Fotografía

Elúltimo beso

Nueva York, 8 de diciembre de 1980. Aquella mañana John Lennon y Yoko Ono tienen una agenda complicada, sesión de fotos, entrevista radiofónica y estudio de grabación a las 6. Salen de su apartamento del edificio Dakota a las 9 para desayunar y hacer algunos encargos, vuelven dos horas más tarde para la sesión fotográfica que tienen programada en su casa.

Anne Leibovitz, una fotógrafa que empieza  a ser conocida y que ha trabajado para revistas como Vogue, Vanity Fair y Rolling Stone, les está esperando. 

La revista Rolling Stone le ha encargado fotografiar a Lennon en su casa, pero ella toma fotos de la pareja.

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Le había impresionado la portada de su último álbum “Double Fantasy” en donde están los dos besándose en un primer plano.

“En la foto que yo quería tomar me los imaginé juntos. Y no fue muy difícil imaginarlos sin ropa porque era algo que hacían todo el tiempo”, explicó en una conferencia del Festival de Cannes de 2013.

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“Pero lo que sucedió a último minuto fue que Yoko no se quería quitar la ropa. Así que, seguimos adelante con la foto, y resultó en esta impactante foto de Yoko vestida contra un John desnudo”, agregó la fotógrafa.

La pareja felicitó a Leibovitz por el trabajo realizado.  “Eso es, esa es nuestra relación”, dijo Lennon. Quedaron en volver a verse para ver el resultado. Cinco disparos de David Chapman a las 11 de la noche delante de la puerta de su casa lo impidieron.

Aquella fue una de las fotos más icónicas de la cultura pop. Fue la portada de un número especial de la revista Rolling Stone de enero de 1981, solo la imagen, sin ningún texto.

Es casi una premonición de lo que iba a pasar pocas horas después. Lennon desnudo, con los ojos cerrados y en posición fetal se aferra a Ono vestida de negro, ella tiene la mirada ausente y un rictus de tristeza en los labios.

Aquel sería su último beso.

“Ese beso de despedida que se asemeja a saludo, esa última mirada de amor que se convierte en la más aguda punzada de dolor”. (George Eliot).

 

 

 

“Este es de hecho un ejemplo perfecto de cómo las circunstancias cambian una fotografía. La ves y piensas que es su último beso, o que se están despidiendo. Puedes inventar todo tipo de historias acerca de ella. Creo que es increíble cuando hay muchos niveles de lectura en la misma fotografía”, reflexiona Leibovitz.

 

 

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Los ojos del Guernica

Café Les Deux Magots, París 1936. Una joven sentada en una de las mesas juega con una navaja a clavarla entre sus dedos. Lleva sangre en el guante. Picasso entra acompañado por Paul Éluard, la observa, se acerca y empieza a hablar con ella. Al despedirse le pide el guante. No se vuelven a encontrar hasta meses más tarde en casa de unos amigos comunes en Mougines. Ya nada volverá a ser igual para ninguno de los dos.

La mujer es Dora Maar, tiene veintiocho años, él cincuenta y cinco. Es fotógrafa, pintora y poeta, en aquel momento es la amante de George Bataille con quien había experimentado todas las transgresiones, y en todos los escenarios, llevándolo al cúmulo de su productividad como escritor. Con Picasso pasa igual. Dora es quien le inspira, la que le propone el local para realizar la obra de grandes dimensiones que ha de reflejar los horrores de la Guerra Civil española, un piso en la Rue des Agustines, el mismo en dónde Balzac había ambientado su novela “La Obra Maestra desconocida” y que Dora había frecuentado con Bataille. Es ella la que se encarga de fotografiar la realización de la obra.

 

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 Son de ella las caras de todas las mujeres del cuadro, son de ella las lágrimas, son de ellas todos los ojos del Guernica, los del toro también.

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Él la llama “La mujer que llora”.

Pero Picasso la absorbe, la aniquila, hace que deje de ser un referente artístico para los surrealistas, que olvide su personalidad, que pase a ser otra de sus mujeres “locas” (dos de las cuales se suicidaron).  Cuando la deja en 1943, Dora Maar cae en una depresión psicótica que necesita internamiento psiquiátrico durante once días y luego desaparece del mundo recluyéndose hasta su muerte en 1997 en su piso de París en la Rue Savoie, 6,  junto a más de cien obras de Picasso y muchas de sus geniales fotografías.

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“Después de Picasso solo Dios”, le dijo a su analista.

Todo el mundo conoce al pintor, sus cuadros, su energía, la expresión de su cara, su mirada.

Rafael Alberti le dedicó un poema “Los Ojos de Picasso” :

Siempre es todo ojos.
No te quita ojos.
Se come las palabras con los ojos.
Es el siete ojos.
Es el cien mil ojos en dos ojos.
El gran mirón
como un botón marrón…

Vale la pena oírlo con la voz del poeta:

Pero los ojos del Guernica, así como tantos otros, no eran los de Picasso, eran los ojos de Dora Maar.

