Poesia

BESOS EN LA FRENTE

Mi abuela se había encogido tanto con la edad que para darle un beso el mejor sitio, el más cómodo, el que estaba a mi altura de niña de diez años, era la frente. Un trocito de piel dura, pero suave,  y que olía a galletas con vaso de leche porque siempre la iba a ver a la hora de la merienda. Ella no decía ni hacía nada cuando la besaba, tan sólo sonreía, porque como todo el mundo sabe los besos en la frente nunca se devuelven.

Y así fue durante algunos años. Hasta que un día la abuela se puso enferma y se metió en la cama. Yo jamás la había visto allí con su camisón blanco, su pelo suelto y sin zapatillas. Muy flojito me pidió que me acercara. Pasó en un segundo, fue como si me rozara un ala de mariposa, como el paso de una nube, como las cosquillas que hace la espuma del mar en los pies.

La abuelita me besó en la frente, en el mejor sitio, en el más cómodo para su postura yaciente. Y muy bajito, casi susurrando, me dijo que el último beso que le dio su madre fue así.

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Cora Coralina. “Lo más importante es mi decisión”

“Incluso cuando todo parece desmoronarse,  cabe para mí  decidir entre reír o llorar, irse o quedarse, ceder o luchar, porque he descubierto, en el camino de la vida incierta, que lo más importante es mi decisión”. (Cora Coralina)

Al principio me hizo gracia el nombre y saber que era una de las mejores poetas en lengua portuguesa. Pero leí de ella el poema “Saber vivir” y ya no pude parar. Ha sido un descubrimiento. El descubrimiento de una brasileña nacida en Goiás (1889-1985) que escribió sobre la situación de la mujer,  la pobreza del Nordeste de su país y el misterio de los ritos afro-brasileños, que fue contemporánea de Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral, y que de casi todos sus libros se han publicado más de diez ediciones.

Saber vivir

No sé… si la vida es corta
o demasiado larga para nosotros.
 Mas sé que nada de lo que vivimos
tiene sentido, si no tocamos el corazón
de las personas.
Muchas veces basta ser:
regazo que acoge,
brazo que envuelve,
palabra que conforta,
silencio que respeta,
alegría que contagia,
lágrima que corre,
mirada que acaricia,
deseo que sacia,
amor que motiva.
Y eso no es cosa de otro mundo,
es lo que da sentido a la vida,
es lo que hace que ella
no sea ni corta, ni demasiado larga,
sino que sea intensa,
verdadera, pura…. mientras dure.
Este es un fragmento de una entrevista en la que le preguntaron a Cora qué era para ella vivir bien:
  
“No tengo miedo de los años y no pienso en la vejez. Y yo te digo, no lo pienses. Nunca digas que estoy envejeciendo, me estoy haciendo viejo. Yo no lo digo. No digo que soy vieja y no digo que estoy oyendo poco.

Por supuesto, cuando necesito ayuda,  digo  que la  necesito.

Yo siempre trato de leer y estar actualizada con lo que pasa, esto  me ayuda a superar las dificultades de la vida. El mejor consejo es leer y practicar lo que lees. Lo bueno es  producir  siempre  y no dormir durante el día. Asimismo, no  digo  que se  me estoy volviendo  olvidadiza  por  que así una olvida  más. Nunca digo que estoy enferma, yo siempre digo: estoy fenomenal. Yo no digo  nunca que estoy cansada.
Ninguna  palabra negativa. Cuanto más se afirma estar cansada ​​y olvidada se esta  más olvidada. Usted se va convenciendo de eso y convence a los otros . Luego mejor es el  silencio! “
 
Puedo decir que soy de la tierra y nada más quiero ser. Hija de esta tierra bendita de Goiás. Convoco a los viejos como  o mayores que yo, para ejercer sus derechos.
Se que alguien tendrá que enterrarme, pero yo no lo haré.
 
