Literatura

LAS PEQUEÑAS VIRTUDES

Este pequeño gran libro de Natalia Ginzburg (Palermo 1916- Roma 1991) está compuesto por once articulos que fueron escritos en diferentes años y lugares. Son ensayos autobiográficos que no están ordenados cronológicamente ni tienen un estilo uniforme. Eso le da un valor añadido porque Ginzburg nunca corregía sus obras después de haberlas escrito y hace que  sean reflexiones espontaneas que muestran como le afectaban los acontecimientos de la vida:  la dictadura de Mussolini, la Guerra, la perdida de su marido en la cárcel, el exilio.  Lo hace de una manera distante, pero a la vez muy próxima, sin términos grandilocuentes ni afectados.

Habla de la manera de hacer el fuego de la chimenea en los hogares, de cómo eso era lo que diferenciaba a los pobres de los ricos. Habla de los zapatos rotos, de cómo se acostumbró a vivir con ellos porque si los hubiera llevado al zapatero hubiera tenido que pasarse dos días en casa sin poder salir. De los sueños:

“Los sueños no se realizan jamás, y apenas los vemos rotos, comprendemos de pronto que las mayores alegrías de nuestra vida están fuera de la realidad”.

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Habla de la guerra:

“No nos curaremos nunca de esta guerra. Es inútil. Jamás volveremos a ser gente serena, gente que piensa y estudia y construye su vida en paz. Mirad lo que han hecho con nuestras casas. Mirad lo que han hecho con nosotros. Jamás volveremos a ser gente tranquila.

De lo importante que fue en su vida la pasión por la escritura, su manera de crear:

“Cuando uno escribe un cuento, debe poner en él lo mejor de lo que posee y de lo que ha visto, lo mejor de todo lo que ha recogido en su vida”.

Y sus dudas a la hora de hacerlo y compatibilizarlo con ser madre que nos las transmite en “Mi oficio” (Otoño 1949) :

“Los niños me parecían demasiado importantes para que una se pudiera perder detrás de estúpidas historias, de estúpidos personajes embalsamados. Pero sentía una feroz nostalgia y a veces, de noche, casi lloraba recordando lo bonito que era mi oficio. Pensaba que volvería a él algún día , pero no sabía cuándo; pensaba que tendría que esperar a que mis hijos llegaran a hombres y se separaran de mí. Porque el que tenía entonces por mis hijos era un sentimiento que aún no había aprendido a dominar. Pero luego lo aprendí poco a poco. Y no tardé tanto como creía”.

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Habla también de lo difícil que era escribir como mujer y de sus intentos para ocultarlo:

“La ironía y la perversidad me parecían armas muy importantes en mis manos; me parecía que me servían para escribir como un hombre porque entonces deseaba ardientemente escribir como un hombre, me daba pavor que a través de las cosas que escribía se pudiera inferir que era mujer. Los personajes que creaba eran casi siempre hombres, para que fueran distintos y lo más alejados posible de mí.”

Su contradicción con el oficio al que considera un amo que grita y nos condena, al que hay que  servir cuando él nos lo pide:

“Entonces nos ayuda también a mantenernos de pie , a mantener los pies bien firmes en la tierra, nos ayuda a vencer la locura y el delirio, la desesperación y la fiebre. Pero quiere ser él el que mande, y se niega siempre a oírnos cuando le necesitamos”.

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El último relato es el que da título al libro: “Las pequeñas virtudes” (Primavera 1960). En él nos transmite sus valores. Es su testamento vital:

“Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia , sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber.

Sin embargo, casi siempre hacemos lo contrario. Nos apresuramos a enseñarles el respeto a las pequeñas virtudes, fundando en ellas todo nuestro sistema educativo. De esta manera elegimos el camino más cómodo, porque las pequeñas virtudes no encierran ningún peligro material, es más, nos protegen de los golpes de la suerte.”