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Buscando la libertad en el agua

“Buscando la libertad en el agua” (Burkini Island) es un trabajo de la fotógrafa y documentalista estadounidense Anna Boyiazis que ha ganado el Segundo Premio “Historias de personas” en el Word Press Photo 2018 que ahora se exhibe en “Visa pour l’ image” de Perpignan.

En él se muestran las desigualdades en la educación de las mujeres en Zanzibar, en algo tan simple como el saber nadar, que  no solo las discrimina sino que mantiene al continente africano en el primer lugar de ahogamientos del mundo.

“Tradicionalmente, las muchachas que viven en el archipiélago de Zanzibar son disuadidas de aprender a nadar, en gran parte debido a las restricciones de la cultura islámica, pero también porque no pueden tener trajes de baño aceptables. Pero en los pueblos del norte de Zanzibar, el proyecto “Panje” (Pez Gordo) ofrece la oportunidad a las mujeres y a las niñas de aprender a nadar llevando bañadores que cubren todo su cuerpo, para poder bañarse sin comprometer sus creencias culturales o religiosas”.

También les enseña técnicas de seguridad acuática y las capacita para enseñar a otras mujeres.

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Quizás desde aquí consideremos el uso de burkinis como algo inaceptable, pero para ellas es el principio de la libertad. Es el aprender algo vital que hasta ahora había estado prohibido.
Pero como dice Eduardo Galeano:
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Cambiar el mundo y mejorarlo:

“Ama” significa “mujer de mar” en japonés, y es el título de este bellísimo cortometraje de Julie Gautier grabado bajo el agua en la piscina más profunda del planeta.

No hacen falta palabras, Julie es hija de una bailarina y de un pescador japonés y, de esta bella fusión, nace su manera de mirar el mundo a través del arte.

 

…Mujeres, derramad agua,
por favor;
cuando todo se quema,
sólo las pavesas vuelan
al viento.

F.Garcia. Lorca

 

 

Fotopoemario. Brossa/Madoz

Regalo para empezar bien las vacaciones: Un fotógrafo, Chema Madoz (Madrid, 1958) y un poeta Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998). Desde la imagen y la palabra consiguen descifrar la memoria de algunos objetos cotidianos. Fotopoemario es un libro con doce fotos y doce poemas escritos en catalán y en castellano. 

I- IMAGEN

 

Un peinado con la raya al medio

contribuye a alargar aparentemente

la nariz, y una peluca rapada

aplana la cabeza.

 

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III-GAFAS

Te las digo y no me entiendes.

Te las enseño y no las encuentras.

 

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IV- TOMADURA DE PELO

 

La cantautora no canta, sólo

abre y cierra la boca procurando

seguir lo más fielmente posible

la grabación.

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VIII- COSMOS

 

Dice que se desconoce el papel que juegan

los campos magnéticos en la formación de

estrellas y que tampoco conocemos bastante las

características del polvo y el gas interestelares de

los cuales nace la nueva generación de estrellas.

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 Es un libro fresco y divertido, es como tirarse a una piscina en verano.

Una cierta oscuridad

Una mañana del año 1911, en París, un hombre con bata blanca entró en el museo del Louvre y robó la Gioconda sin que nadie se diera cuenta de ello hasta el día siguiente.

La noticia se propagó por todo el mundo y el espacio vacío que había dejado el cuadro se convirtió en un punto de peregrinaje al que acudieron muchos curiosos para verlo y también artistas como Picasso, Apollinaire (a los cuales incluso se les llegó a acusar de haber sido los autores), Kafka …

 

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“Una cierta oscuridad” es el nombre de una exposición que se muestra ahora en CaixaForum de Barcelona y que parte de la base de lo que sugiere este hecho.

El caso es que no pensaba verla, yo iba a ver otra exposición sobre el antiguo Egipto: “Faraón”. Me gustó, sí, muchos medios, piezas interesantes, mucha gente, pero no me aportó demasiado. Cuando ya estaba a punto de abandonar el museo descubrí otra sala, la de la foto del vacío que dejó la Gioconda y entré sin pensar, como siguiendo la música del flautista de Hamelin.

En esta muestra se valora lo que no se ve, la ocultación, la mirada y la no mirada. Es una crítica a la sobrevaloración de lo visual que tan importante es en nuestros tiempos.

“Si no lo veo no lo creo, si lo veo ya no tengo porqué plantearme nada”.

Son juegos con el ver y el no ver, con la ausencia y la presencia. Como uno de los poemas visuales de Joan Brossa, sin palabras y con tan solo un estuche vacío de compases para homenajear a Leonardo Da Vinci.

