Literatura

Cuentos que fueron verdad. Blancanieves

El 5 de junio de 1725, en la localidad alemana de Lohr, a orillas del río Meno, nació una niña llamada María Sophia Margaretha Catharina von Erthal, era la hija del principe y condestable de Kurmainz en Lohr: Philipp von Erthal y de Maria Eva von Bettendorf.

Blancanieves

La familia vivió feliz en el castillo de Lohr am Maine, rodeado por un espeso bosque y siete colinas, hasta que la madre falleció en 1741. Dos años después el padre se casó con Claudia Elizabeth Maria von Venningen, condesa de Reichenstein, quien priorizó a los hijos habidos en su primer matrimonio ante Sophia dado que su marido estaba siempre ausente.

La niña era muy popular en la población por ser alegre y bondadosa a pesar de que era casi ciega por haber pasado la viruela de muy pequeña. Se decía que siempre que podía estaba acompañada de los niños que trabajaban en las minas cercanas de Bieber,  estos llevaban largos abrigos y gorros de colores para protegerse del frío en las galerías de las minas a las cuales solo tenían acceso las personas de tamaño muy reducido.

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El farmacéutico e historiador Karlheinz Bartels, en 1986, publicó un estudio sobre el cuento de “Blancanieves” relacionándolo con Lohr y con Sophia von Erthal. Las similitudes de la historia van más allá de la ficción porque en el castillo de Lohr había un espejo que hablaba. Era un “espejo parlante”, un juguete acústico que reverberaba el sonido de quien pronunciaba alguna palabra delante suyo.

Ese espejo fue un regalo del principe Philipp von Erthal a su segunda esposa. Tiene 1,60 metros de altura y aún se puede admirar en el museo del Spessart, del castillo de Lohr procede de la fábrica de cristal de la ciudad, fundada en 1698, la cual fue muy famosa por sus manufacturas en vidrio y sus espejos. Estos siempre llevaban un aforismo pintado en el marco. En el del castillo de Sophia aún se puede distinguir, está dentro de los medallones superiores. Se lee “Amour Propre” (Amor propio).

El espejo era de tal calidad que se creía que “siempre decía la verdad”.

La losa de la tumba de Sophia Maria von Erthal se conserva en el museo diocesano de Bamberger, en Baviera, fue encontrada hace unos años en una propiedad privada.

 

 

 

 

Se decía que era un “espejo parlante”,

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Conejos de verano

“Los animales aceptan y los humanos esperan. Nunca oirás a un conejo decir: espero que el sol salga esta mañana para poder ir al lago a jugar. Si el sol sale o no sale, no estropeara el día al conejo. Es feliz siendo un conejo”. El caballero pensó en esto. No recordaba a ninguna persona que fuera feliz simplemente por ser una persona”.

(Robert Fisher, 1922-2008). Escritor estadounidense. “El caballero de la armadura oxidada”).

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“La imaginación es un demonio persistente, el mundo sería en blanco y negro sin ella, viviríamos en un paraíso de militares, fundamentalistas y burócratas, donde la energía hoy invertida en la buena mesa y el buen amor se destinaría a otros fines, como matarnos unos a otros con mayor disciplina. Si nos alimentáramos sólo de frutos silvestres y copuláramos con inocencia de conejos, nos ahorraríamos mucha literatura.“

(Isabel Allende, 1942. Escritora chilena).

 

El hombre es el único ser que consume sin producir. No da leche, no pone huevos, es demasiado débil para tirar del arado y su velocidad ni siquiera le permite atrapar conejos. Sin embargo, es dueño y señor de todos los animales“

 (George Orwell, 1903 – 1950. Escritor y periodista británico).

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“La coneja quisiera que todo fuese negro, y el búho que todo fuese blanco.“

( William Blake, 1757 – 1827. Poeta y pintor inglés). 

 

“¿Cuánto dura la eternidad? -preguntó Alicia-A veces, solo un segundo -respondió el conejo“

(Lewis Carroll, 1832- 1898. Escritor, matemático, fotógrafo inglés. “Alicia en el país de las maravillas”).