Tengo  consciencia  de ser auténtica y trato de superar todos los días mi propia personalidad, rompiendo en mí todo lo que es viejo y muerto, porque la lucha es la palabra vibrante que levanta a los débiles y determina a los fuertes.

Lo importante es sembrar, producir millones de sonrisas de solidaridad y  amistad. Buscando  sembrar las semillas de optimismo y  planta de la paz y la justicia. Yo digo lo que pienso, con esperanza.

Pienso en  lo que hago con  fe. Yo hago lo que hago con  amor. Me esfuerzo por ser mejor cada día, porque la bondad también se aprende”.
 
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Ana Lins dos Guimarães Peixoto (Goiás, 20 de agosto 1889 – Goiânia, 10 de abril 1985) empezó a escribir poesía a los catorce años y llegó a publicar en 1908 en el diario  de poemas femeninos “A Rosa”. En 1910, su cuento “Tragédia na Roça” fue publicado en el “Anuário Histórico e Geográfico do Estado de Goiás”, donde usó el pseudónimo de Cora Coralina por primera vez. Tuvo seis hijos y al enviudar se fue a vivir a Sao Paulo dedicándose a la actividad agrícola para mantenerlos, también trabajó como vendedora de libros en la editorial  José Olimpio, que al final editó y lanzó su primer libro en 1965, “O Poema dos Becos de Goiás e Estórias Mais”.

En 1976, el libro “Meu Livro de Cordel” fue lanzado por la editorial Goiana. Sin embargo el interés del gran público realmente se despertó gracias  a los halagos que el poeta Carlos Drummond de Andrade hizo sobre Cora, en 1980.

En 1983 recibió el título de Doctor Honoris Causa de la UFG (Universidad Federal de Goias) y fue elegida intelectual del año, a través del premio Juca Pato de la União Brasileira dos Escritores.

Al final de su vida se volvió “dulceira”. Sus dulces de “zapallo e higo” aún se recuerdan en Goiás. 

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¿Por qué me sigues?

Si no hace falta, si sé cuidarme sola, si no te necesito.

 

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Pero tú no me creías y nunca me abandonabas.

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A veces hasta te ocultabas en la pared para despistarme.

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Decías que lo hacías por mí, que desde que el mundo es mundo las cosas funcionan así y yo casi me había resignado. 

Pero ayer…

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Como siempre me seguiste hasta en las penumbras por si acaso te necesitaba, dijiste.

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Ayer…

Respiré hondo, salí al exterior y sentí como el sol me liberaba de ti.

 

 

 

NARCISO. Mito. Poema. Músico. Flor y problema

Narciso era el joven más hermoso de los que  vivían fuera del Olimpo. Era hijo de la ninfa Liríope y de Césifo, el dios-río. Al nacer, el adivino Tiresias vaticinó a sus padres que viviría muchos años siempre y cuando no se contemplara nunca a sí mismo. Narciso creció feliz por la belleza que veían los demás en él, pero su vanidad le hacía rechazar  a todas mujeres por no considerarlas dignas de su hermosura.

Eco y Narciso. Nicolás Poussin (1630)

Un día, mientras cazaba ciervos, la ninfa Eco le siguió. Eco había sido maldecida por Hera a hablar repitiendo la última palabra de lo que los otros decían sin poder expresar nunca sus sentimientos. Cuando Narciso oyó el sonido de unos pasos a su espalda preguntó: “¿Quién está ahí?”, a lo que ella respondió:”ahí”. Y así siguieron hablando hasta que ella deslumbrada por el joven salió a su encuentro e intentó abrazarle. Él la rechazó. La ninfa quedó desconsolada y se escondió en una cueva de las montañas. Su voz aún permanece allí.

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Narciso. J.W.Waterhouse

Pero Némesis, la diosa de la venganza, solidarizándose con Eco, hizo que un día muy caluroso Narciso tuviera mucha sed y bebiera en un río. Cuando vio su imagen reflejada en el agua quedó totalmente prendado y se lanzó al  cauce para reunirse con ella. Murió ahogado. En ese mismo lugar nació una flor, sí el narciso. Desde entonces se le puede ver en las orillas de los ríos reflejándose en el agua complacido.