Como una poesía de Pedro Salinas

¡Qué paseo de noche
con tu ausencia a mi lado!
Me acompaña el sentir
que no vienes conmigo…

Es el recuerdo de una huelga de 2012. La que hizo Ira Lombardía (artista e  influencer) al eliminar de su web todas las imágenes visuales para defender la ecología de la imagen y no contribuir a la bulímia icónica. Una pausa de la mirada y a la vez un acto de rebeldía y resistencia.

 

 

Iraida Lombardía - I'm on strike (2012)

Por cierto la Gioconda antes del robo era un cuadro más de Leonard Da Vinci, lo que contribuyó a su fama, a que fuera uno de los cuadros más famosos del mundo, fue su desaparición y todas las reproducciones que se hicieron durante esos años.

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Esta es una de las fotos que cierra la exposición. Es de Martin Parr.

Da que pensar. A veces lo que tenemos delante de los ojos no nos deja apreciar lo que de verdad queremos ver.

 

 

¿Por qué me sigues?

Si no hace falta, si sé cuidarme sola, si no te necesito.

 

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Pero tú no me creías y nunca me abandonabas.

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A veces hasta te ocultabas en la pared para despistarme.

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Decías que lo hacías por mí, que desde que el mundo es mundo las cosas funcionan así y yo casi me había resignado. 

Pero ayer…

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Como siempre me seguiste hasta en las penumbras por si acaso te necesitaba, dijiste.

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Ayer…

Respiré hondo, salí al exterior y sentí como el sol me liberaba de ti.

 

 

 

George Redhawk. El artista ciego

Nacido en California (EE.UU), George Redhawk es un artista digital especializado en animación gráfica multimedia (motion graphics) y en efectos especiales para transformación de las imágenes (morphing). Su obra se centra en la creación de gifs a partir de fotografías de otros artistas consiguiendo mutaciones entre imagen y movimiento.

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George Redhawk antes daba clases en la facultad de medicina sobre flebotomía y tecnología con rayos X. Un día empezó a manifestar cambios en su visión y fue diagnosticado de hemeralopía, perdida de visión periférica y Síndrome de Charles Bonnet. Como el pronóstico era muy malo y la ceguera progresaba rápidamente se dedicó a buscar en internet información sobre su enfermedad y sus posibilidades. Eso le llevó a descubrir softwares diseñados especialmente para personas con discapacidad visual. De este modo se inició en el mundo de la manipulación fotográfica digital y descubrió la belleza del arte y su expresividad.  Su colección de obras se recoge bajo el título The World Through My Eyes (El mundo a través de mis ojos).

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Él lo explica así:

“El objetivo de mi arte es desafiar la percepción del sentido de la vista. Aunque tenga los ojos dañados y sea un reto constante para mí, mis obras son una forma de mostrar el mundo a través de mis ojos sin ver necesariamente”.

 

 

“Mi arte es único en muchos niveles diferentes. Es una técnica que desarrollé usando un software que no fue diseñado para hacer esto. Es una expresión de mi ceguera y de las emociones, retos y alucinaciones visuales que experimento cada día. El síndrome de Charles Bonnet es algo de lo que muchos en la comunidad ciega o con defectos visuales raramente hablan. Mi mente trata de compensar los datos defectuosos enviados desde mi visión dañada llenando los espacios en blanco con información falsa, lo que resulta en una versión siempre cambiante, transitiva y transformadora de la «visión» mientras trato de discernir lo que estoy viendo. Es esta experiencia la que proyecto en mi estilo de arte particular”.

 

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Hoy en día Redhawk ha perdido el 90% de visión, pero continua creando gracias a la tecnología.

El jardín de mi vida. Gaspar Burón

En el principio fue el Edén, un espacio de belleza, armonía y abundancia en donde nada necesitaba cambiar porque la perfección no admite cambios. Es lo que llamamos felicidad y que nunca dejamos de añorar.

 Pero ¿Y si no lo hubiéramos perdido? ¿Y si lo tuviéramos muy cerca? ¿Y si cada uno de nosotros fuéramos el jardín?

Gaspar Burón en “El jardín de mi vida” nos ofrece su cuerpo como espacio sagrado, como territorio en donde se recrean los sentidos, como campo fértil de cultivo.

En ese jardín él es arquitecto y jardinero. En él planta setos bajos con sus pies, construye piscinas secas con su ombligo, hace crecer césped de su torso, flores de sus pezones, hortalizas de su nariz y de su boca. Allí las orejas se convierten en árboles delicadamente podados, las manos en frondosos arbustos. Allí sus ojos son estanques.

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Su obra nos permite pasear por escenarios en permanente transformación en donde el paso del tiempo es muy visible, a diferencia del jardín del Edén. En esos lugares la naturaleza es sometida por los hombres y no por los dioses.