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Las ideas son como los conejos. Usted recibe una pareja, aprende a cuidarla, y muy pronto tiene una docena.

(John Steinbeck, 1902-1968. Escritor estadounidense).

 

De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. 

(Julio Cortázar, 1914-1984. Escritor. “Bestiario”).

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¡Eh, sabueso! No te comas crudo ese conejo muerto delante de mis narices -caliéntalo un poco. 

(Jack Kerouac, 1922-1969. Novelista estadounidense. “Poemas dispersos”).

 

Los conejos no son muy buenos conversadores… Sólo saben hablar de zanahorias y de sexo. 

(Marian Keyes, 1963. Escritora irlandesa. “Lucy Sullivan se casa”).

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Por qué te gustan tanto los conejos? (…) Me gusta acariciarlos. Una vez en una feria vi unos de ésos con el pelo muy largo. Y eran bonitos, sí señor. A veces acaricio ratones, pero sólo cuando no consigo algo mejor. 

(John Steinbeck, 1902-1968. Escritor. “De ratones y hombres” ).

 

 

Conejo en el campo de lavanda.

 

 

 

No lo leas ahora. Marga Gil

“No lo leas ahora”. Esas fueron las últimas palabras que la escritora y escultora Marga Gil Roësset (1908 – 1932) le dijo a Juan Ramón Jiménez mientras le dejaba una carpeta encima de su escritorio. Contenía la revelación de su amor hacia él y la decisión de poner fin a su vida. El poeta y premio Nobel no la abrió, cuando lo hizo fue demasiado tarde. Encontraron a Marga con un disparo en la cabeza en casa de sus tíos en las Rozas, antes había destruido todas las esculturas de su estudio menos un busto de Zenobia Camprubí, la esposa de Juan Ramón. Tenía 24 años. Era el 28 de julio de 1932.
Marga Gil Roësset, pintora y escultora española, en 1932.
La carpeta contenía su diario y una declaración de amor escrita las últimas semanas de su vida:

 

“…Y es que…

Ya no puedo vivir sin ti

…no… ya no puedo vivir sin ti…

…tú, como sí puedes vivir sin mí

…debes vivir sin mí…”.

                       …

“…Y no me ves… ni sabes que voy yo… pero yo voy… mi mano… en mi otra mano… y tan contenta…

…porque voy a tu lado”

                  …

«Pero en la muerte, ya nada
me separa de ti… sólo la muerte
sólo la muerte, sola… y,
es ya… vida ¡tanto más cerca así
…muerte… cómo te quiero!».

El diario fue robado en 1939 de la casa de Juan Ramón Jiménez mientras el poeta estaba en el exilio. Parte de él fue publicado en 1997 por ABC y en 2015 se editó por la fundación Lara con el título de ” Marga ” 

Ahora se empieza a reivindicar la obra de Marga Gil, porque ella fue una niña genio, hablaba inglés, francés y alemán, practicaba deporte, escribía, esculpía, dibujaba.

Junto a su hermana Consuelo, que escribió el texto con 14 años, realizaron un libro: “El niño de Oro” en 1920, ella hizo los dibujos con 12 años.

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La primera vez que Marga Gil le escribió unas letras a Zenobia Camprubí era en la dedicatoria de ese libro, las hermanas se lo hicieron llegar por la admiración que sentían  hacia la traductora de Rabindranath Tagore: «Para ti, que no nos conoces y sin embargo ya eres nuestra amiga».

A los 15 años Marga abandonó el dibujo y se dedicó a la escultura. Su familia contactó con Victorio Macho para que la formara, pero el prestigioso escultor, al ver la extraordinaria obra de aquella muchacha, se quedó tan impresionado que rehusó darle clase para no adulterar su talento.

