre, del cual la familia nunca les comentó nada, absolutamente nada.

Fue su abuela la que le apuntó al casting de Muerte en Venecia en donde se pedían adolescentes bellos y virginales, en donde se buscaba a alguien que representara la belleza pura como contraposición a la muerte.

Uno de los momentos más impactantes del documental es ese casting que se emite casi íntegramente, cuando el “divino” Visconti le pide al chico que se desnude parcialmente. En esas imágenes se puede apreciar en la cara del chico sorpresa, duda, vergüenza, miedo…

Björn ya no sería Björn, sería para siempre Tadzio, y eso para él fue pagar un precio demasiado caro. Casi todo el equipo de filmación, minuciosamente elegido por Visconti, era homosexual. Al acabar el rodaje, con 15 años le pasearon como un trofeo por todos los clubs gays, él empezó a beber para sobrellevarlo porque no se atrevía a decir que no.

Y así siguió su historia, entre la fama, y la autodestrucción. Llegó a ser un ídolo de masas en Japón. Sony le promocionó en varias actuaciones musicales en las que cantó en japonés y que tuvieron bastante éxito sobre todo para eslóganes de publicidad. Muchos héroes del Manga se inspiraron en él.

Riyoko Ikeda, la famosa ilustradora, creó un personaje a su medida que arrasó entre las jovencitas: “Lady Oscar” en La Rosa de Versalles”.

Él lo vivía así: “Como si hubiera una membrana surrealista separándome del resto del mundo”

En el documental cuenta como la vida fue pasando y tuvo más ausencias, más muerte y más dolor. Hoy Börjn tiene una apariencia extraña y envejecida. Es como si se ocultara con su pelo larguísimo y su barba, pero lo que sí conserva es esa extrema fragilidad que a veces le hace parecer un niño.

La historia acaba en la misma playa del Lido en donde se rodó “Muerte en Venecia”. Björn vestido con una gabardina larga y negra le recita al mar una poesía, el poema que escribió su madre para despedirse, pero introduciendo alguna frase suya, confundiéndose los dos en uno solo.

Quedaté quieto, no más palabras duras

No queda mucho de mi.

No llores por mi, ya no hay fuego que apagar

Ya no tengo un sentido de lo que soy y de lo que no soy

Miro alrededor, ¿Ese soy yo o es Tadzio?

Me estoy volviendo cada vez más invisible.

He dado todo lo que tengo

Pero no voy a morir, lo que queda: una puerta.

No muero, solo desaparezco.

Tal vez me vuelva a despertar

Entonces volveré a buscarte.

En esa misma playa vuelve a aparecer Björn, pero esta vez no es Björn, es Tadzio. Es una de las imágenes finales y más mítica de la película. Se le ve a contraluz, dentro del mar y señalando el horizonte. Nadie supo exactamente qué significaba, ni siquiera Visconti.

La película documental está en Filmin. Vale la pena verla. Sí, porque todas las historias de los demás forman parte de la nuestra.

En tu abrazo yo abrazo lo que existe

Un día el pintor Juan Genovés ( Valencia, 1930- Madrid 2020) estaba trabajando en su estudio y se le ocurrió bajar un rato a la calle, vivía al lado de una escuela y a veces se paraba delante para observar como jugaban los niños en el patio. Vio como salían entre gritos, alborotados. Se abrazaban. No supo el porqué de aquella manifestación, de aquella alegría y necesidad de unión, en realidad no importaba.

Ese fue el principio de su obra “El abrazo” (1976) y en aquel momento histórico, en el que el país empezaba a salir de la dictadura, significó la necesidad de reconciliación de las dos Españas, de los opuestos.

El cuadro se convirtió en un símbolo, incluso se hicieron carteles con su imagen para pedir la amnistía de los presos políticos. Uno de esos carteles colgaba en la pared del gabinete de abogados sindicalistas el día de la matanza de Atocha.

Juan Gironés realizó una escultura para recordar a los abogados asesinados la noche del 24 de enero de 1977. Desde 2003 se puede ver en la plaza Antón Martín de Madrid. El cuadro original está en el Congreso de los Diputados para recordar lo que nunca ha de volver a pasar.

Dicen que para un abrazo son necesarias dos personas, pero quizás no siempre, a veces abriendo los brazos puedes llegar a abrazar el sol y recibir su calor. Sí, como la persona de la derecha del cuadro que se entrega a la nada, a todo lo que está por venir.