 

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Eco y Narciso. J. William Waterhouse (1903)

 

Poema de W. Wordsworth

“Erraba solitario como una nube”

Erraba solitario como una nube
que flota en las alturas sobre valles y colinas,
cuando de pronto vi una muchedumbre,
una hueste de narcisos dorados;
junto al lago, bajo los árboles,
estremeciéndose y bailando en la brisa.

Continuos como las estrellas que brillan
y parpadean en la Vía Láctea,
se extendían como una fila infinita
a los largo de aquella ensenada;
diez mil narcisos contemplé con la mirada,
que movían sus cabezas en animada danza.

También las olas danzaban a su lado,
pero ellos eran más felices que las áureas mareas:
Un poeta sólo podía ser alegre
en tan jovial compañía;
yo miraba y miraba, pero no sabía aún
cuánta riqueza había hallado en la visión.

Pues a menudo, cuando reposo en mi lecho,
con humor ocioso o pensativo,
vuelven con brillo súbito sobre ese ojo
interior que es la felicidad de los solitarios;
y mi alma se llena entonces de deleite,
y danza con los narcisos.

William Wordsworth

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Músico. Narciso Yepes

Interpretando “Recuerdos de la Alhambra”

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Problema

Narcisismo

Admiración excesiva y exagerada que siente una persona por sí misma, por su aspecto físico o por sus dotes o cualidades.

…Y ocúltame entre las tumbas

Podría volver a hablar de Dante Rossetti esta vez no como pintor prerrafaelista sino como poeta, pero lo haré de su mujer Elizabeth Siddal, que fue poetisa y una de sus modelos. Es una historia que sobrepasa en mucho el halo romántico de su generación.

 

Rossetti era famoso por mantener continuos idilios con sus modelos  para las que también componía poesía, aunque en el fondo solo amaba a Elizabeth, pero en 1858 conoció a Fanny Conforth y mantuvo con ella una apasionada relación abierta que se prolongó en el tiempo. Elizabeth no se lo perdonó, para convencerla de su amor se casó con ella en 1860, pero Elizabeth era una mujer sensible y depresiva a la que atormentaban los celos y la vida entre los dos fue un infierno. Al año siguiente se quedó embarazada y la cosa mejoró, pero la niña nació muerta y ella no pudo soportarlo.

Rossetti volvió a refugiarse en los brazos de Fanny y un día al llegar a casa se encontró a Elisabeth muerta en la cama junto a un frasco de láudano.

Destrozado por la culpa enterró junto a su esposa todas sus poesías, las cuales solo habían sido leídas por muy pocos amigos. Pasó mucho tiempo, ocho años, las heridas se fueron cerrando y aquellos mismos amigos le convencieron para que rescatara el manuscrito del ataúd de ella.

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Boceto del rostro de Elisabteh Siddal para Ofelia de J. E. Millais

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Fragmento de Ofelia de John Everett Millais

Así se hizo. El libro fue exhumado (se dice que en secreto) del sepulcro de Elisabeth naciendo lo que sería, junto a otras poesías, “El libro de la vida”.

…Sin embargo, junto a la inminente Sombra de la Muerte
Se alza un Poder, que se agita en el ave o fluye en la corriente,
Dulce al deslizarse, encantador al volar.
Dime, mi amor. ¿Qué ángel, cuyo Señor es el Amor,
Agitando la mano en la puerta,
O en el umbral donde yacen las trémulas alas,
Posee la esencia flamígera que tienes tú?

Este es un fragmento de “Desde la muerte al amor” de Rossetti. Es un ejemplo exquisito de la combinación entre el romanticismo y el prerrafaelismo, pero lo que a mi me ha cautivado es la poesía de Elizabeth.