En 1930, con 21 años, Marga presentó una de sus esculturas en la Exposición Nacional de Bellas Artes, “Adán y Eva”. Así la explicó ella:

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…”Son «Adán y Eva, padres del género humano. Viejos como el mundo. Atlético él, fuerte como para engendrar a todos los hombres. Débil ella, apoyada en el robusto pecho del hombre, pero amplio su seno como para amamantar a toda la Humanidad».

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Este es el busto que realizó de Zenobia, a ella no le gustó, dijo que la chica se había empeñado en hacerlo pero que preferiría que se lo hubiera hecho a su gato de escayola. Tras la muerte de Marga, el matrimonio mandó hacer un aparador de roble sobre el que puso el busto esculpido por “la niña”.

Antes de morir la escultora dejó escritas tres cartas: una para sus padres, otra para su hermana Consuelo y, por último, una para Zenobia.

«Zenobita… vas a perdonarme… ¡Me he enamorado de Juan Ramón! (…)
perdóname…porque si me hubiese dicho que sí… ay… a pesar de que la idea de amistad es para mí sagrada… y tú eres mi amiga… y de verdad te quiero mucho… y me gustas mucho… pues… con ser todo eso tanto!… yo habría pasado por todo… por todo lo que fuese precioso… pero claro como soy yo sola a querer… creo mucho mejor matarme ya… que si en él no puedo… y… con él no puedo… … … perdóname Azulita… por lo que si él quisiera yo habría hecho.
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Juan Ramón Jiménez, en uno de sus libros, escribió lo que sintió al verla por primera vez:

“Sentada tenía una actitud de energía, brazos musculosos, morenos, heridos siempre de su oficio duro. Y al mismo tiempo ¡tan frágil! Llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro».

 

 

“Todo esto da asco. No palabras. Un gesto. No escribiré más”.

Estas fueron las últimas palabras que escribió Cesare Pavese en su diario, el 18 de agosto de 1950, nueve días antes de su suicidio en Turín.

El oficio de escribir es la obra que recopila el diario integro de este gran autor (Belbo 1908-Turín 1950) autor de La playa, El bello verano, traductor de Melville, Joyce, Dickens, poeta y ensayista. En ella reflexiona sobre la literatura y la vida, sobre la historia, el sexo, el arte de escribir, y sobre todo la muerte, una de sus obsesiones. El diario recoge todas sus reflexiones entre 1935 y 1950.

Es un acopio de pensamientos, de aprendizajes, de introspección que se van ordenando según el paso de los días, son como ejercicios de autoconocimiento: 

28 octubre, 1935

“Comienza la poesía cuando un majadero dice del mar «Parece aceite». No es en absoluto una descripción muy exacta de la bonanza, sino el placer de haber descubierto la semejanza, el cosquilleo de una misteriosa relación, la necesidad de gritar a los cuatro vientos que se ha notado”.

3 de diciembre, 1938

“Al leer no buscamos ideas nuevas, sino pensamientos ya pensados por nosotros que adquieren en la página un sello de confirmación. Nos impresionan las palabras ajenas que resuenan en una zona ya nuestra -que ya vivimos- y al hacerla vibrar nos permiten encontrar nuevos motivos dentro de nosotros mismos”.

23 de junio, 1947

“Un discurso electoral tiene la naturaleza de un rito religioso. Se escucha para oír lo que ya se pensaba, para exaltarse en la común fe y confesión”.

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Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada”.

 

 

El último amor de Cesare Pavese fue la actriz norteamericana Constance Dowling, (ex-amante de Elia Kazan). Se conocieron en Roma y fue la musa que inspiró muchas de sus poesías, entre ellas una de las últimas:

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, cara esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

 

Cuando ella rompió la relación, Pavese no pudo soportarlo. El 27 de agosto de 1950, en el hotel Roma de Turin, puso fin a su vida ingiriendo seis sobres de somníferos, de la misma manera en que se suicidaba uno de sus personajes de su obra ” Entre mujeres solas”. 

Dejó una última nota:

“Perdono a todos y a todos pido perdón. ¿De acuerdo? No chismorreen demasiado”.