 

 

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Es difícil hacer una selección de los parágrafos que emocionan más, pero quiero destacar uno que me ha impactado un poco más que los otros. Habla de la relación de los padres con los hijos y acaba diciendo algo muy simple pero que para mí es una gran verdad:

“Ellos no nos pertenecen, pero nosotros sí les pertenecemos a ellos, y eso es bueno que lo sepan para que puedan buscarnos en el cuarto de al lado cuando nos necesiten. Lo demás suele venir por sí solo, pues “el amor a la vida genera amor a la vida”.

 

 

 

 

 

¿Cuánto tiempo es para siempre?

Cada vez que releo Alicia encuentro cosas maravillosas. Es un clásico, no sólo de la literatura juvenil, sino de la literatura en general. Es un libro en dónde lo lógico es lo fantástico y lo absurdo es lo normal. Es como un sueño con animales que hablan, es la entrada en el inconsciente a través de una madriguera. Son las prisas por llegar para ir a ningún sitio. La incertidumbre del crecimiento y la adolescencia. El hacerse grande o pequeño según te nutras de una cosa o de otra. La reina que decapita todo lo que no le gusta.

Es un libro juego y a la vez un libro serio que tiene frases geniales, impagables:

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-No sabía que los gatos de Cheshire estuvieran siempre sonriendo. En realidad, ni si quiera sabía que los gatos pudieran sonreír. (Alicia).

-Me pregunto si he cambiado en la noche. Déjame pensar. ¿Era la misma persona cuando me levante esta mañana? Casi pienso que puedo recordar sentirme un poco diferente. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es ¿quién soy en el mundo? ¡Ese es el gran puzzle! (Alicia).

-Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo bastante. (Gato de Cheshire).

-Creo que sí, que has perdido la cabeza, estás completamente loco. Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están. (Sombrerero).

-Comienza por el principio y luego continúa hasta que llegues al final. Entonces para. (Rey).

-Me doy a mi misma buenos consejos, pero rara vez los sigo. (Alicia).

-Un autor no entiende necesariamente el significado de su propia historia mejor que los demás.

-Es un tipo de memoria muy pobre la que solo funciona hacia atrás.

-La imaginación es la única arma en la guerra contra la realidad.

-Si no sabes donde vas cualquier camino te llevará allí.

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Y una frase que me encanta:

Alicia:  ¿Cuánto tiempo es para siempre?

Conejo blanco:  A veces, solo un segundo.

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Alicia en el País de las Maravillas. Lewis Carroll (1865)

 

 

BOMARZO. El pueblo, el jardín y el libro

Bomarzo es un pueblo del Lazio italiano con pasado etrusco, romano y medieval en donde la familia Orsini tenía una de sus residencias principales. En 1552 el Duque Vicino Orsini, reconstruyó el castillo haciéndolo inexpugnable y ampliándolo hasta incluir alguna de las casas del pueblo en él. Encargó a Pirro Ligorno (que después de la muerte de Miguel Ángel trabajaría en San Pedro de Roma) la creación de un jardín con colosales esculturas de piedra (casi cuarenta) llenas de símbolos y de enigmas. Hoy es un pueblo con numerosas casas en venta que vive de los recuerdos del pasado y sobre todo de los visitantes del jardín de los monstruos o Bosque Sacro. En el castillo hay un museo y se pueden visitar las estancias de la familia Orsini.

A veces en el arco de una de las puertas del castillo, en la fachada principal, se puede ver ropa tendida al sol, y es que alguno de los habitantes del pueblo sigue viviendo en él.

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Bomarzo tiene un jardín de diez hectáreas poblado por monstruos pétreos, un bosque que al principio se llamó sacro, no por ser sagrado sino por ser maravilloso y que al caer en el abandono pasó a ser conocido por “El jardín de los monstruos”. Se dice que  Vicino Orsini lo hizo construir  tras la muerte de su esposa Julia Farnese como homenaje póstumo. En él se exalta la vida en oposión con la muerte a través de dos mitos inseparables: Marte/ Hércules y Ceres/Proserpina. A la entrada una inscripción en un monolito dice así: “Solo para que el corazón se desahogue”. 