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Elisabeth Siddal por Rossetti

 

He aquí dos poemas suyos. Uno escrito durante el embarazo y en el que aconseja a su hija sobre el amor

Amor muerto. Dead Love, Elizabeth Siddal (1829-1862)

Nunca llores por un amor muerto,
Ya que rara vez el amor es verdadero.
Él cambia sus ropas del rojo al azul,
Y del más brillante azul al rojo,
El amor ha nacido a una muerte prematura,
Y rara vez es sincero.

Entonces no ancles tu sonrisa
En su pálido rostro descarnado,
Para exhalar el más profundo de los suspiros.
Las palabras justas en labios sinceros
Pasarán, y sin dudas morirán;
Y tu estarás sola, mi querida,
Cuando se desaten los vientos invernales.

Nunca lamentes aquello que no puede ser,
Pues este Dios no regala dones.
Si el simple sueño del amor fuese cierto,
Entonces, dulzura, estaríamos en el Cielo,
Pero aquí sólo hay tierra, mi querida,
Donde el verdadero amor rara vez crece.

 

Y otro escrito durante sus últimos días.

Al final.
At last, Elizabeth Siddal (1829-1862)

Oh, Madre, abre la amplia ventana
Y deja que entre el día;
Oscuras se tornan las colinas
Y los pensamientos comienzan a nadar.

Madre querida, toma mi joven hijo,
(Ya que de tí he nacido)
Y cuida todos sus pequeños caminos
Hazlo sabio sobre tu falda.

Lava mis manos luctuosas
Y luego ata mis pies;
Mi cuerpo ya no puede descansar
Fuera de su sábana tortuosa.

Toma el brote de un árbol joven
Y verde hierba recién segada,
Déjalos sobre ésta lóbrega cama
Para que mi dolor no se sepa.

Encuentra tres bayas rojas
Y arráncalas del tallo,
Quémalos al canto del gallo
Para que mi alma no regrese.

Cuando caigan las gruesas lágrimas,
(Y caerán, Dios lo sabe)
Díle que que morí de un gran amor
Y que mi corazón ha muerto alegre.

Cuando el sol se haya puesto
Y la hierba ondule en tu regazo,
Arrástrame en el frágil ocaso
Y ocúltame entre las tumbas.

 

Impresionante. Por lo hermoso y por lo profético.

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Eduardo Galeano

“Sólo los tontos creen que el silencio es un vacío. No está vacío nunca. Y a veces la mejor manera de comunicarse es callando”.

Eduardo Hughes Galeano (Montevideo 1940-2015) fue un intelectual de izquierdas, periodista, poeta, y uno de los escritores más destacados de América latina. Entre su obras destacan “Las venas abiertas de América latina (1971), Memoria del fuego (1986), El libro de los abrazos (1989), Los hijos de los días (2011). 

Sus textos combinan varios géneros como la ficción, el periodismo y el análisis político. Autor polémico y comprometido, en 2008 tras la victoria de Barack Obama dijo: 

“La Casa Blanca será la casa de Obama pronto, pero esa Casa Blanca fue construida por esclavos negros. Y me gustaría y espero que él nunca lo olvide”.

Valedor pro derechos humanos:

“No sólo Estados Unidos, sino algunos países europeos han sembrado dictaduras por todo el mundo. Y se sienten como si fueran capaces de enseñar lo que es democracia.

Poeta del amor: 

“Todos somos mortales hasta el primer beso o la segunda copa de vino”.

“Te extraño, pero no te quiero de regreso, solo quiero que lo sepas para que tengas en cuenta que te pienso sin necesitarte a mi lado”.

“Lo importante del amor es que sea infinito mientras dura”.

Maravillosa esta entrevista, sobre el amor y la felicidad, que le hizo Jesús Quintero en el programa “Ratones colorados”:

Defensor de las clases más desfavorecidas.

“Los nadie” es uno de sus poemas más hermosos:

Sueñan las pulgas con comprarse un perro                                                                                    Y sueñan los nadies con salir de pobres…

…Los nadie que cuestan menos que la bala que los mata.