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La vida es un cuento contado por un idiota

La frase es de Shakespeare, concretamente de la escena 5ª del V acto… de Macbeth.  Si hay alguien que ha podido plasmar en sus escritos todas las pasiones y todos los estados del ánimo humano es él, y no solo eso, en cada una de sus obras, según en el momento vital en el que las lees, te puedes identificar con uno de sus personajes, desde el héroe hasta el villano. Eso es literatura, o mejor dicho, es el conocimiento profundo del mundo y de todo lo que hay en él.

«Conservar algo que me ayude a recordarte seria admitir que te puedo olvidar».

“Romeo y Julieta”.

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El beso. Francesco Hayez

«De todas las bajas pasiones, el miedo es sin duda la más maldita»

Enrique IV.

el grito

“El grito”. Edvard Munch.

«Si los hados quieren hacerme rey, lo harán sin que yo busque la corona».

“Macbeth”

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Fragmento de “La coronación de Napoleón” Jaques Louis-David.

«La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido».

“Macbeth”

 

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“El cuadro de heno”. El Bosco.

 

 

“La unión de dos almas sinceras
no admite impedimentos.
No es amor el amor
que se transforma con el cambio,
o se aleja con la distancia.
¡Oh, no! Es un faro siempre firme,
que desafía a las tempestades sin estremecerse.
Es la estrella para el navío a la deriva,
de valor incalculable, aunque se mida su altura.
No es amor bufón del tiempo, aunque los rosados labios y
mejillas caigan bajo el golpe de su guadaña.
El amor no se altera con sus breves horas y semanas,
sino que se afianza incluso hasta en el borde del abismo.
Sí estoy equivocado y se demuestra,
yo nunca nada escribí, y nadie jamás amó.”

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Sentido y sensibilidad. Película de Ang Lee basada en la novela homónima de Jane Austen en donde se recita el soneto.

“Yo trabajo como un hortelano”. El testamento creativo de Joan Miró

En 1958 el crítico de Arte Yvon Taillandier se reunió con Joan Miró para hablar de su obra. De esa conversación surgió el libro ( de apenas cincuenta hojas) “Yo trabajo como un hortelano” que recoge su filosofía creativa y su testamento vital.

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En 1964 se publicó una edición en castellano de solo 600 ejemplares de los cuales los 45 primeros contenían una litografía original firmada por el autor. Esta obra, por ser tan limitada, había estado agotada hasta ahora. En diciembre de 2018 la Editorial Gustavo Gili la volvió a editar en un formato más sencillo acercándola de nuevo a los lectores.   

Empieza así:

“Soy de un natural trágico y taciturno. En mi juventud, pasé períodos de profunda tristeza. Ahora soy bastante equilibrado, pero todo me disgusta: la vida me parece absurda”.

Habla de cómo se inspira para crear:

…”Lo voluntario en mí es la tensión de espíritu”…La atmósfera propicia a esta tensión la hallo en la poesía, la música, la arquitectura…en mis paseos cotidianos, en ciertos ruidos…

“Las cosas inmóviles me resultan grandiosas, mucho más grandiosas que lo que se mueve. Lo que busco, en efecto, es un movimiento inmóvil, algo que sea el equivalente de lo que se llama la elocuencia del silencio, o lo que San Juan de la Cruz designaba con las palabras, creo, de música muda”.

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De donde le vienen las ideas:

“Llego a un mundo partiendo de una cosa que se pretende muerta. Y como le pongo título aún resulta más viva”.

“De todas maneras, necesito un punto de partida, aunque fuese tan solo un grano de polvo o un resplandor luminoso. Esta forma procrea una serie de cosas, pues una da nacimiento a otra”.

“Las cosas más simples me dan ideas. Un plato en el que un campesino come su sopa”.

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Habla de la vida de los objetos:

“Para mi un objeto es algo vivo. Este cigarrillo, esta caja de cerillas contienen una vida secreta mucho más intensa que ciertos seres humanos”.

