Los ojos del Guernica

Café Les Deux Magots, París 1936. Una joven sentada en una de las mesas juega con una navaja a clavarla entre sus dedos. Lleva sangre en el guante. Picasso entra acompañado por Paul Éluard, la observa, se acerca y empieza a hablar con ella. Al despedirse le pide el guante. No se vuelven a encontrar hasta meses más tarde en casa de unos amigos comunes en Mougines. Ya nada volverá a ser igual para ninguno de los dos.

La mujer es Dora Maar, tiene veintiocho años, él cincuenta y cinco. Es fotógrafa, pintora y poeta, en aquel momento es la amante de George Bataille con quien había experimentado todas las transgresiones, y en todos los escenarios, llevándolo al cúmulo de su productividad como escritor. Con Picasso pasa igual. Dora es quien le inspira, la que le propone el local para realizar la obra de grandes dimensiones que ha de reflejar los horrores de la Guerra Civil española, un piso en la Rue des Agustines, el mismo en dónde Balzac había ambientado su novela “La Obra Maestra desconocida” y que Dora había frecuentado con Bataille. Es ella la que se encarga de fotografiar la realización de la obra.

 

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 Son de ella las caras de todas las mujeres del cuadro, son de ella las lágrimas, son de ellas todos los ojos del Guernica, los del toro también.

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Él la llama “La mujer que llora”.

Pero Picasso la absorbe, la aniquila, hace que deje de ser un referente artístico para los surrealistas, que olvide su personalidad, que pase a ser otra de sus mujeres “locas” (dos de las cuales se suicidaron).  Cuando la deja en 1943, Dora Maar cae en una depresión psicótica que necesita internamiento psiquiátrico durante once días y luego desaparece del mundo recluyéndose hasta su muerte en 1997 en su piso de París en la Rue Savoie, 6,  junto a más de cien obras de Picasso y muchas de sus geniales fotografías.

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“Después de Picasso solo Dios”, le dijo a su analista.

Todo el mundo conoce al pintor, sus cuadros, su energía, la expresión de su cara, su mirada.

Rafael Alberti le dedicó un poema “Los Ojos de Picasso” :

Siempre es todo ojos.
No te quita ojos.
Se come las palabras con los ojos.
Es el siete ojos.
Es el cien mil ojos en dos ojos.
El gran mirón
como un botón marrón…

Vale la pena oírlo con la voz del poeta:

Pero los ojos del Guernica, así como tantos otros, no eran los de Picasso, eran los ojos de Dora Maar.

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Georgia O’Keeffe. El sexo en las flores

Georgia O’Keeffe ( 1887-1986 ) es considerada como la madre del modernismo americano. En sus cuadros utiliza la abstracción geométrica como expresión. Son famosas sus tres épocas pictóricas: Sobre la ciudad de Nueva York, sobre flores y sobre huesos de animales en paisajes de Nuevo México.

 

Sus pinturas del desierto, en donde vivió en su finca “Lejanía”, de la desolación, del sol en los esqueletos de animales merecen una entrada aparte en este blog. Hoy muestro su faceta más conocida, la de ser la pintora de las flores que recuerdan las formas sexuales femeninas, cosa que, por cierto,  ella siempre negó que fuera así.

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Pintaba primeros planos donde no se percibía la flor entera, captaba su esencia a través de esa abstracción.  Se recreaba en la forma de los bordes de los pétalos, en su color, en su luminosidad haciendo  que el espectador que contemplaba el cuadro sintiera la necesidad de recorrerlos despacio, de entrar dentro de esas flores como si fueran insectos que necesitaran libar de ellas.

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Son pura sensualidad. Georgia siempre negó que fueran explícitas ni intencionadamente sexuales, es el espectador el que ve el sexo en las flores.

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“Solo cuando se elige, se dejan elementos de lado y se fijan los puntos básicos, se tropieza uno con el significado verdadero de las cosas”.

A Georgia no le gustaban las flores, en su juventud había dicho:

“No me gustan, son horribles, sólo las pinto porque son los modelos más baratos”.

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“La pintura figurativa no es buena mientras no lo sea en un sentido abstracto. Una colina o un árbol no crean por sí mismos un buen cuadro, tan solo porque se pueda ver una colina o un árbol. Todo depende de la interrelación de líneas y colores, con ella se crea expresión. Para mí esto es justamente la base de la pintura”.

Una de sus obras “Estramonio/Flor blanca” realizada en 1932, fue el cuadro más caro vendido en subasta por una pintora. Superó los 44 millones de dólares en 2014.