Estas son algunas de las esculturas:

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Una sirena con dos colas, un ogro en el que se puede vivir dentro…

Elefantes, duendes, gigantes…

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Y una casa en donde se entra por una puerta aparentemente normal, pero que está inclinada, lo cual hace que sea imposible descansar y vivir. Una inscripción nos la presenta como : “El reposo de nuestra alma racional”

Bomarzo es un libro de Manuel Mujica Lainez

Lo leí a los dieciséis años de un tirón, casi sin respirar. Me sedujo desde la primera palabra llevándome de la mano por la Edad Media, el Renacimiento, la coronación de Carlos V en Bolonia, la batalla de Lepanto…

Relata la vida de Vicino Orsini, personaje atormentado y cruel, pero a la vez culto y refinado que fue el segundo hijo de Corrado Orsini; al nacer contrahecho y deforme fue rechazado por su padre, pero por obra del destino llegó a ser el duque de Bomarzo.  Gracias a la magnífica prosa de Mujica Lainez pude saborear los manjares que ellos comían, oler la fragancia del bosque, los hedores de la muerte, admirar y tocar la suavidad de la seda, los brocados… En una palabra: pude estar allí. A la vez es una novela crítica con la política, con la religión, con la intolerancia.

Era tal el buen recuerdo que al programar un viaje a Viterbo pensé visitar el jardín de Bomarzo y me propuse volverlo a leer. Me llevé una sorpresa. Cuando empecé me costó avanzar, entender una prosa tan rica y tan llena de descripciones preciosistas. Me cansaba. ¿Cómo podía ser? ¿Por qué antes, mucho más joven,  me había encantado?   Me forcé a seguir a pesar del esfuerzo, de la extensión del libro y del poco tiempo del que disponía. Al final entendí el porqué. Las obras que leemos ahora, los planteamientos argumentales, la velocidad de la prosa, la falta de detalles, lo que se sobreentiende, los finales poco explícitos; hacen que leer sea diferente, que cueste pasar por una puerta más estrecha.

Sí, al final he entrado. He recuperado la capacidad de encantamiento de mis dieciséis años y le doy gracias a Bomarzo, al pueblo, al jardín y al libro por llevarme allí.

Voy por la mitad, lo estoy leyendo poco a poco para que me dure más. Ha vuelto a pasar, como dice la cita de Dante que está grabada en la boca del Ogro.“Cada pensamiento vuela”.

 

 

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boca

 

 

 

ATARDECERES ETRUSCOS. D.H. LAWRENCE

Preparar un viaje es anticipar, consultar, leer…

Para viajar a Viterbo leí dos libros: Bomarzo de M.Mujíca Laínez que me sumergió en la Toscana renacentista del siglo XVI y Atardeceres Etruscos de D.H. Lawrence en donde se narra el viaje a Tarquinia que hizo en 1927 mientras escribía El amante de Lady Chatterley.  

Buscaba una guía no convencional, recomendaciones y anécdotas sobre lugares con la mirada del viajero romántico, porque para información y datos útiles todo está en internet. Me sorprendió el libro de Lawrence porque no era una guía, aunque estaba organizado por capítulos que  llevaban el nombre de las zonas arqueológicas del lugar (Tarquinia, Cervéteri, Vulci, Volterra). Me encontré con una visión vitalista del mundo, con un autor que recupera la armonía entre la sensualidad de la naturaleza y el conocimiento, que ve más allá del mundo nuevo, compartimentado,  exaltando un mundo viejo en el que cada cosa pertenece al Todo; y que lo hace a través de la cultura etrusca, gran desconocida, de la que la historia  no se aclara ni tan siquiera acerca de sus orígenes, que mira sorprendida al dios Tinia, una asociación de lo masculino y lo femenino; de una civilización que celebra la muerte como parte de la vida y que la recrea en sus innumerables tumbas con figuras alegres que comen, beben vino, que sonríen y se tocan.

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En lo etrusco hay casi siempre una naturalidad que borda la vulgaridad, pero que no cae en ella”

Lawrence habla de los etruscos como conocedores de los secretos de la continuación de la vida y de la naturaleza, se refiere en el libro que en el año 408 (cinco siglos después de su extinción) el Papa Inocencio I permitió una exhibición pública de domesticación de relámpagos por magos etruscos.

