Antropología

Los pueblos sin leyendas se mueren de frío

Oimiakón es un pueblo ruso de la república de Sajá considerado el más frío del mundo. En invierno se pueden alcanzar fácilmente los 56 grados bajo cero. Está a 7000 kilómetros al nordeste de Moscú y cuenta con poco más de 460 habitantes.Resultado de imagen de oimiakonLa dieta de su población se basa en carne de reno, caballo y pescado. Para pescar es necesario hacer agujeros en el hielo y acceder a la fuerte corriente del río Indigirka. Los peces tardan menos de un minuto en congelarse al ser pescados.
En el subsuelo de la región hay grandes reservas de petroleo, gas, carbón, oro, plata  y  en él se encuentran el 20% de los diamantes del mundo.
La república de Sajá-Yakutia es seis veces más grande que España pero cuenta con menos de un millón de habitantes. En invierno a penas tienen tres horas de luz al día.Enclave únicoEs peligroso usar cierto tipo de gafas de sol y tocar objetos metálicos en el exterior sin guantes porque las bajas temperaturas hacen que la piel se adhiera a ellos  siendo muy difícil desprenderse después.Densidad de población

Pero sus habitantes se han reinventado fomentando los deportes de riesgo extremo.

Oimiakón es un sitio en donde es muy difícil vivir, pero a pesar de todo muchos de sus pobladores sobrepasan los cien años. Es un pueblo vivo que tiene una leyenda:

Se cuenta que Chysjaan, un personaje que viene de los hielos, cada año surge del océano Ártico y que con su respiración va llevando el frío a la tierra. Así se inaugura y se bendice la llegada del invierno. Sus habitantes saben si el invierno será duro mirando la longitud de sus cuernos. Luego ‘El señor del frío” inaugura el árbol navideño de la aldea y se retira a su morada.

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Ya lo dijo el célebre historiador y filólogo francés G. Dumézil (1898- 1986) estudioso de las sociedades y las religiones indoeuropeas:

 “Los pueblos sin leyendas se mueren de frío”.

Turismo extremo
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Los que no se fueron

Hay un pueblo bellísimo de la sierra de Francia en Salamanca que está tapizado de retratos de personas. Es Mogarraz.

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Está en el Parque Natural de Las Batuecas y gracias a su aislamiento geográfico ha conservado intacto su encanto de villa medieval a través de los años.

Pero hoy además de por sus características arquitectónicas y paisajisticas es admirado porque en las paredes de sus casas están pintados muchos de sus antiguos habitantes.

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Todo empezó en 2012 con la exposición Retrata 2/388, un proyecto artístico de Florencio Maíllo.

Trescientas ochenta y ocho pinturas sobre chapas metálicas  reutilizadas, con las que antaño sus habitantes protegían las casas de las inclemencias climatológicas; fueron realizadas con la técnica de la encáustica, que consiste en mezclar cera caliente como  aglutinante con los pigmentos cromáticos para así resultar más densa y resistente.

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Florencio usó como referencia cada una de las imágenes que tomó Alejandro Martín en el otoño de 1967 cuando fotografió por encargo, frente a una sábana blanca en la bodega de sus padres, a casi toda la población mayor de edad de Mogarraz  para hacerse el carnet de identidad. El fotógrafo era un aviador del Ejército que años después se convirtió en el primer alcalde de la democracia de la localidad.

La muestra de Florencio Maíllo quiso homenajear a todas aquellas personas que en su mayoría no emigraron de la localidad.

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Cada cuadro de la obra está colocado en donde vivían sus protagonistas cuando fueron fotografiados o en donde residen actualmente. Los que no tenían casa propia o tuvieron que venderla recubren los muros de la iglesia.

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Cuando acabó la exposición el artista regaló los cuadros a los vecinos  pero ninguno de ellos quiso descolgarla de las fachadas de sus casas. Incluso otras personas del pueblo quisieron ser pintadas. Hoy son más de seiscientos retratos los que habitan el pueblo como testigos mudos del presente y del pasado.

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La nostalgia del sol en los terrados,
en el muro color paloma de cemento
—sin embargo tan vívido—y el frío
repentino que casi sobrecoge.
La dulzura, el calor de los labios a solas
en medio de la calle familiar
igual que un gran salón, donde acudieran
multitudes lejanas como seres queridos.
Y sobre todo el vértigo del tiempo,
el gran boquete abriéndose hacia dentro del alma
mientras arriba sobrenadan promesas
que desmayan, lo mismo que si espumas.
Arte Poética (J. Gil de Biedma)

 

Las calaveras pintadas y la copa de Lord Byron

En todas las civilizaciones desde tiempos inmemoriales ha habido un culto a los restos humanos, unas veces por respeto a los antepasados, por superstición, como reliquias poseedoras de capacidades sanadoras; otras, algo más lúgubres, apilando los huesos en osarios y formando composiciones artísticas, incluso lámparas para la decoración de una iglesia como esta en Sedlec (República Checa).
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En el pequeño pueblo de Hallstatt (Austria) junto a la iglesia de Santa María se encuentra la Karner Beinhaus o casa de los huesos. Allí se guardan infinidad de calaveras decoradas, la mayoría de ellas datan de antes de 1890. 
Cuando los restos del fallecido eran exhumados los cráneos eran limpiados y pintados con diversos motivos, flores, serpientes, cruces, etc.
El mismo sepulturero se encargaba de decorarlas. 
Casi las dos terceras partes de las calaveras pintadas eran de hombres. Esto se debía en parte al hecho de que las mujeres solían vivir más que sus esposos, por lo que podían ocuparse de sus restos. En cambio la calavera de una viuda se dejaba a cargo de los hijos u de otros parientes que no estaban tan dispuestos a pagar para que la decorasen.
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Para poder exponer el cráneo allí, se debían cumplir dos requisitos, ser natural del pueblo y haberlo dejado escrito en el testamento. La última incorporación es del año 1998.
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Otra historia que llama la atención es la de la existencia de una copa que mandó hacer Lord Byron con la bóveda de un cráneo humano. Lo encontró en la Abadia de Newstead en su época de estudiante y le encargó a un orfebre que la puliera y le añadiera una inscripción. Con ella celebraba sus brindis en las cenas estudiantiles y durante los “festines poéticos”
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He aquí la poesía que compuso para ella:
Espera, no creas que mi espíritu huyó.
Contempla en mí a la única calavera
de la que, al contrario que de una cabeza viva,
nunca salen tonterías.
Yo viví, amé y bebí con placer, como tú.
Y ahora estoy muerto. ¡Que la tierra renuncie a mis huesos!
Tú lléname, no puedes ofenderme,
Pues el gusano tiene labios aún más viles.
Mejor es contener chispeante uva
que albergar a la viscosa cría del gusano;
mejor es abrazar como copa
bebida de dioses que ser comida de reptiles.
Donde quizá alguna vez brilló mi ingenio,
hazme brillar para otros,
pues cuando desaparecen los sesos, ay,
¿qué sustituto puede existir más noble que el vino?
Bebe ávidamente mientras puedas.
Cuando tú y los tuyos, como yo lo fui, seáis aniquilados,
quizá otra estirpe te salve del abrazo de la tierra,
escriba versos y se deleite con los muertos.
¿Por qué no? Ya que durante el breve día de la vida
nuestras cabezas engendran efectos tan tristes,
una vez limpias de gusanos y sucio barro,
al menos pueden ser útiles.
“Lines inscribed upon a cup formed from a Skull (1808)”.
Lord Byron