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Un poema de Rabindranath Tagore

En Maduray (India) hay un museo dedicado a Mathama Gandhi. Este contiene manuscritos, cartas, fotografías del hombre que fue ejemplo de paz y tolerancia para el mundo. En varias salas se muestran escenas de su vida acompañadas de citas de su pensamiento político y personal. En una de ellas se conserva la vestimenta con la que le asesinaron aún teñida de sangre junto a sus características gafas redondas.

Todo muy interesante, pero hay algo que llama la atención, es un poema de Tagore que ocupa casi la totalidad de una de las paredes:

 

Dónde la mente está sin miedo

Donde la mente está sin miedo,
y la cabeza es sostenida en alto;
Donde el conocimiento es libre;
Donde el mundo no ha sido quebrado en fragmentos por estrechas paredes domésticas;
Donde palabras salen desde la profundidad de la verdad;
Donde el incansable esfuerzo extiende sus brazos hacia la perfección;
Donde la clara corriente de la razón no ha perdido su camino en el yermo desierto de arena de los hábitos muertos.
Donde la mente es dirigida hacia adelante por Él en pensamiento y acción cada vez más amplios.
En ese cielo de libertad, Padre mío, deja a mi país despertar.

 

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 Tagore respetaba enormemente a Gandhi, él fue quien le dedicó el nombre Mathama que significa Alma Grande. En la India solo se se usa referido a él. 

 

La casa como célula generadora. Portlligat,Gala y Dalí

La casa empezó siendo un cobertizo en donde se guardaban las barcas y los aperos de los pescadores de Portlligat, un pueblo a un kilómetro de Cadaqués. Cuando en 1930 Dalí vio la bahía y la pequeña barraca se quedó vinculado a ellas para siempre.

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Allí conoció a Gala, por aquel entonces esposa de Paul Eluard, allí se refugiaron cuando su padre no aprobó su relación y vivieron una época de aislamiento y austeridad después de los locos años en París.

El pequeño refugio se convirtió en su verdadera casa, y a lo largo de cuarenta años fueron  ampliándola adquiriendo las casetas adyacentes. La vivienda, lo que él consideraba una célula madre fue creciendo y formando “una verdadera estructura biológica”, como decía él.

El espacio se organiza en torno al recibidor, una pequeña sala ocupada por un oso polar disecado y que sostiene un utensilio de pesca a modo de lámpara. A partir de ahí la casa se va ramificando, se enrosca formando un laberinto de espacios irregulares a los que se accede por escalones protegidos con esteras de mimbre.

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Las ventanas tanto las interiores como las exteriores son de medidas diferentes y desde todas se ve el mar.

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En ella se distinguen tres espacios: La zona cuerpo, intima, doméstica, con el comedor, la cocina, una sala oval con eco en su centro. El dormitorio, en él dos camas, un espejo por donde podía ver reflejado el nacimiento del sol, una jaula grande con pájaros y una más pequeña con grillos.

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En la zona mente, la biblioteca, su estudio, su sillón de trabajo, sus gafas y sus pinceles;  el almacén de pinturas con algunas de ellas mal cerradas, todo tal y como lo dejó.

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La zona espíritu, el jardín mediterráneo en donde hacían vida, se relajaban en una piscina surrealista y recibían a sus invitados.

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En el jardín también se encuentra la zona del olivar, su taller al aire libre.

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Había estado muchas veces en Porlligat, pero nunca había entrado en la casa. Verdaderamente es mágica, está llena de objetos extraños, no siempre de buen gusto, de animales disecados, abigarrada de peluches, de fotos. Dicen que se conserva igual que estaba (menos los libros), con las flores secas amarillas “siemprevivas” que le gustaban a Gala. Es como el Atanor, como el caldero de dos alquimistas.

Un día de 1982 Gala se cayó en las escaleras del dormitorio y se fracturó el fémur. Murió poco después. Dalí jamás volvió a Portlligat.

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“Sorprendente, extraordinaria y nunca vista”.  Eso dijo de la casa Josep Pla.

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Los Proverbios Flamencos de Brueghel el Viejo

También llamado “La capa azul” o “La locura del mundo” es un cuadro de Brueghel el Viejo pintado en 1559, que sigue la tradición de El Bosco por lo absurdo y disparatado de algunas escenas.

Representa una tierra habitada por proverbios que tratan de la locura y de la estupidez humana como antes lo hicieron en sus obras literarias Rabelais: “Gargantua y Pantagruel” en  1564 , y Erasmo de Rotterdam en 1508 con su “Elogio de la locura”.