Su jardín es un espacio de contemplación, de reflejos en las aguas de la memoria y está abierto al público, porque todos podemos recrearnos en él, pero que tiene secretos, los que nacen de la experiencia y de la sabiduría y que solo son otorgados a la persona que lo construye.

Gaspar Burón nos invita a disfrutar, a compartir el olor de las flores, la sombra de los árboles, la armonía de los setos reflejados en el agua del estanque. A reflexionar sobre nuestro propio jardín y reconocernos como únicos creadores de lo que somos y vivimos.

Así lo decía Fernando Pessoa: “Sigue tu destino, riega tus plantas, ama tus rosas. El resto es la sombra de árboles ajenos”.

 

 

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Liu Bolin. El hombre invisible

Liu Bolin (Shandong 1973) es un artista, escultor y fotógrafo chino. Se le conoce como “El hombre invisible” por su serie fotográfica “Escondido en la ciudad” en ella se mimetiza con escenarios urbanos, con obras arquitectónicas, con paisajes. Se convierte en escalera, en una calle de Venecia, en el toro de la Bolsa de Nueva York, en un tractor…

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Todo empezó en 2005. Las autoridades chinas demolieron el pueblo artístico en donde él trabajaba: Suo Jia Cun que era considerado la mayor congregación de artistas en Asia. El estudio de Liu fue destruido y él decidió utilizar su arte como protesta silenciosa por la falta de protección del gobierno chino hacia sus artistas. Usó su propio cuerpo pintando sobre él durante horas para desaparecer en un mundo que muchas veces es hostil.

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“Después de graduarme de la maestría… me sentía como un extra innecesario en el mundo. En ese momento comenzaron a demoler la zona donde estaba mi estudio y quería expresarme con la única forma que lo sabía hacer: con el arte. Mi primera obra fue una protesta”.

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Bajo su capa de hombre invisible nos recuerda que para el sistema las personas no somos importantes.

¿Quién no se ha sentido alguna vez así?

 

PETER HUJAR. A LA VELOCIDAD DE LA VIDA O EL TIEMPO CONGELADO

Ésta es la primera vez que las fotografías de Peter Hujar (Trenton, 1934-Nueva York, 1987) salen de la Morgan Library & Museum de Nueva York para mostrase al público de una manera itinerante, y lo hacen en la Fundación Maphre de Barcelona.

Es una exposición cuyo recorrido corresponde a los deseos y a la personalidad de su autor porque las fotografías no siguen ningún orden cronológico ni temático, sino que están agrupadas en  “yuxtaposiciones enérgicas”, en asociaciones que reflejan su manera de ver el mundo y sus preocupaciones.

Peter Hujar era un artesano del retrato, no sólo por trabajar a la perfección los contrastes del blanco y negro, como en esta foto en donde congela el tiempo en el juego de una niña blanca en un sillón blanco. Es artesano, también, por revelar e imprimir él mismo todos sus negativos con precisión y esmero de alquimista.

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Por poder crear esa atmósfera intima capaz de establecer un triángulo mágico entre personaje, fotógrafo y espectador.

hujar bebe Como en esta foto, en la que podemos notar la ternura en las manos que sostienen al bebé, palpar la rugosidad de su ropita, sentir la emoción, o quizás el frío, al percibir la piel de gallina del pecho de su madre. 

Empieza trabajando como fotógrafo de moda a finales de los años 60 y principios de los 70, pero “eso no era para mi”, según sus propias palabras. Recibe clases magistrales de Richard Avedon quien le ofrece trabajo y colaboración, pero lo no acepta porque una de sus prioridades era la libertad. Se vincula a los movimientos de liberación homosexual de Nueva York y a la contracultura retratando artistas y escritores como Andy Warhol , Susan Sontang o estrellas famosas como la musa transexual Candy Darling.

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Y lo hace en su lecho de muerte, glamurosa y coqueta, como había sido siempre, pero sin ocultar los elementos que denotan que está en el hospital, porque lo que siempre priorizaba era la verdad. Candy murió días después de un linfoma.

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La de esta marquesa que le acogió en su casa tras su viaje a Italia después de  haber ganado una beca Fulbright. Transmitiendo su aspecto severo, altivo, casi masculino, con la expresión de quien consigue todo cuanto quiere, ayudado por la imagen de su castillo al fondo. 

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Y éste es uno de sus autorretratos. Éste es él, con un gesto con el que parece saludar, pero con el resto del cuerpo a punto de salir corriendo.

Peter Hujar murió a los 53 años en Nueva York a causa del Sida . En sus últimas horas pidió a su amigo y ex-amante David Wojnarowict que filmara su muerte con una cámara de super8 y que tomara fotos de 23 partes de su cuerpo una vez hubiera fallecido. Nadie supo nunca el porqué de aquel número.

 

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