 

 

 

Desnudo con gato. Anna Ajmátova y Modigliani

“Su sola mirada te cortaba el aliento. Alta, de pelo oscuro, morena, esbelta y ágil, con los ojos verdosos de un tigre polar, durante medio siglo la han dibujado, pintado, esculpido y fotografiado un sin número de artistas, entre ellos Modigliani. Los versos dedicados a ella formarían más volúmenes que su obra entera.”  (Joseph Brodsky)

La poetisa Ana Ajmatova conoció a Amadeo Modigliani en la primavera de 1910  cuando llegó con su marido, el poeta acmeísta Nikolai Gumiliov a Paris en su luna de miel.  Se vieron varias veces y después de su regreso a Rusia no dejaron de cartearse  “Usted se quedó en mí como una obsesión…” le escribía Modigliani.

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Un año después Anna volvió sola a Paris para reunirse con él y allí vivieron una pasión intensamente breve. Él tenía 26 años y empezaba a ser conocido, ella tenía 21 y ya escribía poesía. Durante esos meses en París visitaron varias veces el Museo del Louvre. Modigliani soñaba con Egipto, con sus antigüedades y su arte de lineas esquemáticas y puras. Hizo dieciséis dibujos de Anna. De los cuales, hasta el momento, solo se han encontrado cinco.

Cuando Anna volvió a Rusia él ya no le volvió a escribir: “Hoy no me ha llegado ni una carta: él ha olvidado escribirme, o tal vez se ha ido/ […]/ Hace poco él estaba conmigo/ tan enamorado, amoroso y mío:/ fue durante el invierno límpido/ y ahora la primavera está repleta de tristeza…/ Hace poco él estaba conmigo…”

Anna conservó durante toda su vida uno de los dibujos, el más recatado, que incluyó en su libro “La carrera del tiempo” de 1965, y que ahora está en la exposición permanente del Museo de Ajmátova en San Petersburgo. 

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Ella decía que los demás dibujos se habían perdido durante la revolución y la guerra civil en Rusia. Incluso le llegó a decir a Joseph Brodsky que los soldados habían liado sus cigarrillos con ellos. 

Pero en octubre de 2008 a dos investigadores de arte: Jorge Bustamante e Irina Ostroúmova les llama la atención un dibujo de Modigliani al carboncillo y lápiz que descubren en el Museo Soumaya de ciudad de México llamado simplemente “Desnudo con gato” 

 

 

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Las lineas son simples, los trazos largos y firmes. Una mujer desnuda de nariz aguileña y cuello de cisne posa de perfil junto a un gato, como una deidad egipcia. Es Anna Ajmátova.

 

En la oscura neblina de París,
Quizás otra vez Modigliani
Camine imperceptible tras de mí.
Su triste naturaleza
Incluso en el sueño me inquieta
De ser culpable de muchas desdichas.
Pero para mí –su mujer egipcia– él es
La música que toca el viejo en el organillo.
Todo el rumor de París se esconde bajo esa música,
Como el rumor de un mar subterráneo
Que ha bebido del dolor
El mal y la vergüenza.

Anna Ajmátova
(Variante de un borrador de “Poema sin héroe” (1940-1965))

Los anarquismos de Fernando Pessoa. Un poema y un cuento

Anarquismo

La noche y el caos forman parte de mi.
Me remonto al silencio de las estrellas.
Soy el efecto de una causa del tiempo,
del Universo [quizás lo excedo].
Para encontrarme, debo buscarme entre las flores,
los pájaros, los campos y las ciudades,
en los actos, las palabras y los pensamientos de los hombres,
en la noche del sol y las ruinas olvidadas de mundos hoy desaparecidos.
Cuanto más crezco, menos soy.
Cuando más me encuentro, más me pierdo.
Cuanto más me pruebo, más veo que soy flor
y pájaro y estrella y universo.
Cuanto más me defino, menos límites tengo.
Lo desbordo todo. En el fondo soy lo mismo que Dios.
Mi presencia actual contiene las edades anteriores a la vida,
los tiempos más viejos que la tierra,
los huecos del espacio antes de que el mundo fuera. 