En ella se representan entre 85 y 120 proverbios y dichos, La diferencia en el número radica en las distintas lecturas de quien los ve o que en algunas escenas están representados varios a la vez. 

Fue un cuadro muy popular  que se copió numerosas veces, sobre todo por Pieter Brueghel el joven, su hijo, quien llegó a hacer hasta veinte copias del mismo.

He aquí varios proverbios que siempre son actuales porque la naturaleza humana no ha cambiado demasiado desde entonces:

 

Llevar fuego en una mano y agua en la otra. No ser digno de confianza. Tener dos caras

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Ponerle el cascabel al gato. Atreverse a hacer algo difícil y peligroso.

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La indecisión. Sentarse en las cenizas entre dos banquillos por no saber cual elegir.

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La suerte está echada. Cuando ya no se puede hacer nada.

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Lanzar plumas al viento. Hacer algo infructuosamente.

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Matar dos moscas (pájaros) de un golpe.

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Tirar la casa por la ventana. Tirar el dinero.

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Echar margaritas a los cerdos. Malgastar esfuerzos en algo que no lo merece.

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El pez grande se come al chico.

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Ser capaz incluso de atar al diablo a una almohada. Quien la sigue la consigue. La obstinación lo supera todo.

quien la sigue...

 “La capa azul” que es uno de los proverbios que da título al cuadro. Una mujer joven de escote pronunciado cubre delicadamente a su marido anciano y achacoso con una capa azul que lleva una visera tan amplia que le impide casi totalmente la visión.

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Este es el detalle que ocupa la parte inferior del centro del cuadro y que gracias al vivo color de la capa focaliza la atención de la obra. Simboliza la infidelidad, pero quizás vaya más allá y resuma todas las escenas, que signifique el tercer nombre de la pintura “La Locura del Mundo”, viejo, ciego y seducido por lo banal.

Decía el cineasta Jean-Luc Godard que el arte nos atrae solamente cuando revela en nosotros secretos. Vale la pena sumergirse en este cuadro y buscar.

 

 

 

 

 

Buscando la libertad en el agua

“Buscando la libertad en el agua” (Burkini Island) es un trabajo de la fotógrafa y documentalista estadounidense Anna Boyiazis que ha ganado el Segundo Premio “Historias de personas” en el Word Press Photo 2018 que ahora se exhibe en “Visa pour l’ image” de Perpignan.

En él se muestran las desigualdades en la educación de las mujeres en Zanzibar, en algo tan simple como el saber nadar, que  no solo las discrimina sino que mantiene al continente africano en el primer lugar de ahogamientos del mundo.

“Tradicionalmente, las muchachas que viven en el archipiélago de Zanzibar son disuadidas de aprender a nadar, en gran parte debido a las restricciones de la cultura islámica, pero también porque no pueden tener trajes de baño aceptables. Pero en los pueblos del norte de Zanzibar, el proyecto “Panje” (Pez Gordo) ofrece la oportunidad a las mujeres y a las niñas de aprender a nadar llevando bañadores que cubren todo su cuerpo, para poder bañarse sin comprometer sus creencias culturales o religiosas”.

También les enseña técnicas de seguridad acuática y las capacita para enseñar a otras mujeres.

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Quizás desde aquí consideremos el uso de burkinis como algo inaceptable, pero para ellas es el principio de la libertad. Es el aprender algo vital que hasta ahora había estado prohibido.
Pero como dice Eduardo Galeano:
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Cambiar el mundo y mejorarlo:

“Ama” significa “mujer de mar” en japonés, y es el título de este bellísimo cortometraje de Julie Gautier grabado bajo el agua en la piscina más profunda del planeta.

No hacen falta palabras, Julie es hija de una bailarina y de un pescador japonés y, de esta bella fusión, nace su manera de mirar el mundo a través del arte.

 

…Mujeres, derramad agua,
por favor;
cuando todo se quema,
sólo las pavesas vuelan
al viento.

F.Garcia. Lorca

 

 

Namasté. Mi mejor experiencia en India

Era un viaje muy deseado. Cuatro parejas habíamos decidido celebrar el cumpleaños de las mujeres allí, en La India (todas nacimos en el mismo año). Yo había estado en el norte en el año 1980, cuando India no era un país emergente y la organización para todo lo que no fuera turístico era muy precaria. Sabía a lo que iba.

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Agosto, calor, monzones, inundaciones y cambio de planes porque cierran una semana el aeropuerto de la ciudad a donde íbamos por las lluvias.

