¿Quieres saber cual es mi secreto? No me importa lo que ocurra

Jiddu Krishnamurti (11 Mayo de 1895-17 de Febrero de 1986) fue un filósofo, orador y escritor sobre la vida y el ser humano. Gran conocedor de la naturaleza, de la mente, de las relaciones humanas y de la meditación. Dedicó toda su vida a intentar abrir la conciencia de los hombres para conseguir cambios positivos en una sociedad global.

Estos son algunos de sus pensamientos:

El mundo está tan lleno de opiniones como lo está de personas. Y usted sabe qué es una opinión. Uno dice esto, y algún otro dice aquello. Cada cual tiene una opinión, pero la opinión no es la verdad, por lo tanto, no escuche una mera opinión, no importa de quien sea, sino descubra por sí mismo qué es lo verdadero. La opinión puede cambiar de la noche a la mañana, pero no podemos cambiar la verdad.

 La libertad y amor van juntos. El amor no es reacción. Si yo te amo porque tu me amas, hay un simple trato, algo que se puede comprar en el mercado; eso no es amor. Amar es no pedir algo a cambio, incluso no sentir que estas dando algo y ese es el único amor que puede conocer la libertad.

 La causa primaria del desorden en nosotros mismos es la búsqueda de la realidad prometida por otros.

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Acabar con el miedo.

Ahora bien: ¿es posible no identificar un sentimiento, captar ese sentimiento sin ponerle nombre? Es el poner nombre al sentimiento lo que le da continuidad, lo que le infunde vigor. No bien dais un nombre a eso que llamáis miedo, lo fortalecéis; mas si podéis captar ese sentimiento sin denominarlo, veréis que él se debilita. Por consiguiente, si uno quiere estar completamente libre del miedo, es esencial que entienda todo el proceso de denominar, de proyectar símbolos, de dar nombres a los hechos. Es decir, el estar libre del miedo sólo es posible habiendo conocimiento propio. El conocimiento propio es el comienzo de la sabiduría, y ésta es el fin del miedo”.

El darse cuenta, simplemente darse cuenta.

A la edad de 90 años dio una conferencia en la ONU acerca de la paz y la conciencia, y recibió la Medalla de la Paz de la ONU (1984). Su última conferencia fue dada un mes antes de su muerte en 1986.

Nos dejó un gran legado y la esperanza de que todo puede cambiar cuando empieza a cambiar en nosotros mismos.

 

 

 

 

 

 

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Malas compañías. El tahúr con el as de diamantes de George de La Tour

El joven ya tiene quince años. No es la primera vez que asiste a algo así. Le han invitado a una cena galante. La estancia es muy sencilla, seguramente un burdel. La dama es hermosa, de rasgos finos y palidez lunar. Lleva un provocador vestido de terciopelo y aderezos de perlas, el símbolo de los placeres que están por llegar.

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Él está seguro de su posición y de su encanto. Antes de cenar, casualmente, ha aparecido un conocido de la dama y ha propuesto jugar una partida. El muchacho ha aceptado, por supuesto, cualquiera que se precie sabe jugar, aunque las cartas sean consideradas un invento del diablo, por eso, y por precaución, los soldados se desprenden de ellas antes de entrar en batalla. No puede pasarle nada, tiene dinero, muchos doblones de oro de a dos y de a cuatro.

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En su atuendo lleva todos los lazos atados, a diferencia del tahúr que para demostrar que está más relajado los lleva sueltos. El chico se fija bien en las cartas mientras una criada, también bien vestida aunque con joyas más vulgares y seguro que falsas por su tamaño exagerado, le vuelve a servir vino. Es el momento.el juego

La meretriz le hace un gesto al tahúr y él cambia uno de los naipes por el As que esconde en el cinturón.

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La noche no acabará bien para el joven noble. Perderá el dinero sin conseguir a la dama. Porque ya se sabe que a nada bueno llevan las malas compañías.

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“El tahúr del As de diamantes” está fechado entre los años 1620 y 1640 y se encuentra actualmente en el Museo del Louvre. De él se conoce otra versión seguramente anterior “Tahúr con as de tréboles” de la que se diferencia en muy pocos detalles, uno de ellos es el palo  de las cartas con las que están jugando.

George La Tour (1593-1652) fue un pintor extraño, tuvo mucho éxito en vida, pero después de muerto cayó en el olvido. A principios del siglo XX fue redescubierto por un grupo de investigadores que lo encumbraron al considerarlo como uno de los pintores más importantes del siglo XVII en Francia gracias al dominio de la luz que situaba siempre en un punto de la escena, y a los ambientes intimistas que conseguían sus composiciones. Solo se conservan cuarenta de sus cuadros.