Extr. Soneto VIII de Pablo Neruda.

...En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
y todo vive para que yo viva:
sin ir tan lejos puedo verlo todo:
veo en tu vida todo lo viviente.

Picasso (1900)


El vuelo de Tórtola

“Inteligente, cultivada, esnob, ególatra y libre”. Así definió Pilar Queralt a la bailarina Carmen Tórtola Valencia en su libro “Tórtola Valencia”.

Carmen Tórtola Valencia (Sevilla, 1882-Barcelona, 1955) fue una de las bailarinas españolas más conocidas de todos los tiempos. A su vez fue su propia coreógrafa, figurinista y escenógrafa. Actriz, pintora y escritora. Su persona siempre estuvo envuelta por un halo de misterio, se decía que era una hija bastarda de la familia real o que su padre había sido un grande de España o un noble inglés que la dio en adopción.

Emigró a Londres con su familia verdadera a la edad de tres años, para volver a España mucho tiempo después y luego ir a Oaxaca ( México) en donde murieron sus padres. Su primera aparición pública como bailarina fue en 1908 en el Gaiety Theatre de Londres.

Hablaba cinco idiomas: inglés, francés, alemán, italiano y español. Entre sus pretendientes figuraban: Gabriele D’Annunzio, El principe de Gales, Alfonso XIII. La retrataron pintores como Zuloaga (1912) y Rafael Penagos (1915).

By Rafael de Penagos, Tortola Valencia. | Art deco illustration, Vintage  poster art, Dance poster
Rafael Penagos, 1915

Enrique Granados compuso para ella “La Gitana”. Rubén Darío, Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Pio Baroja, entre otros, escribieron artículos y poesías elogiándola:

Iba, en un paso rítmico y felino

a avances dulces, ágiles o rudos,

con algo de animal y de divino

la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,

en sus pechos había dos escudos…

Constelada de casos y de cosas…

La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos

hacia la perla hundida del ombligo,

e iniciaban propósitos obscenos

azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria

estaban mis bufones y mis mudos…

¡Y era toda Selene y Anactoria

la bailarina de los pies desnudos!

Rubén Darío

Tiene al andar la gracia del felino,
es toda llena de profundos ecos,
enlabia con moriscos embelecos
su boca obscura cuentos de aladino.

Los ojos negros, cálidos, astutos,
triste de ciencia antigua la sonrisa,
y la falda de flores una brisa
de índicos y sagrados institutos.

Cortó su mano en un jardín de oriente
la manzana del árbol prohibido,
y enroscada a sus senos, la serpiente
decora la lujuria de un sentido
sagrado. En la tiniebla transparente
de sus ojos, la luz es un silbido.

Ramón María del Valle-Inclán.

Tus manos son cual dos palomas blancas
de tu hermosura en el radiante cielo
porque el poder de tus miradas francas
las detuvo en su vuelo.
Senderos son de gloria
tus dos brazos
y son tus manos
mágicas y bellas,
de esas dos cintas de sutiles lazos
dos broches de estrellas.
Son terribles, sagradas y piadosas:
con tus uñas clavadas en mi cuello
moriría, creyendo que dos rosas
con sus espinas fieras y celosas
señalaban mi muerte con el sello
de las muertes gloriosas.

Pio Baroja

Eleanora Duse dijo de ella, en 1928:

Como bailarina, una diosa, como mujer, una rival invencible”.

Todo eso forma parte de su leyenda y de su vida, también su famosa imagen en la publicidad de los jabones “Maja” de Myrurgia.

Pero lo que de verdad cuenta es el gran poder que tenía su danza. Era pasión, sentimiento desnudo. Tórtola se especializó en danzas orientales y africanas para las que se documentaba exhaustivamente y por las que viajó por todo el mundo. En una de sus creaciones “La danza del incienso” con música de Bucalossi se decía que el movimiento se su cuerpo se volvía llama y humo.