“El conocimiento esotérico será siempre esotérico, puesto que el conocimiento es una experiencia, no una fórmula”.

Dos de los capítulos tratan de la tumbas de Tarquinia. Las descripciones que hace de cada una de ellas son preciosistas, se recrea en todos los detalles, en los colores, en las sensaciones que le producen las imágenes pintadas, los sarcófagos; transmitiendo esa vida al lector:

Para el etrusco, todo vivía; el universo entero vivía; y era cosa del hombre el vivir en medio de todo eso. Tenía que aspirar la vida dentro de sí, tomándola de las vastas vitalidades errantes del mundo. El cosmos estaba vivo, como un enorme animal. Todo respiraba y latía”.

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No es solo un libro de viajes, también es un libro de filosofía.

“La duración de las pirámides es un simple instante comparada con la de las margaritas. Y antes de que Buda o Jesús hablasen ya cantaba el ruiseñor, y después de que las palabras de Jesús o Buda se hayan olvidado el ruiseñor seguirá cantando. Porque el canto del ruiseñor no es ni una prédica, ni una enseñanza, ni una orden, ni un apremio. Es solo un canto. Y al comienzo no era el Verbo, sino un gorjeo”.

Y habla de la importancia de los objetos, no solo como transmisores de la historia y de las costumbre sino como entes que se relacionan con todo lo que les rodea e influyen en ello.

“Cualquier objeto que lleve la conciencia a un estado de atención pura en un momento de perplejidad, dará una respuesta a la perplejidad”.

Acaba el libro hablando de los museos, a los que considera:  “lecciones prácticas orientadas a ilustrar las insanas teorías de los arqueólogos” .  Odia la idea de reunir infinidad de objetos porque cree que pierden el sentido cuando se juntan y se desubican.

“Un museo no es un contacto de primera mano: es una conferencia ilustrada. Y lo que uno quiere es el toque vital auténtico. Yo no quiero que me instruyan; ni lo quiere mucha otra gente”.

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D.H. Lawrence (1885-1930).

Un toque vital autentico.

Orwell, Bradbury y Pulitzer. Trucos para escribir

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“Uno necesita reglas en las que se pueda confiar cuando falla el instinto”.

George Orwell

-Evita lo que ya ha sido usado. No uses metáfora, símil u otra forma que estés acostumbrado a ver por escrito.

-Elige la palabra más corta.

-Recorta todo lo que puedas.

-Escoge la voz activa. En esas frases es el sujeto el que realiza la acción.

-Cuanto más sencillo mejor. Nunca uses una locución extranjera ni palabras científicas si puedes encontrar una palabra equivalente.

-Rompe las reglas si hace falta.

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  Ray Bradbury

-No empieces escribiendo novelas. Escribe un cuento cada semana. Es imposible escribir 52 malas historias seguidas.

-Puedes amarlos, pero no puedes ser ellos. Recuérdalo cuando intentes, consciente o inconscientemente, imitar a tus escritores favoritos

-Examina cuentos de calidad: Roald Dahl, Guy de Maupassant, Nigel Kneale y John Collier.

– Llena tu mente. Lee antes de irte a dormir un cuento, un poema… Así después de mil noches estarás repleto de cosas.

-Aléjate de los amigos que no creen en ti.

-Vive en la biblioteca.

-Enamórate del cine. Preferiblemente de las películas antiguas.

-Disfruta escribiendo y si escribir te parece un trabajo, déjalo.

-No planees ganar dinero.

-Anota diez cosas que ames y diez cosas que odies. Luego escribe sobre ellas.

-Recuerda, con la escritura lo que estás buscando es solo una persona que venga y te diga: “te quiero por lo que haces”. O en su defecto, a alguien que aparezca y diga: “No estás tan loco como la gente dice” .

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Joseph Pulitzer

– Exprésalo brevemente, empleando solamente las palabras estrictamente necesarias para que lo lean.

-Con mucha claridad y sencillez, usando términos simples, comunes, de uso diario para que lo entiendan.

-En forma pintoresca y graciosa para que lo recuerden.

4.- Y con mucha veracidad y honestidad para que se guíen por esa luz.