 

La armónica de cristal, el instrumento maldito

Cuando en 1758 Benjamin Franklin asistió en Inglaterra al concierto de copas musicales de Edmund Delaval quedó tan fascinado por el sonido que producían las copas llenas de agua que inventó un instrumento que reprodujera esa eufonía. Tomó veintitrés copas con un pequeño agujero en la base y las ensambló en un huso de hierro que iba girando gracias a un pedal colocado a la altura de los pies parecido al de las máquinas de coser.

Así nació la armónica de cristal. Fue un éxito. En 1762 la concertista Marianne Davis y su hermana, cantando como soprano, dieron recitales por toda Europa que maravillaron hasta la familia Mozart haciendo que Leopold adquiriese un instrumento para él.  En 1791, un año antes de su prematura muerte, el mismísimo W. Amadeus Mozart compuso una obra para ese instrumento: Adagio y Rondo en Do Menor, KV 617.

 

Marianne Davies también conoció al médico Anton Mesmer, responsable de la teoría del “magnetismo”, quien se enamoró literalmente del instrumento y lo utilizó para inducir estados de hipnosis en sus pacientes.

La propia reina María Antonieta tocaba la armónica de cristal. Se cree que habían unas 4000  de ellas fabricadas entre 1761 y 1835 que se tocaban sobre todo en los salones de la época.

En París el belga Étienne-Gaspard Robertson, físico, mago  y espiritista, creó un espectáculo con espejos y proyecciones de la llamada “linterna mágica” a la luz de las velas y con el sonido de la armónica de cristal que aterrorizaba al público. Estas representaciones llamadas Fantasmagorías se llegaron  a realizar en sitios emblemáticos como el convento de los Capuchinos.

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Beethoven, Carl Philipp Emmanuel Bach, Saint-Sans, y más tarde Richard Strauss,  también compusieron para la armónica de cristal, apodada “el órgano de los Ángeles” por Paganini.

Su sonido era tan mágico y cristalino que fue usado para tratar la melancolía, los enfermos primero mejoraban, pero al poco tiempo sus síntomas se acentuaban. Empezó a correr el rumor de que producía crisis nerviosas en quien la escuchaba y de que los músicos que la tocaban sufrían cefaleas, desmayos, parálisis, pérdidas de memoria y locura, incluso que algunos enfermaban de cáncer.

No eran supersticiones, era verdad.

En algunas ciudades alemanas llegó a prohibirse y a ser considerada como un instrumento maldito. Hasta que se supo la causa, el cristal de las copas estaba fabricado con grandes dosis de plomo y el contacto con el agua para que sonara hacía que este se absorbiera rápidamente a través de las yemas de los dedos. Producía una enfermedad llamada Saturnismo.

El cristal dejó de hacerse con plomo y el instrumento de modificó, pero su uso disminuyó. Hoy en día se interpreta en la célebre escena de la locura de la ópera Lucía de Lammermoor, y eso ha hecho olvidar  su maldición.

 Pero es un sonido extraño que primero cautiva, relaja, seduce, pero al cabo de un rato de escucharlo algo cambia en quien la oye.  

 

No en vano Goethe dijo que en el sonido de la armónica de cristal se podía oír “el alma del mundo”.

 

La muerte de Rilke

 

No se me ocurre mejor muerte para un poeta, si es que hay muertes buenas, que la producida por pincharse con la espina de una rosa.

Rilke estaba haciendo un ramo de flores para ofrecérselo a una amiga que venía a visitarle. La herida se infectó y le acabó produciendo una septicemia. Después de su muerte se descubrió que tenía leucemia . 

Rilke nació en Praga en 1875 y murió en Suiza en 1926. Entre su obra literaria destaca: “Ofrenda a Los Lares” (1895), “El Libro De Las Horas” (1905), “Réquiem” (1909), “Elegías a Dunio” (1923), “Sonetos a Orfeo” (1923) y “Cartas a Un Joven Poeta” escritas entre 1903 y 1906, pero publicadas más de veinte años después de su muerte.

Siempre tuvo una salud delicada. En el año 1923 se trasladó a París pensando que el cambio de aires le ayudaría, pero al empeorar se trasladó a un sanatorio en Val-Mont  (Suiza) en donde murió. 

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Rilke en Moscú. Leonid O. Pasternak (1928)

En su obra literaria  la muerte, la de los demás y la suya propia, siempre ocupó un lugar central:

Finalmente ya no nos necesitan, los que partieron
temprano, uno se desteta dulcemente de lo terrestre,
como uno se emancipa con ternura de los senos de la madre.
Pero nosotros, que necesitamos tan grandes secretos,
nosotros que tan frecuentemente obtenemos del duelo
progresos dichosos, ¿podríamos existir sin ellos?