El banquero anarquista

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El banquero anarquista es un cuento de Fernando Pessoa editado por primera vez en el número 1 de la Revista Contemporánea en 1922. Es una de las pocas obras que el autor  pudo ver publicadas en vida. En ella reflexiona sobre la libertad, sobre las iniciativas individuales y lo absurdo que es el fanatismo en política. También cuestiona la falsedad de los grandes remedios en tiempos de crisis. 

La trama es una paradoja: un rico banquero y gran comerciante se proclama sincero y auténtico anarquista.

Empieza así: 

Habíamos concluido de cenar. Frente a mí, el banquero, mi amigo, gran comerciante y acaparador notable, fumaba como quien no piensa. La conversación, que había ido apagándose, yacía muerta entre nosotros. Intenté reanimarla, al azar, sirviéndome de una idea que me pasó por el pensamiento. Me di vuelta hacia él, sonriendo.

-Es verdad: me dijeron hace días que ud. en sus tiempos fue anarquista…

-Fui, no: fui y soy. No cambié con respecto a eso. Soy anarquista.

-¡Ésa sí que es buena! ¡Usted anarquista! ¿En qué es ud. anarquista?… Sólo si ud. le da a la palabra cualquier sentido diferente…

 

A partir de aquí critica con sus razonamientos el mito del igualitarismo y  las posibilidades de emancipación del ciudadano, pero no las del individuo.

Acaba así:

-Mi amigo, yo ya se lo dije, ya se lo demostré, y ahora se lo repito… La diferencia es sólo ésta: ellos son anarquistas sólo teóricos, yo soy teórico y práctico; ellos son anarquistas místicos y yo, científico; ellos son anarquistas que se agachan, yo soy un anarquista que combate y libera… En una palabra: ellos son pseudoanarquistas y yo soy anarquista.

Y nos levantamos de la mesa.

Lisboa, enero de 1922.

La historia se puede leer íntegramente en  Wikisource. 

 

 

 

¡Envejece conmigo! Lo mejor está aún por llegar. Robert Browning

Se podría decir de él que fue uno de los poetas y dramaturgos ingleses más destacados, que nació en 1812 en Camberwell (Reino Unido) y que murió en Venecia en 1889; que sus restos reposan en el Rincón de los poetas de la Abadía de Westminster de Londres; que entre otras obras escribió “Hombres y Mujeres (1859) y Dramatis Personae (1864), las cuales incluyen una innovadora forma literaria: el monólogo dramático; que ejerció una importante influencia sobre poetas posteriores como T. S. Eliot  y Ezra Pound.

NPG 1898,Robert Browning,by Michele Gordigiani

by Michele Gordigiani,painting,1858

Diré que fue el marido de la poetisa Elizbeth Barret. Para ella escribió una poesía que en su día no recibió contestación, que le hizo pensar que la joven se había ofendido por el tono sensual y metafórico de la misma (no hay que olvidar que era la época victoriana), pero tiempo después descubrió una antología poética de ella en la que hablaba de ese poema y mencionaba su nombre. Desde ese momento mantuvieron una correspondencia epistolar que duró dos años hasta que se casaron en secreto.

“El que tiene siempre ante sus ojos un fin, hace que todas las cosas le ayuden a conseguirlo.”

“Haznos felices y nos harás buenos.”

“El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla.”

“¡Envejece conmigo! Lo mejor está aún por llegar.”

Este es el poema gracias al cual se inició una relación que traspasó los límites de lo personal para formar parte de la historia de la poesía universal.

En él transmite la felicidad y la pasión de dos amantes que se encuentran, la ansiedad que precede al momento amoroso con un cuerpo cómplice.