 

 

 

LA LINEA QUE SE FORMA ENTRE LA TIERRA Y EL CIELO

          Arropado en una manta, algo pequeño se mueve y lloriquea. Es mi hermana. La tiene mi madre entre sus brazos y la mece. Yo las miro y lloriqueo aún más fuerte para que mamá me haga caso, pero ella junta los labios, se pone un dedo delante de la boca y emite un sonido “chsss” señalándome la puerta. Me voy, dejo de llorar, lo entiendo enseguida: mamá ya no me quiere.

         Abandono el compartimiento del tren con dificultad, separando la puerta corredera desde abajo,  el único sitio a donde me llegan las manos, y salgo al pasillo. Tengo que mirar a lo alto para ver la cara de la gente porque soy invisible para todos los que no miran al suelo. Mi madre me acaba de expulsar de su lado convirtiendo mis plumas de ave del paraíso en las de un gorrión normal, en una niña pájaro abandonada más. En aquel momento no me doy cuenta de que el tren corre, de que se va alejando de casa separándome de mi tía, que sí me quiere sólo a mí, de las piedras de mi ciudad, de la niña con mamá única que allí había sido. No entiendo que nos vamos para siempre a otro sitio más frío y más grande, que no volveremos. No lo entiendo, pero lo sé.  

         Mamá está fuera mirando por la ventana del tren con papá y una señora. La niña bebé está sola durmiendo en un capazo dentro del compartimiento, ya no llora y me dejan que pase a verla, pero sólo un momentito, ¡chsss!, sin hacer ruido, despacio, no la toques…   

         Es fea y pequeña, pero la noto extraña, tiene la cara hinchada, muy roja, casi azul, parece que quiere llorar, pero no puede, yo también quiero gritar y avisar a mamá, pero no lo hago, algo me dice que tengo que pedir ayuda, de prisa, de prisa, pero me convierto en piedra, miro su cara y su lengua ya casi negra y no digo nada. Voy a fuera con mamá y los demás, ellos siguen tranquilos mirando por la ventana la línea que se forma entre la tierra y el cielo. Levanto las manos para que alguien me aúpe. No digo nada. Me asomo por la ventana y el aire fresco me revuelve el pelo. Mete la cabeza, mete la cabeza, dice mamá. Meto la cabeza, pero algo de mí se queda fuera para siempre.

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FÍSICA Y METAFÍSICA DE LA PINTURA. L.CATTIAUX. “El arte es mágico o no es”

“Este libro es inútil, pues si no habéis descubierto el Arte en vosotros mismos, nadie os lo hará conocer desde fuera”.

Louis Cattiaux (Valenciennes, 1904- París, 1953)  fue un pintor, poeta y escritor francés. Conocido sobre todo por  El mensaje reencontrado, un libro que transmite la tradición enseñada por los sabios de todos los tiempos.

En Física y Metafísica de la Pintura expone tanto los procedimientos pictóricos como lo que es y significa el Arte en su total expresión.

Que mejor que presentarlo con alguna de sus reflexiones:

“Hay que trabajar mucho tiempo sobre una misma obra, pero sin esfuerzo, sin aburrimiento, sin trabajo en suma, y tal como dice Paul Valéry: Se ha de mantener el esfuerzo hasta que el trabajo haya borrado las huellas del trabajo”.

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“El artista sólo conoce el cielo y la tierra; la ciencia, la moral y la política de los hombres le aburren y le matan”.

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“El libro más bello, el cuadro más afortunado, la obra más profunda, no son los que afirman sino, más bien, los que sugieren. En efecto, es imposible comunicar un sentimiento de arte si no es por la sugestión, que permite un trabajo de reconstitución personal y duradero”.

 “El arte es mágico o no es”.

 

 

 

ME LLAMO LUCY BARTON de Elisabeth Strout. “Porque todos amamos de una manera imperfecta”.

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No puedo decir que su lectura me ha encantado, pero que me ha removido, sí.

Quizás por el tema. Una madre que va a cuidar a su hija después de muchos años sin verla. Los cinco días y cinco noches que pasan juntas en una habitación de hospital en Manhattan.