Rilke, Elegías de Dunio (“Primera elegía”)

 

“He ahí la muerte, un residuo azulado en una taza sin plato”.       

Del poema La muerte         

A pesar de su enfermedad, escribió numerosos poemas entre los años 1923 y 1926, entre los que destacan «Gong» y «Mausoleo», además de una extensa obra lírica en francés. Durante estos años tuvo una relación con la artista Baladine (Elisabeth Spiro), cuyo hijo llegó a ser con los años el conocido pintor Balthus.

Murió el 29 de diciembre de 1926 en el sanatorio suizo de Val-Mont, y fue sepultado el 2 de enero de 1927 en el cementerio de Raron (localidad del Valais). Él mismo escribió su epitafio:

Rosa, oh contradicción pura, deleite
de no ser sueño de nadie bajo tantos
párpados.

 

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Tumba de Rainer M. Rilke en el cementerio de Raron Suiza

Todas las mañanas del mundo

“Todas las mañanas del mundo son caminos sin retorno”

Noche de verano en el monasterio de Poblet. El concierto está a punto de empezar, las entradas están agotadas hace semanas, se han tenido que añadir varias filas de sillas en el refectorio para poder acoger a más gente.

La ocasión lo merece, Jordi Savall con su viola de gamba del siglo XVII tocará la música de Sainte-Colombe, de Marais y de Couperin, tan famosas gracias a la pelicula “Todas las mañanas del mundo”.

Es una conjunción de Ases, un póker sublime: Los músicos de la corte de Luis XIV,  La pelicula de Alain Corneau , el libro de Pascal Quignard  y Jordi Savall con su viola de gamba de siete cuerdas original, fabricada por Barak Norman, uno de los más famosos luthiers de Londres en 1697.

El libro es una pequeña maravilla, pequeña porque tiene 103 páginas, maravilla porque a través de las palabras llega al corazón de la música.

Empieza así:

En la primavera de 1650 la señora de Sainte Colombe murió. Dejaba dos hijas de dos y seis años de edad. El señor de Sainte Colombe jamás se consoló de la muerte de su esposa. La amaba. Fue en esa ocasión cuando compuso La tumba de los lamentos…

 

La música es un lenguaje, un lenguaje que puede devolver la vida a los muertos. Es el testamento vital de Sainte Colombe que cede sus secretos y parte de su música a Marin Marais.

Estas son parte de las Folias de España de Marin Marais.

 Jordi Savall copió a mano en una vieja partitura del s. XVII la obra de Sainte Colombe “Les Pleurs” y se la regaló a Pascal Quignard cuando se empezó a rodar la película de Alain Corneau. Le puso esta dedicatoria:

“Para Pascal como recuerdo de un sueño”.

A veces, los sueños trascienden la noche que los acoge.

 

Cuando contemos hasta diez se nos pasará

1- Ocho personas que se reúnen cada martes para escribir.

2- Un local: Margarita Blue.

3- Una mesa larga, papel, bolígrafos, oredenadores…

4-Una pareja que aparece a la misma hora cada martes.

5- La barra del bar en donde se sientan los dos.

6-El sobre que se dan el día de su última cita.

7- Diecisiete cuentos inspirados en esa historia real.

8- Agítese durante tres años.

9- Sírvase muy frío.

10- AL FIN EL LIBRO.

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Lo presentamos este jueves día 19 de octubre a las 21 horas en el  Margarita Blue: c/ Anselm Clavé 6. Barcelona.

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Hace mucho tiempo, creo que ocho años, coincidimos en La Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés ocho “lletraferits” que cuando acabamos los estudios seguimos reuniéndonos y escribiendo juntos. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero cada martes a las seis de la tarde estamos en el Margarita Blue (nuestro nuevo Ateneo) para escribir, comentar libros, películas, para tomar una copa. ..

De esas jornadas surgió este libro de historias cortas las cuales tienen un denominador común: en todas aparece una pareja  que se sienta en la barra, se toma un Blood Mary y se entrega un sobre. La pareja fue real durante un tiempo, luego no volvió.

El título es un misterio, hace referencia a algo que pasó una tarde de verano en una playa y que nos unió para siempre.

Youkali

Youkali es una isla casi en el fin del mundo, la tierra en donde desaparecen las ansiedades. Es el país de nuestros deseos. Es la felicidad, el placer, el paraíso perdido.

Youkali es una canción, un tango habanera del compositor alemán Kurt Weill, conocido por su colaboración con Bertold Brech en “La ópera de los tres peniques” y con letra de Roger Fernay. Fue compuesto para la obra María Galante en 1935.