“Así un trocito de hilo puede desencadenar un mundo. Llego a un mundo partiendo de una cosa que se pretende muerta”.

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De la importancia del título:

“Hallo los títulos de mis obras a medida que trabajo, encadenando una cosa a otra en la tela. Cuando he encontrado el título, vivo en su atmósfera. Para mí, el título resulta entonces una realidad cien por cien; como les sucede a otros con el modelo, una mujer echada, por ejemplo. El título es, para mí, una realidad exacta”. 

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Del anonimato:

“El anonimato me permite renunciar a mí mismo, llego a afirmarme más aún. De igual modo el silencio es un rechazo del ruido, pero , el menor ruido en el silencio resulta enorme”.

“La misma tendencia me hace buscar el ruido escondido en el silencio, el movimiento en la inmovilidad, la vida en lo inanimado, lo finito en lo infinito, las formas en el vacío y mi yo en el anonimato”.

De cómo trabaja:

“Trabajo en un estado de pasión y de arrebato. Cuando empiezo una tela, obedezco a un impulso físico, a la necesidad de lanzarme; es como una descarga física”.

“Lo importante para mi es que se perciba el punto de partida, el choque que lo determinó”.

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El libro acaba completando la frase que lo inició:

“Por el mismo engranaje, mi pintura puede considerarse como humorística y alegre, aunque yo sea trágico”.

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Una obra de Arte.

Soy Teresa Wilms Montt, y no soy apta para señoritas

“Soy Teresa Wilms Montt… y aunque nací cien años antes que tú, mi vida no fue tan distinta a la tuya. Yo también tuve el privilegio de ser mujer. Es difícil ser mujer en este mundo. Tú lo sabes mejor que nadie. Viví intensamente cada respiro y cada instante de mi vida. Destilé mujer. Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo.

Cuando me dieron la espalda, yo di la cara.

Cuando me dejaron sola, di compañía.

Cuando quisieron matarme, di vida.

Cuando quisieron encerrarme, busqué libertad.

Cuando me amaban sin amor, yo di más amor.

Cuando trataron de callarme, grité.

Cuando me golpearon, contesté.

Fui crucificada, muerta y sepultada por mi familia y la sociedad.

Nací cien años antes que tú y sin embargo te veo igual a mí.

Soy Teresa Wilms Montt, y no soy apta para señoritas”.

 

La escritora Teresa Wilms Montt nació en 1893 en Viña del Mar, Chile. Era bella, apasionada, de sangre aristocrática y descendiente de cuatro presidentes de la República chilena. Fue  feminista, anarquista, masona. Hablaba cinco idiomas.

Pocas personas han tenido una vida tan intensa y tumultuosa como ella. Se casó a los diecisiete años con Gustavo Balmaceda en contra de la voluntad de la familia de ambos. Se trasladó a Iquique en donde se relacionó con bohemios y sindicalistas. Allí tuvo a sus dos hijas y se inició como escritora.

Cuatro años después volvió a Santiago. Su marido la alejó de sus niñas acusándola de infidelidad y la internó en el convento de La Preciosa Sangre alegando problemas mentales. Allí intentó suicidarse por primera vez.

“¡Oh sangre mía que fuiste azul y hoy roja luces! Roja de infierno, de pecado, de revolución”…

“Mi suegro conoce todas las infidelidades de Gustavo. A él lo celebran, a mí me condenan como a una enferma”…

El poeta Vicente Huidobro la rescató de allí. Viajó a Argentina en donde conoció a J. Luis Borges, Victoria Ocampo. En Buenos Aires deslumbró a toda la intelectualidad convirtiéndose en una diosa de la noche.

“Yo soy desconcertantemente desnuda, rebelde contra todo lo establecido, grande ante lo pequeño, pequeña ante el infinito”

Allí un joven se enamoró de ella y al ser rechazado se suicidó en su presencia. Teresa le dedicaría su poemario Anuarí para recordarle y corresponderle con un amor literario: 

[…] Me amaste, Anuarí, y alcancé la Gloria suspendida en tus brazos.
Desapareciste, y quedé sola, los ojos náufragos en noche de lágrimas.
Bondadosa ha vuelto tu sombra, entre ella y el sepulcro espera una hora mi alma.