Olor a carbón, a jazmín, a gasolina, a especias. Cantos en los templos, graznido de cuervos, bocinas de coches. Colores en los vestidos, en los mercados, flores, basura en el suelo, sonrisas con dientes blancos. Sabor a frutas, a té con jenjibre, canela y coriandro, boca que arde porque pica hasta lo que nunca pica.

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Sí, lo recordaba, en La India todo está vivo, hasta los dioses vestidos que emergen de las piedras. Todo es bello y diferente. La gente es amable, amorosa. Hay muchos perros por las calles, no, no están abandonados, es que nunca han tenido dueño.

Nos sentimos muy afortunados de estar allí aunque hayamos tenido que cambiar nuestra ruta. Sí, turistas afortunados que observan un mundo que no es el suyo (sí, sí, precioso, pero vivimos en Barcelona).

El noveno día del viaje hubo un poco de tensión en el grupo, queríamos ver más, aprovechar todos los minutos y seguir corriendo para no perdernos nada. Nos dimos un baño en la piscina del hotel, poco rato, ¿eh? que sino no haremos nada. Yo salgo antes para no hacerles esperar. ¡Venga, una ducha rápida y así me da tiempo de lavarme el pelo!

Resbalo en la ducha, me caigo, apoyo todo mi peso en el brazo izquierdo. Noto como los dos huesos se me empotran en la mano. Dolor, dolor y miedo. Sé que ahí se acaba mi viaje.

Cuando estás muy lejos de tu país y en un mundo tan diferente lo primero que quieres es volver a casa, y más cuando en el hospital hindú (maravilloso, por cierto) al que te han llevado te dicen que te has de operar de urgencia porque sino te quedaran secuelas.

Se para el tiempo. Ya nadie corre. Para mi pareja, mis amigos, las enfermeras, el personal del hotel, que me ha acompañado, lo único que importa es mi mano, es mi dolor. Y eso me hace llevarlo bien, no pienso que es mala suerte sino que me tenía que tocar, puro fatalismo hindú tan útil en las dificultades.

Volver no es fácil, la compañía de seguros nos marea, pide mil papeles, que vuelva sola, que me espere, para esos líos e intereses de las aseguradoras si que no tengo paciencia hindú. Por fin conseguimos un cambio de billetes, podremos volver a casa dos días después y cogiendo cuatro aviones.

Bueno, me duele el brazo, pero sigo con el grupo que continua su viaje programado. Toca un templo con cuatrocientos escalones altos y desiguales. No puedo subir, me quedo en el pueblo con un amigo, que tampoco ve claro lo de las escaleras, y paseamos por las calles y el mercado.

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Me entretengo, mi amigo se distancia un poco. Una señora mayor vestida con un sari de colores se me acerca y, sin palabras, con la mirada y con las manos, tocándose el corazón entiende mi dolor y lo comparte. Entra en mi y yo en ella. Entonces dejo de ser extranjera, dejo de llevar ropa occidental, dejo de llevar rupias y euros en el bolso y me siento más que nunca allí, siento lo que soy, lo que de verdad importa.

Duró dos segundos, quizás tres. No dije nada al grupo, imposible usar palabras para explicarlo. Aquel reconocimiento, aquel saludo lo cambió todo. Lo entendí al llegar a casa. Era Namasté:

“Lo divino que hay en mi saluda a lo divino que hay en ti”.

 

 

 

 

 

La mirada de Marina Abramovic

Marina Abramovic es una artista serbia (1946, Belgrado) famosa por sus performances. En 2010 en una de ellas “The artist is present” estuvo sentada más de 700 horas en el MoMA de Nueva York. Miles de personas se sentaron inmóviles frente a ella, consistía únicamente en mirarla a los ojos, en sentir su mirada.

Lo que Marina no esperaba es que una de ellas fuera la de su antiguo compañero Ulay con el que había compartido vida y arte durante más de una década y  al que no veía desde hacía 23 años.

Las imágenes hablan por si solas.

Rompió las reglas. No pudo reprimir tocar sus manos.
 “Si haces algo durante una hora o dos, sí, es una performance, pero si creas algo que dura dos, tres meses, entonces se convierte en vida (se hace realidad)”.  Marina Abramovic

 

Todo depende de la luz.

Es mediodía y hace mucho calor, pero qué poco importa. Siento que la batalla está apunto de empezar, miro el cielo y escucho, avanzo con mis compañeros hacia la colina en silencio. Sí, pronto empezará la carga y se oirán las detonaciones de los fusiles y de los cañones. Luego el olor a muerte y a pólvora tapará el sol.