Así definía Tórtola su pasión en 1915, en un artículo “Mis danzas”:

Nunca debiera encerrarse la danza en los estrechos límites de un tema precioso y definido. Hay un estilo que puede llamarse natural, ya que no es producto ni de la ciencia ni de la reflexión, sino de la inspiración que brota desafiando todas las reglas, todos los convencionalismos”

Solo se conservan unos pocos minutos del registro de una de sus actuaciones:

Tórtola dejó la danza y el cine en 1930, cuando empezaban las películas sonoras. Dijo que se retiraba para tener una vida más tranquila y cuidar a su protegida, Ángeles Vila-Magret, catorce años menor y que fue su pareja sentimental hasta su muerte. En 1942 durante la represión franquista la adoptó como hija legándole todos sus bienes.

Al final de su vida se acercó al budismo, fue vegetariana y morfinómana, pero ante todo Tórtola Valencia fue una mujer libre, apasionada y misteriosa.

Murió en 1955 a los 73 años de una insuficiencia cardíaca en su casa de Sarrià en Barcelona. Sus últimas palabras las dejó escritas en un sobre:

” La patata cuando empieza a echar el tallo produce una intoxicación que se llama SOLANISMO”.

Nadie ha podido nunca desentrañar su misterio.

40 años y un día

Parece el título de una condena, pero no lo es. Es el cómputo del espacio temporal por el que ha transcurrido mi vida profesional. Hoy (y un día) le digo adiós sin pena, con la sensación de trabajo bien hecho, acompañada de muchas demostraciones de aprecio y reconocimiento por parte de las personas a las que he atendido.

Pero nadie lo entiende, ¿Por qué? Eres muy joven todavía. ¿Qué harás?…

Yo también me lo pregunto, pero sé que es el momento. Me siento agua, y el agua ha de correr, cuando se estanca pierde su esencia tarde o temprano. Me he pasado la vida cuidando a los demás, tratando sus enfermedades, oyendo sus problemas, ligada a ellos por lazos de afecto y responsabilidad. Ahora toca volar, flotar, aprovechar las corrientes aéreas o marinas para ver a donde me llevan, para ver a donde van.

Montaje en la exposición ESCHER en la sala de las Drassanes de Barcelona

Las posibilidades son infinitas, aunque no lo parezcan, como en el efecto Droste, aquel bote de cacao con una enfermera que ofrece chocolate en una bandeja que a su vez contiene la misma imagen más pequeña y así una y otra vez hasta el infinito. M. Escher lo aplicó muchas veces en su obra. Aunque no se vea todo el universo está allí.

Será ver el mundo con otros ojos, será estar dentro de él. No tengo una bola de cristal para ver el futuro y saber si irá bien o no. O quizás sí.

Sí, sí la tengo. Irá bien.

LLanto. Ira. Ternura. La capilla del hombre

Oswaldo Guayasamín (Quito, 1919-Baltimore 1999) fue un pintor expresionista ecuatoriano cuya obra consigue revolver lo humano y lo divino.

“Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente”.

Sus cuadros reflejan el horror, el dolor y la miseria. Son violentos, a la vez que denuncian la violencia, están en lucha cuando sus figuras están en guerra. Gritan, se quejan del espíritu humano, de sus abusos, de la infancia maltratada por el hambre y por el hombre. Sí aterrorizan, pero a la vez atraen.

Fue un autor prolífico cuya obra transita por tres etapas: “Huacayñan” (Camino del llanto).

“La edad de la ira”. Atormentada, comprometida, impactante.

Y ya en los últimos años de su vida en “La edad de la ternura” también llamada “Mientras vivo siempre te recuerdo” dedicada a su madre, a todas las mujeres y a la inocencia de los niños.

Mi madre era como el pan recién salido del horno. Me dio las dos vidas que tengo. Era y sigue siendo una tierna poesía…”

Guayasamín en 1995 inició un proyecto cultural en Quito que recogería parte de su obra, su casa taller en donde vivía y trabajaba, y su tumba. Lo llamó “La Capilla del hombre”, en ella no se invocaba a Dios sino a los seres humanos con sus grandezas y sus miserias. A la vez reivindicaba el continente americano, su fundación y su unidad. Contiene obras de gran formato en un espacio tan sobrecogedor como el arte que acoge.

Guayasamín no lo pudo ver acabado. El 10 de marzo de 1999 murió de un infarto en Baltimore, aquel mismo día mientras se realizaban unas obras en el recinto se descubrieron 13 tumbas prehispánicas y una importante área arqueológica dentro del complejo. La capilla del hombre fue inaugurada en 2002 y declarada por la UNESCO como Proyecto prioritario para la cultura y Patrimonio cultural del estado ecuatoriano. Dentro de ella siempre está prendida la llama por la Paz y los derechos humanos. Él reposa junto al árbol de la vida.

