Simbolismo

Odilon Redon. El simbolismo fantástico

Odilon Redon (Burdeos 1840- París 1916) fue un pintor simbolista al que se le considera uno de los precursores del surrealismo.

En su obra lo corriente se convierte en excepcional y místico. Los mitos paganos conviven con el materialismo científico y los animales imaginarios se pasean entre piezas de maquinaria.

Redón hace el retrato del inconsciente, el dibujo de las imágenes de los sueños.

Sus personajes parecen tranquilos, pero intranquilizan. Esconden una historia, muchos sonríen, saben que guardan un secreto que nunca revelaran al que los observa.

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Hasta 1890 su pintura fue casi exclusivamente en blanco y negro, estuvo muy influido por Goya (que murió en Burdeos, su ciudad natal). A él le dedica varias de sus litografías inspiradas en las series de Los caprichos, Los desastres de la guerra y las pinturas negras.

 

 

 

 

Poco a poco, ya en la cincuentena, va llegando al color realizando acuarelas y óleos. Era un gran admirador de Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire y de Charles Darwin, de quienes ilustró varias publicaciones.

Su obra se mantuvo casi en el anonimato hasta que se publicó una novela de culto en 1884, “À rebours”,de Joris-Karl Huysmans, en la que aparece un aristócrata decadente que colecciona dibujos de Redon.

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“Toda mi originalidad consiste en dar vida, de una manera humana, a seres inverosímiles y hacerlos vivir según las leyes de lo verosímil, poniendo, dentro de lo posible, la lógica de lo visible al servicio de lo invisible”.

“Mis dibujos inspiran, no se definen. No determinan nada. Ellos los colocan en el ambiguo mundo de la indeterminación. Se trata de una especie de metáfora”.

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“¿Lo que distingue al artista del aficionado? Sólo el dolor que siente el artista. El aficionado busca sólo placer en el arte.”

 

Odilon Redón murió en París el 6 de julio de 1916.

 

 

 

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La isla de los muertos de Arnold Böcklin

Hay pocas pinturas que a pesar de la armonía de su composición intranquilicen tanto a quien las contempla.

Los colores son suaves, el mar está en calma… Sí, una barca con una figura blanca estática, como amortajada, pero erecta se dirige a una isla, eso da que pensar.

Su autor Arnold Böcklin realizó cinco versiones del cuadro entre 1880 y 1886 de las que solo se conservan cuatro. Hitler adquirió la tercera versión en calidad de canciller del Reich y en un primer momento lo conservó en su casa de Berchtesgaden para luego colgarlo en la Cancillería. Ante él se retrató en una fotografía de prensa junto a Molotov, en aquella época ministro de asuntos exteriores de la Unión Soviética. Un año más tarde las tropas alemanas invadieron la URSS.

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La cuarta versión la adquirió el barón Von Thyssen, esta también se encontraba en Berlin hasta que desapareció durante la II Guerra Mundial dándose hoy en día por perdida.

Böcklin nunca dio explicaciones sobre su significado, el título: La isla de los muertos se lo debe a un marchante de arte.

Se dice de ella que influyó en Dali, De Chirico, Rubén Dario, Rilke, Rachmaninov. La obra se hizo tan popular que se reprodujo como litografía y que tanto Lenin como Herman Hesse habían tenido una de ellas decorando las paredes de sus casas.

No se sabe en que lugar se inspiró el autor para pintarla, algunos creen que fue en la isla de Isquia, otros que en la de Ponza o la de Kotor, incluso en el cementerio de los Ingleses de Florencia.

Lo cierto  es que aún sigue siendo fuente de inspiración en nuestros días.

En el cine: La isla Skull o de la Calavera, donde vive King Kong.

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En la película Furia de titanes (1981): Perseo cruzando el río Styx.

 

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En cómics como Martin Mystère:

Martin Mystere

O la versión del dibujante Milo Manara:

Isla de los muertos. Milo Manara

Incluso en la Diagonal de Barcelona, en el cruce con el Passeig de Sant Joan, hay un monumento a Verdaguer que se inspiró en La isla de los muertos como aseguraba Vidal-Folch:

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Es un cuadro que siempre me ha impresionado y me ha atraído a la vez, y no es por la barca, ni por Caronte ni por la extraña caja adornada que porta:
 
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Ahora lo sé. Es por los cipreses. En cualquier cementerio son los árboles los que cobijan y rodean a los muertos, pero en el cuadro de Böcklin: la isla, los hipogeos, los muros de piedra guardan y protegen a los cipreses. Todo se centra y se dirige a ellos como si fueran lo único vivo, lo único que importa.
 
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¿Qué tienen los otros árboles que no tenga yo?
Yo no soy triste,
lo que pasa es que todos me miráis con tristeza.
El ciprés del cementerio (Gloria Fuertes)