Alemania está en los primeros años del nazismo. Hitler asume el poder absoluto y se convierte en canciller del Reich y Führer. En 1935 se promulgan las leyes que privan a los judíos alemanes de su ciudadanía y decretan su expulsión de cargos públicos y actividades económicas.

El mundo ha empezado a cambiar y Youkali es el paraíso en donde refugiarse de una realidad cada vez más terrible. Es la Esperanza, allí no existe el dolor ni la injusticia. Es la isla de Nunca jamás , pero solo existe en los sueños, cuando estamos apunto de llegar  a ella nos despertamos.

Esta versión es de Ute Lemper, genial a mi entender y sentir. Oigan ustedes este tango, pero no olviden que Youkali es un sueño, una locura. Que no hay Youkali. ¿O quizás sí?

 

Youkali

Casi al fin del mundo
Mi barco vagabundo
Errante a merced de las olas
Me llevó allí un día.
La isla es muy pequeña,
Pero el hada que allí vive,
Amablemente nos invita
A dar una vuelta.
Youkali
Es el país de nuestros deseos,
Youkali
Es la felicidad, es el placer.
Youkali,
La tierra donde se quitan las ansiedades
Es, en nuestra noche, como un claro,
La estrella que seguimos
Es Youkali.
Youkali
Es el respeto
De todos los votos cambiados.
Youkali
Es el país
De bellos amores concordados,
Es la esperanza
Que está en el corazón de todos los humanos,
La liberación
Que todos esperamos para mañana.
Youkali,
Es el país de nuestros deseos,
Youkali
Es la felicidad,
Es el placer.
Pero es un sueño, una locura,
¡ No hay Youkali !
Pero es un sueño, una locura,
¡ No hay Youkali !
Y la vida nos arrastra,
Pesada, cotidiana,
Pero la pobre alma humana,
Buscando olvido en todas partes,
Para dejar la tierra
Supo encontrar el misterio
Donde nos sueños se esconden
En algun Youkali…
Youkali,
Es el país de nuestros deseos,
Youkali,
Es la felicidad,
Es el placer.
Pero es un sueño, una locura,
¡ No hay Youkali !
Pero es un sueño, una locura,
¡ No hay Youkali !
 
Monkeys in the Jungle, 1910 (oil on canvas)
(Pinturas de Henri Rousseau)

Equilibrios

Paz  es el equilibrio perfecto en un mundo lleno de piedras blancas y negras.

Paz es El arma anudada que se expone frente al edificio de Las Naciones Unidas en New York como tributo a John Lennon.

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Paz es el Monumento a los niños en un parque de Hirosima. En recuerdo de Sadako Sasaki muerta de leucemia.

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Paz es una sirena guiada por un delfín en Baja California.

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Paz es Gloria Fuertes:

 “Si todos los políticos
se hicieran pacifistas
vendría la paz.”
“Que no vuelva a haber otra guerra,
pero si la hubiera,
¡Que todos los soldados
se declaren en huelga”.
“La libertad no es tener un buen amo,
sino no tener ninguno.”
“Mi partido es la Paz.
Yo soy su líder.
No pido votos,
pìdo botas para los descalzos
-que todavía hay muchos-“

Paz es Rafael Alberti:

“¡Paz, paz, paz! Paz luminosa.
Una vida de armonía
sobre una tierra dichosa.”
“Paz sin fin, paz verdadera.
Paz que al alba se levante
y a la noche no se muera.”

Paz es:

gandi

 

 

Estoy poeta (diferentes maneras de estar sobre la tierra). Begoña Abad

Aprendo cada día a desaprenderme.

No soy lo que tú ves ni lo que piensas de mi.

Ni soy lo que digo o pienso.

No hagas el esfuerzo de etiquetarme

No soy nada de eso.

Haz silencio.

Eso somos.

 

Begoña Abad es una escritora de cuentos y poeta que nació en 1952 en Villanasur del río Oca (Burgos) y vive en Logroño. Durante cincuenta años vivió una vida que —ha explicado— «no era la suya», dedicándose a cuidar a su marido y sus hijos y a hacer cosas útiles que era lo en que aquel tiempo la historia reservaba a las mujeres. También a esa edad se independizó económicamente trabajando en la portería de un edificio en Logroño. Encontró en la poesía su refugio. “Soy una abridora humilde de puertas y de almas”.

Ha escrito: Begoña en ciernes , La medida de mi madre, Cómo aprender a volar y Estoy poeta.