” Siempre voy a volver. Mantengan encendida una luz”.

QUITO: LA CAPILLA DEL HOMBRE DE OSWALDO GUAYASAMIN - YouTube

“Pese a todo no hemos perdido la fe en el hombre, en su capacidad de alzarse y construir; porque el arte cubre la vida. Es una forma de amar”

Leng Jun. La fuerza de lo real

Hay quien dice que el hiperrealismo no es arte, que tan solo es una reproducción muy bien conseguida de la realidad.

Solo hay que ver la obra de Leng Jun (Sichuan, China, 1963) para opinar lo contrario. Si hubiera sido un pintor del pasado que reprodujera escenas religiosas o épicas se le podría comparar con Miguel Ángel o Caravaggio.

Él no copia, crea de nuevo el mundo. Cuando empezó a pintar, en la escuela secundaria, en China no existían los óleos, un amigo le proporcionó las pinturas y para él fue un descubrimiento que le permitió pintar bodegones, objetos cotidianos, composiciones abstractas, para acabar con lo que él consideraba más difícil, retratar personas.

“Quiero llevar mi trabajo como artista y mis habilidades pictóricas a un nivel superior […] ¿Qué es lo más difícil de pintar? Sin duda pintar personas. Aunque me gusta pintar naturaleza muerta y materiales distintos, al estar estáticos y sin aparentes cambios en relación al tiempo, no hay ningún grado de complejidad en pintarlos. Pero en el caso de las personas, las emociones que puede representar hasta el mínimo cambio en una facción hacen que sea muy difíciles pintarlas. “

En 2004 con su obra “Mona Lisa” consiguió alcanzar el reconocimiento mundial. No hizo una copia, transportó el cuadro de Leonardo a la época actual.

Hay quien dijo que era tan perfecto que quizás su obra estaba realizada sobre fotografías. Pero hay muchos videos que demuestran como trabaja.

Hoy se le considera el mejor pintor hiperrealista del mundo.

¿Quién puede decir que no es arte conseguir captar una mirada como la de esta mujer? Es una mirada que te mete dentro de sus emociones, que te permite intuir lo que le preocupa, saber quien es, ver lo que ella ve.

Y es que en la mirada está la fuerza y la verdad.

Amad el arte, entre todas las mentiras es la menos mentirosa.” Gustave Flaubert




Transparencias.

Los pasos conocen nuestro abismo

El cuerpo pasea nuestro cielo

La tormenta va dejando pedazos de carne

Cada vez más difusa cada vez más lejana

Hay un principio de azul

En este paisaje terrestre

Y otro vindicador

Como un dedo amputado

Tan sólo ves es una mujer dando vueltas

Como un huso

Y copiando su delta

En el delta de las aguas.

(Eternidad)

Max Bletcher (1909-1938) fue un escritor y poeta rumano, ahora considerado de culto. Surrealista, existencialista, hermanado con Kafka y Ionesco por su visión paradojal y absurda del mundo y con Paul Celan con quien compartía raíces judías.

Una tuberculosis ósea cambió su vida a los 19 años e influyó de una manera decisiva en su obra literaria. Casi no se podía mover, el dolor, las deformaciones, las fracturas le obligaban a llevar un corsé de escayola y a desplazarse en un vehículo especial siempre en posición horizontal.

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El vestido del mar en la concha del zafiro mueves o deslizas

navío o acróbata, tú, río vertical con la diadema

del pelo azul cascada de helechos y de gritos

y de pronto un cristal se inclina, cambias tus transparencias

y eres una mujer muerta un fantasma con el vestido del mar

en la concha del zafiro, la palmera extiende el brazo y te

saluda, los buques transportan tus andares y las nubes

tu belleza hacia el crepúsculo.

(Extracto II de “Poema”)

Lo transparente deja pasar la luz. En la naturaleza hay una flor, La Diphylleia Gravi, que cuando recibe el agua de la lluvia se vuelve traslúcida como si fuera de cristal.

Los huesos de Max Bletcher se volvieron frágiles, casi vítreos a causa de su enfermedad dejando que la luz pasara a través de él y creando su poemario “Cuerpo transparente”.