“Encuentro nocturno” (1849)

El mar gris y la extensa tierra negra;
La medialuna grande, baja y amarillenta;
Las atemorizadas olas breves que saltan
Desde su sueño en encendidos círculos,
Mientras gano la cala con impulsiva proa
Y sofoco su marcha en la arena fangosa.

Una milla de cálida playa fragante, luego;
Tres campos que cruzar hasta ver una granja;
Un toque en el cristal, el rápido raspado
Y el borbotón azul de un fósforo encendido,
Y una voz menos fuerte —debido a gozo y miedo—
Que los dos corazones golpeando al unísono.

 

Elizabeth murió en 1861, pero su amor y las obras de los dos trascendieron a través del tiempo. 

También la voz de Robert Browning. Se conserva un poema grabado por su propia voz en 1889, fue registrado después de una cena en casa de su amigo Rudolf Lehman, tres meses antes de su muerte. Se grabó en un cilindro de fonógrafo inventado por Thomas Edison.

Browning recitó de memoria unos versos de su poema “Cómo llevaron las buenas noticias de Ghent a Aix” olvidándose algunas palabras:

 

En 1890, durante el primer aniversario de la muerte de Robert Browning y en la misma casa en donde se había grabado el cilindro se volvió a encender el fonógrafo y se escuchó aquella grabación.

Históricamente hablando, fue la primera vez en la que se oyó la voz de una persona muerta.

¿De qué modo te amo? Déjame que cuente las formas. Elizabeth Barrett Browning

Solitaria, melancólica, fóbica, adicta al opio por una dolorosa afección en la espalda, Elizabeth Barrett Browning (1806-1861) compuso varios de los mejores poemas de amor de la literatura inglesa. También escribió prosa e hizo campaña para la abolición de la esclavitud y el trabajo infantil. Influyó en destacados escritores como: Edgar Allan Poe, Emily Dickinson y Virginia Woolf. Su vida cambió cuando conoció al que sería su marido Robert Browning, también uno de los más destacados poetas victorianos.  Su obra “Sonetos del portugués”  nació de esa pasión. Uno de sus sonetos empieza con una de las frases más conocidas del idioma inglés, es el número XLIII: “How do I love thee? Let me count the ways.

 

¿DE QUÉ MODO TE AMO?
How Do I Love Thee?, Elizabeth Barrett Browning (1806-1861)

¿De qué modo te amo? Deja que cuente las formas:
Te amo desde el hondo abismo hasta la región más alta
que mi alma pueda alcanzar, cuando persigo en vano
las fronteras del Ser y la Gracia.

Te amo en el calmo instante de cada día,
con el sol y la tenue luz de la lámpara.
Te amo en libertad, como se aspira al Bien;
Te amo con pureza, como se alcanza la Gloria.

Te amo con la pasión que antes puse
en mis viejos lamentos, con mi fe de niña.
Te amo con la ternura que creí perder
cuando mis santos se desvanecieron.

Te amo con cada frágil aliento,
con cada sonrisa y con cada lágrima de mi ser;
y si Dios así lo desea,
tras la muerte más te amaré aún.

 

“He vivido sólo hacia adentro o con tristeza, por una emoción fuerte. Antes de esta reclusión de mi enfermedad, estuve recluida también y pocas habrá en el mundo entre las mujeres más jóvenes que no hayan visto más, oído más, sabido más de la sociedad, que yo, que dificilmente puedo ya ser considerada jóven”.

 

“Mi principal intención en este momento es escribir una especie de novela-poema…adentrándome en el centro de nuestras convenciones, e irrumpiendo en las salas de estar y sitios parecidos, “donde a los ángeles les da miedo pisar”; y abordando así, cara a cara y sin máscara, a la humanidad de la época, diciendo claramente la verdad sobre ella. Esa es mi intención”.

(Elisabeth Barrett Browning en Virginia Wolf)

 

“Detrás de cada cosa hermosa hay algún tipo de dolor”. 

Bob Dylan