Me ha removido por lo que se dicen entre ellas (normalmente cosas banales) y sobre todo por lo que no se dicen (la expresión de cualquier sentimiento).  La madre sólo habla de la vida de los demás delante de Lucy, no puede decirle cuanto la quiere, pero permanece a su lado durmiendo en una silla  (eso también es decir, y lo mucho que me suena).

Como único testigo mudo entre ellas, el edificio Chrysler, metáfora del lujo y de la vida urbana en contraposición con la  miseria  y las privaciones que sufrieron ambas en el pasado. Una paradoja que las une.

“Volví los ojos hacia la ventana. La luz del edificio Chrysler brillaba como el faro que era, el faro de las mayores y  mejores esperanzas de la humanidad y sus aspiraciones y deseos de belleza”.

Me gustó la voz meta-literaria de Sara Payne, la profesora de literatura, entrando y saliendo de la historia:

“¿Qué quiere decir? preguntaba una y otra vez, y la escritora se limitaba a repetir lo que ya había dicho. ¿En qué consiste su trabajo como escritora de ficción?, preguntó el bibliotecario, y ella dijo que su trabajo como escritora de ficción consistía en dar a conocer la condición humana, en contarnos quiénes somos, qué pensamos y qué hacemos”.

“… Sólo tendréis una historia”, dijo. ·Escribiréis una única historia de muchas maneras. No os preocupéis por la historia. Sólo tendréis una”.

También me impacta la relación con su padre, de la que no puede ni hablar, pero que intuimos cuando explica la historia de  la escultura del conde Ugolino de Carpeaux en el MET, a la que no podía dejar de visitar  cuando iba al museo, y que  describe así.

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 “Es una estatua de mármol de un hombre con sus hijos al lado, y el hombre tiene una terrible expresión de desesperación, y los niños parecen aferrarse a sus pies, implorantes… Leí el letrero que explicaba que los niños se ofrecen como comida a su padre, al que están matando de hambre en la cárcel, y que los niños solamente quieren una cosa: que desaparezca el sufrimiento de su padre. Dejarán que se los coma, contentos, muy contentos”.

Creo que en conjunto me gustó más “Olive Kitteridge”, la novela por la que la autora ganó el Premio Pulitzer en 2009, pero “Me llamo Lucy Barton” tiene escenas que se entienden desde dentro y que conectan sitios extraños entre sí. Parece banal, quizás no está demasiado bien escrita, pero es una de esas historias que dice sin decir.

Y por último una frase que me enganchó y que suscribo totalmente. Es un resumen de la novela magnífico. Ahora no recuerdo si la dice Lucy Barton o Sara Payne.

“Es la historia de una madre que quiere a su hija. De una manera imperfecta, porque todos amamos de una manera imperfecta”.

El enigma de la luz de Cees Noteboom. Un viaje en el arte

Leer este libro es recorrer un museo vivo, es entrar en los cuadros, en las obras de arte de la mano de un erudito, de un enamorado.

Cees Nooteboom es alguien que los mira como si fueran personas, que intuye sus historias y sus misterios sin pretensiones, no como crítico de arte sino como el hombre curioso y ávido de conocimiento que todos llevamos dentro.

Comenta y relaciona las obras con la historia, la literatura, la poesía. Cuadros de Hooper, Vermeer, Tiépolo, Bruegel, Leonardo, Piero della Francesca, Rembrant… Esculturas de bronce rescatadas en los mares de Grecia. La serie de tapices del unicornio.

Nooteboom puede hablar con los personajes de Vermeer en “La lección de música interrumpida” (1660-1661) como si los conociera, en su propio idioma porque él es holandés. Puede saber qué han comido o qué están haciendo a través de sus gestos y miradas. Decía que era como ir a visitar una galería cultural de antepasados.

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Puede intuir lo que está a punto de pasar en la comitiva de seis ciegos y las consecuencias del tropiezo de uno de ellos en el cuadro “La parábola de los ciegos” de Brueguel y cómo la naturaleza voluptuosa e impasible ignora este hecho.