Antes de morir le susurró a su madre algo para que les dijera a sus hermanos:

 “Que se paseen por donde haya flores. Que cojan flores. Y de mí, olvidaos. Y me olvidaréis. Vale más llorar junto a una tumba que compadecer a un enfermo”

Hoy leer uno de sus poemas no despierta compasión por un hombre enfermo sino admiración, como tampoco nadie se apena al ver una de esas extrañas flores que al mojarse se vuelven transparentes, porque ambos son seres únicos y excepcionales.

Mi peluquero y Moby Dick

La primera vez que entré en la que ahora es mi peluquería fue por casualidad, estaba muy cerca de casa y en aquel momento no había nadie esperando a ser atendido, por lo menos acabaré pronto, pensé, total solo voy a cortarme las puntas, probaré.

El chico que la llevaba era un encanto, enseguida me transmitió confianza, pero cuando cogió las tijeras pasó algo que me hizo arrepentirme de haber entrado. Empezó a hablar por el móvil, con una mano me cortaba el pelo (supuse que con la más hábil) y con la otra resolvía por teléfono los problemas de canguro que tenía con sus niñas. No tan solo eso, empezó a entrar gente y por señas los iba situando en las sillas y no sé cómo subió un poco el volumen de la música relajante que estaba sonando.

Yo estaba como en la silla del dentista, sin moverme y deseando que terminara cuanto antes para salir corriendo y no volver más. Pero cuando acabó (más o menos las dos cosas a la vez) me di cuenta de que el corte de pelo estaba perfecto, tal y como yo lo quería. Le expliqué los recelos que había tenido y hablamos un rato, sin prisas a pesar de las dos personas que estaban esperando. Él era autónomo, tenía que hacer malabarismos, pero de momento podía con todo.

Y mira que hoy no he acertado con el Moby, siempre me entona para trabajar, pero este último disco es tan relajante que me pone nervioso. ¿No lo conoces, es genial?

En seguida me interesaron los dos (me encantan las paradojas), el peluquero y el músico. Moby, (Richard Melville Hall, Nueva York, 1965) cuando consulté sobre él vi que era un compositor de música electrónica y que sus melodías forman parte de nuestro imaginario por ser las bandas sonoras de series famosas y anuncios. Todo el mundo conoce su tema Porcelain.

Una de las series que le hicieron famoso fue Twin Peaks, con el tema Go.

Había colaborado con Eminem, Sinead O’ Connor, David Bowie… Una de las cosas que me sorprendió más fue que en 1917 había publicado su autobiografía “Porcelain” en la que narraba como había superado sus adicciones y se había hecho cristiano, abstemio y vegano. Fue un libro superventas. No es de extrañar, no en vano es el bisnieto de Herman Melville, sí, el autor de Moby Dick.

Muy interesantes los dos: Moby y Dani, mi peluquero.

El órgano de papel de Leonardo da Vinci

En 1964 tuvo lugar un descubrimiento maravilloso. El jefe de la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid encontró “Los Códices de Madrid” después de haber estado traspapelados durante más de trescientos años. Eran escritos y dibujos de Leonardo da Vinci. En ellos había notas, pensamientos, descripciones detalladas de artilugios mecánicos.

En el códice número II, en el folio 76 se encuentra un boceto para la construcción de un órgano de fuelle continuo, teclado vertical y tubos de papel, algo sumamente raro para la época. En aquel tiempo los órganos eran muy pesados y exigían mucho esfuerzo manual, este tenía la particularidad de al pesar poco se podía transportar.

En 1992 Joaquín Saura, constructor de instrumentos musicales y autor del “Diccionario técnico histórico del órgano español” consiguió descifrar el folio 76 y pudo construir el órgano siguiendo las pautas de Leonardo.

Todo ensamblaba a la perfección, todo encajaba hasta en los más mínimos detalles. El sonido del órgano era suave, recordaba a una flauta dulce. Así, tres siglos más tarde se pudo escuchar el órgano de Leonardo aunque él no hubiera escrito nunca música. Debió ser una de las pocas cosas que no se atrevió a hacer.


En 2019 para la conmemoración del V aniversario de la muerte de Leonardo la ciudad de Milán volvió a reproducir el instrumento. sonaba así.

«Los hombres geniales empiezan grandes obras, los hombres trabajadores las terminan.» Leonardo da Vinci.