Ha publicado diversos poemarios y su poesía ha sido incluida en diversas antologías y revistas. Ha participado en varios de los encuentros poéticos Voces de extremo en Moguer y Logroño, y fue durante ocho años vicepresidenta del Ateneo Riojano de Logroño.

Debería haberme aflojado
la conciencia
no tengo edad para
estrecheces
ni para el insomnio que
me produce la injusticia.
 
Debería vestirme de mayor
y cuidar no me contagien
la alegría
los que aún la conservan.
 
Debería hacerme un seguro
por si vivo lo suficiente
a pesar de tragar tanto
veneno.
 
Debería dejar de hacer
el amor
no vayan mis nietos
a descubrirme
y me pidan consejo.
 
Debería dejar la pancarta
de oponerme
al sistema por sistema
y a sus aberraciones.
 
Debería hacerme cómplice
de los que ganan
para comer con ellos
la sopa boba
en lugar de hacerme
una de sobre.
 
Debería dejar de escribir
poemas
que nunca verán la luz
en Hiperión
ni estarán en la lista
de los elegidos.
 
Pero dejar estas cosas,
ahora que empiezan
a gustarme,
me jode tanto…

 

El otro día conocí su poesía por casualidad, buscando información, leyendo un cuento. Pero no sé porqué estoy explicando nada. Mejor que siga hablando ella.

 

No necesito un hijo que me quiera,
ni que sea feliz, ni hermoso,
ni que triunfe y me sonría,
ni un hijo que me cuide,
me proteja, me tutele.
Necesito, simplemente,
un hijo que me sobreviva
y al que poder amar hasta el final.
Si me faltara,
¿qué haría yo con tanto amor
como me crece para él
cada mañana?


begoña abad madre

 

Y una frase de ella:

Para aprender a amar hay que nacer muchas veces.

 

Estoy poeta

La isla de los muertos de Arnold Böcklin

Hay pocas pinturas que a pesar de la armonía de su composición intranquilicen tanto a quien las contempla.

Los colores son suaves, el mar está en calma… Sí, una barca con una figura blanca estática, como amortajada, pero erecta se dirige a una isla, eso da que pensar.

Su autor Arnold Böcklin realizó cinco versiones del cuadro entre 1880 y 1886 de las que solo se conservan cuatro. Hitler adquirió la tercera versión en calidad de canciller del Reich y en un primer momento lo conservó en su casa de Berchtesgaden para luego colgarlo en la Cancillería. Ante él se retrató en una fotografía de prensa junto a Molotov, en aquella época ministro de asuntos exteriores de la Unión Soviética. Un año más tarde las tropas alemanas invadieron la URSS.

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La cuarta versión la adquirió el barón Von Thyssen, esta también se encontraba en Berlin hasta que desapareció durante la II Guerra Mundial dándose hoy en día por perdida.

Böcklin nunca dio explicaciones sobre su significado, el título: La isla de los muertos se lo debe a un marchante de arte.

Se dice de ella que influyó en Dali, De Chirico, Rubén Dario, Rilke, Rachmaninov. La obra se hizo tan popular que se reprodujo como litografía y que tanto Lenin como Herman Hesse habían tenido una de ellas decorando las paredes de sus casas.

No se sabe en que lugar se inspiró el autor para pintarla, algunos creen que fue en la isla de Isquia, otros que en la de Ponza o la de Kotor, incluso en el cementerio de los Ingleses de Florencia.

Lo cierto  es que aún sigue siendo fuente de inspiración en nuestros días.

En el cine: La isla Skull o de la Calavera, donde vive King Kong.

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En la película Furia de titanes (1981): Perseo cruzando el río Styx.

 

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En cómics como Martin Mystère:

Martin Mystere

O la versión del dibujante Milo Manara:

Isla de los muertos. Milo Manara

Incluso en la Diagonal de Barcelona, en el cruce con el Passeig de Sant Joan, hay un monumento a Verdaguer que se inspiró en La isla de los muertos como aseguraba Vidal-Folch:

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Es un cuadro que siempre me ha impresionado y me ha atraído a la vez, y no es por la barca, ni por Caronte ni por la extraña caja adornada que porta:
 
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Ahora lo sé. Es por los cipreses. En cualquier cementerio son los árboles los que cobijan y rodean a los muertos, pero en el cuadro de Böcklin: la isla, los hipogeos, los muros de piedra guardan y protegen a los cipreses. Todo se centra y se dirige a ellos como si fueran lo único vivo, lo único que importa.
 
bocklin
¿Qué tienen los otros árboles que no tenga yo?
Yo no soy triste,
lo que pasa es que todos me miráis con tristeza.
El ciprés del cementerio (Gloria Fuertes)