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Más tarde viajó a Nueva York para trabajar como enfermera en la Primera Guerra Mundial y fue acusada de ser una espía alemana.  Visitó Europa, conoció a los españoles Azorín, Ramón Gómez de la Serna, Pío Baroja, Juan Ramón Jiménez  y Ramón Valle-Inclán, quien prologaría uno de sus libros. 

 

En París los amigos le facilitaron un encuentro con sus dos hijas, a las que hacía años que no veía, pero su familia las alejó de ella enviándolas de nuevo a Chile.

Pocos meses más tarde  Teresa ingirió una dosis mortal de Veronal. 

“Amo la Nada, porque la Nada es Todo, y el Todo soy yo cuando pienso y amo”.

Murió la Nochebuena de 1921 a los 28 años. Está enterrada en el cementerio Père-Lachaise de París. 

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Teresa Wilms Montt (1920) por Julio Romero de Torres.

 

–¿Qué hubiera usted querido ser?

–Lo que soy. De cualquier otro modo me habría aburrido más.

 

 

 

 

 

 

 

Tiene que ser aquí. Maggie O’Farrell

Una famosa actriz de cine, Claudette Wells, desaparece en el cenit de su carrera con su hijo y se retira a una granja aislada en Irlanda. Allí conoce a un amerciacano, Daniel Sullivan, que viaja con las cenizas de su abuelo.

Esta es la historia de su relación, de sus familias de como buscar un lugar en el mundo, de secretos, de culpas y abandonos.

Al principio  me costó, demasiada gente, demasiados cambios de fechas, de escenarios, pero pronto, muy pronto entré en ellos y ya no los dejé.

La manera de narrar de Maggie O’Farrell sorprende, hay varias voces, una en primera persona cuando habla Daniel y un narrador en tercera persona que casi es un cámara porque te pasea por los escenarios con un preciosismo y un amor por los detalles que hace que no quieras salir de ahí:

“Lo llevaron a una sala del tamaño de una cancha de baloncesto, con ventanas en tres paredes, alfombras gruesas, de esas en las que uno se hunde hasta los tobillos, sillones de lineas rectas, dispuestos para contemplar la calima de la ciudad, una pared entera de libros, del suelo al techo. Una puerta corredera estaba abierta, lo justo para entrar o salir por ella a una piscina impecablemente lisa, tan quieta como el mercurio”.

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Maggie O’ Farrell describe las emociones desde los sentidos como cuando Maeve, la cuñada de Claudette ve por primera vez a su hija adoptada :

“Maeve la mira. La mira y la sigue mirando. Si fuera líquida, se la bebería; si fuera gaseosa , la respiraría; si fuera píldora, se la tomaría, si un plato la lamería hasta la última migaja”.

Como lo que es conducir por Los Ángeles:

“No quería meterse con ese armatoste de vehículo en el tráfico de Los Ángeles, lento como la melaza, por las autopistas de doce carriles, agarrarse al volante y seguir las instrucciones que le daba la voz robótica del coche, cual Ariadna electrónica…”

En esta pequeña entrevista ella misma nos explica su novela:

 

Es una novela que te adentra en el mundo de las relaciones familiares  de una manera sutil y sin artificios. Me encantó una frase que parece muy simple, casi una obviedad. Quien ha tenido hijos seguro que reconocerá enseguida su profundidad y lo que cambia la intimidad de las parejas.

¿Saben qué es lo curioso de tener hijos de más de diez años? Que no se van a la cama.

Andar, escribir, morir. Robert Walser

Robert Walser fue uno de los escritores más importantes en lengua alemana del siglo XX. Nació en Biel (Suiza) en 1878. Tuvo que realizar múltiples empleos para subsistir y poder seguir escribiendo, como secretario, empleado de banca, sirviente, incluso se formó para ejercer de mayordomo.