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El misterio y el simbolismo de De Chirico en “El hijo pródigo” El padre rígido y fantasmal, el hijo sin ojos, prepotente, dispuesto a hacerle bailar. Aquí la magia anula las leyes.

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Y Hooper, inventando su propia luz, una luz inexistente en la naturaleza, que es lo que él piensa del mundo, su manera de verlo, en ese “Sol de la mañana” de sombras y reflejos imposibles.

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Es un libro regalo por la belleza y profundidad de lo que muestra y comenta, pero sobre todo por todo lo que sugiere, por su personal manera de hacer entender el arte: “Como obras que fueron engendradas para ser leídas por ojos aún no nacidos”.  

EL LIBRO ROJO DE C.G.JUNG

Conocía su existencia desde hacía tiempo, pero fue al tenerlo entre las manos (un facsímil traducido al castellano) cuando quedé atrapada por él. No se parece a ningún otro libro moderno, es más bien un códice medieval, un Beato, por su contenido y por sus proporciones.

Es un manuscrito único, escrito con letras góticas en alemán por la mano de C.G.Jung (1875-1961)  y contiene imágenes simbólicas y dibujos místicos ideados y coloreados por él.

Jung lo escribió entre 1914-1930 después de la ruptura definitiva con Sigmund Freud. En él está contenida toda su filosofía y el núcleo de sus obras posteriores. El manuscrito permaneció guardado en un banco suizo hasta 2009 año en el que sus herederos permitieron su difusión. 

 

El libro fue el producto de una técnica de autoconocimiento que él ideó. Una confrontación voluntaria con el inconsciente que denominó “imaginación activa”. Encontró un conocimiento oculto en el estado de semi- vigilia, en el periodo que antecede al sueño . Las fantasías que se le presentaban las iba escribiendo en libros más pequeños (los libros negros) hasta que eran añadidas junto con los dibujos de las imágenes que se le aparecían al libro rojo. Siempre lo hacía por la noche “que es cuando la libido se recoge y mira hacia dentro”.

En ese estado crepuscular (de duerme vela) Jung veía serpientes negras, enroscadas, erectas, coronadas. También a Filemón que representaba la sabiduría absoluta y el  poder supremo, y a Salomé (el ánima).

Decía que existe un conocimiento que tenemos programado en el inconsciente que nos permite ver imágenes que no pertenecen a nuestra experiencia y que ese es el camino iniciático de los sueños.

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Lo dio por concluido cuando descubrió la alquimia según sus propias palabras, como explica en su epílogo, que al igual que su libro acaba en una frase confusa que parece sin terminar.

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El epílogo es la única parte del libro que está escrita en caligrafía actual. Dice así:

1959.

He trabajado en este libro durante 16 años. En 1930 el conocimiento de la alquimia me apartó de él. El comienzo del fin sucedió en 1928 cuando Richard Wilhelm me envió el texto “La “Flor de Oro“, un tratado de alquimia. Entonces  el contenido de este libro halló el camino a la realidad y ya no pude seguir trabajando en él. Al observador superficial le parecerá una locura. De hecho se hubiera convertido en una locura si yo no hubiera podido captar la avasalladora fuerza de las experiencias originarias. Con la ayuda de la alquimia pude finalmente ordenarlas en un todo. Siempre supe que aquellas experiencias contenían algo precioso y, por eso, no supe hacer nada mejor que ponerlas por escrito en un libro “precioso”, es decir, valioso, y pintar las imágenes que surgían al revivirlas tan bien como fuera posible. Sé cuán espantosamente inadecuada fue esta empresa, pero a pesar del mucho trabajo y distracciones permanecí fiel a ella, aun cuando otra / posibilidad nunca…

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El libro manuscrito original está encuadernado en cuero rojo. Consta de 205 páginas y 81 ilustraciones y tiene unas medidas de: 40 cm x 30 cm.

Desde su publicación muchos autores están intentando descifrarlo. Destaca: “El libro rojo de Jung: claves para la comprensión de una obra inexplicable” de Bernardo Nante.

Cada día antes de irme a dormir lo miro un rato. No lo entiendo, pero no me importa, espero que inspire y guíe mis sueños.

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