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Es medianoche y hace mucho calor, pero que poco importa. Siento que la fiesta está a punto de empezar. Miro el cielo y escucho, avanzo con mis amigos hacia la colina entre risas. Sí, pronto empezaran los fuegos y se oirán las detonaciones de las bengalas y de los cohetes. Luego el olor a vida y a pólvora tapará la luna.

 

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 Todo depende de la luz. (Hamlet Lima Quintana)

 

Todo depende de la luz,de la manera de iluminar las cosas…Todo depende de la forma, de los contornos, de las interpolaciones y de las dudas.

Todo también depende de que el tiempo nos marque, de que los espacios nos den titulares. El verdadero problema es elegir entre perseguir las sombras o resignarse a ser el perseguido.

Un extraño “To be or not to be” en este casi ser, en este casi no ser. Salir de las sombras o hacer las sombras perdurables.

Y en la última etapa del abismo después de liberar a los otros, a todos los que son los otros, recordar, sin urgencias, que uno es el preso. Y a partir de allí liberarse.

 

Hamlet Lima Quintana (Buenos Aires,1923-2002). Poeta argentino.

 

Las carreras de cuadrigas: La tierra, el sol, el zodiaco…

Hace unos días visité la ciudad romana de Tarragona, está en muy buen estado aunque del circo apenas queda nada, pero se puede reconocer la forma que tenía y sus antiguas proporciones por la plaza y la disposición de las calles que lo circundan en la actualidad. El circo no era circular como podría pensarse, era elíptico y en él tenía lugar uno de los espectáculos que más público atraía que era el de las carreras de cuadrigas, seguro que  muchos de nosotros lo recordamos por la película de William Wyler “Ben Hur” y su famosa carrera.

Pero la historia verdadera va mucho más allá porque esas carreras eran una de las tradiciones más antiguas de la cultura romana que ya estaban documentadas  en el siglo  VIII a. C.

El espectáculo consistía en una competición de carros tirados por caballos, generalmente bigas (dos) o cuadrigas (cuatro). La carrera, la forma del edificio y los elementos que lo configuraban tenían una clara simbología religiosa.

La arena donde corrían simbolizaba la tierra; los carros, el sol; las siete vueltas que se daban en torno a la espina (muro interior que dividía longitudinalmente la pista en dos) a los siete días de la semana; los cuatro colores de las escuadras que participaban: el verde, el azul, el rojo y el blanco, a las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno); mientras que los doce carros que participaban en la carrera simbolizaban los doce meses del año y los doce signos del zodíaco.

Era el culto al paso del tiempo, al año agrario. Era el ciclo de la vida y de la muerte.

El circo Máximo de Roma, en la época de Trajano, tenía una capacidad para 125.000 personas, mientras que el de Tarraco estaba entorno a las 25.000.

 

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Los aurigas fueron personajes muy populares que corrían por dinero y prestigio,; los caballos tenían nombre y también eran famosos. Dentro del Circo había tabernas donde se podía comprar comida o bebida así como lugares donde se hacían apuestas.

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Los espectáculos duraban todo el día, eran gratuitos y estaban financiados por ricos personajes que ocupaban cargos públicos en la ciudad o en la provincia.

A los aurigas que morían en la carrera se les homenajeaba erigiendo un monumento funerario en su honor.

Este relieve fue dedicado a Eutyches, auriga tarraconense que murió con 22 años.  La parte superior presenta su imagen sosteniendo una palma de la victoria en la mano izquierda y con el brazo derecho extendido.

La traducción sería  algo así:

Texto genérico, de parte de sus ” dueños”, en prosa:

 Al auriga Eutyches, de 22 años. Flauius Rufinus y Sempronia Diofanis a su siervo que bien lo merecía. Descansan en este sepulcro los restos de un auriga principiante bastante diestro,  sin embargo, en el manejo de las riendas. 

Texto puesto en boca del auriga , en verso:

Yo, que montaba ya sin miedo los carros tirados por cuatro caballos, no obtuve permiso, con todo, para conducir más que los de dos.                                                                                  Los hados, los crueles hados, a los que no es posible oponer resistencia, tuvieron celos de mi juventud. Y , al morir no me fue concedida la gloria del circo, para evitar que me llorara la fiel afición. Abrasaron mis entrañas malignos ardores, que los médicos no lograron vencer.                                                                                                                                                    Te ruego caminante, derrames flores sobre mis cenizas: tal vez tu me aplaudiste mientras vivía.