Publicó quince libros, entre ellos: “Los hermanos Tanner”, “El ayudante”, “El paseo” ” Jakob von Gunten”, que influyeron  en escritores como Robert Musil y Franz Kafka.

Durante su vida fue autor de prosa, de centenares de poemas y escenas dialogadas. Al final escribió pequeñas anotaciones en una mini-escritura a lápiz y casi ilegibles a simple vista que son sus famosos «Microgramas» recopilados en dos tomos en: “Escrito a lápiz” (1924-1933) y publicados después de su muerte.

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Admiraba lo simple, la naturaleza y sobre todo los largos paseos por las montañas y los bosques.

“cuanta menos acción hay y más pequeño es el entorno que precisa un poeta, tanto mayor suele ser su talento (…) Las cosas cotidianas son lo bastante bellas y ricas como para poder sacar de ellas chispazos poéticos”.

“Esto es libertad (…) algo invernal, algo que no se puede soportar mucho tiempo. Hay que moverse siempre, como lo hacemos ahora, hay que bailar en la libertad. Es fría y hermosa. Pero no te enamores de ella. No haría más que entristecerte, pues solo por breves momentos, y no más, podemos detenernos en las moradas de la libertad”.

Walser en uno de sus paseos

 

En 1929, Walser ingresó en la clínica psiquiátrica de Waldau, en Berna, donde siguió escribiendo. Dejó de hacerlo hacia 1933 al ser llevado a la clínica psiquiátrica de Herisau, contra su voluntad. 

 «Yo aquí no he venido a escribir, sino a volverme loco», solía decir a uno de los amigos que le visitaban.

El 25 de diciembre de 1956, un día después de pasear con Carl Seelig por el camino de Saint Gall, en Suiza, Robert Walser apareció muerto en la nieve.

En su novela “Los hermanos Tanner”(1907)  Walser profetiza su propia muerte y  pone en boca de uno de sus personajes la descripción del difunto joven poeta Sebastian a quien un día hallaron caído sobre la nieve con el rostro cubierto por un sombrero:

“¡Con qué nobleza ha elegido su tumba! Yace en medio de espléndidos abetos cubiertos de nieve. La naturaleza se inclina a contemplar a su muerto, las estrellas cantan dulcemente en torno a su cabeza y las aves nocturnas graznan: es la mejor música para alguien que ya no tiene oído ni sensaciones. Yacer y congelarse bajo unas ramas de abeto, sobre la nieve: ¡qué espléndido reposo! Es lo mejor que pudiste hacer. La gente está siempre dispuesta a hacerles daño a las aves raras como tú, y a burlarse de sus sufrimientos”.

 

 

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Robert Walser apareció muerto en la nieve, bajo un sol pálido, dice Seelig, “pálido como una muchacha un poco anémica”.

“Y ahora a seguir paseando. Es divinamente hermoso y bueno, sencillo y antiquísimo, ir a pie”. 

 

 

BESOS EN LA FRENTE

Mi abuela se había encogido tanto con la edad que para darle un beso el mejor sitio, el más cómodo, el que estaba a mi altura de niña de diez años, era la frente. Un trocito de piel dura, pero suave,  y que olía a galletas con vaso de leche porque siempre la iba a ver a la hora de la merienda. Ella no decía ni hacía nada cuando la besaba, tan sólo sonreía, porque como todo el mundo sabe los besos en la frente nunca se devuelven.

Y así fue durante algunos años. Hasta que un día la abuela se puso enferma y se metió en la cama. Yo jamás la había visto allí con su camisón blanco, su pelo suelto y sin zapatillas. Muy flojito me pidió que me acercara. Pasó en un segundo, fue como si me rozara un ala de mariposa, como el paso de una nube, como las cosquillas que hace la espuma del mar en los pies.

La abuelita me besó en la frente, en el mejor sitio, en el más cómodo para su postura yaciente. Y muy bajito, casi susurrando, me dijo que el último beso que le dio su madre fue así.

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