EL IMPERIO DE LAS LUCES. René Magritte

“La nada es la única gran maravilla del mundo” René Magritte.

Cuando ves el cuadro por primera vez te inquieta y no sabes por qué. En una calle hay una casa con un farol encendido delante de ella y en un primer plano un árbol. Todo está silencioso y solitario, tan solo en las dos ventanas del piso superior hay luz. De él Magritte hizo varias versiones en los años 50.

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               Óleo sobre lienzo, 146 x 114 cm.
                      El imperio de las luces (L’empire des lumiéres)

Quizás es por la paradoja, porque la casa está sumida en la noche y el cielo es un cielo diurno, pero que no ilumina la escena.  Está oscureciendo, eso sí. Está en la zona intermedia del día y la noche en donde éstas se tocan, pero que no llegan a unirse totalmente, como el sueño y la vigilia. Son los dos universos paralelos que coexisten inevitablemente dentro de todos nosotros. Verlo me sume en una extraña nostalgia, en la tristeza crepuscular del final de la tarde, en lo inexorable de acabar el día, del momento “justo antes” cuando todavía hay luz afuera, pero que es insuficiente y necesita de la luz interior para soportar la huida del sol.

Ese enigma, esa paradoja, es el centro del la ideología surrealista.

R. Magritte estaba fascinado por la idea de los contrarios. Comentó la obra así:

«La concepción de un cuadro, es decir, la idea, no se visualiza en el mismo: es imposible ver una idea con los ojos. Lo que un cuadro representa es lo visible a los ojos, esto o las cosas que tenían necesidad de tal idea. Esas son también las cosas representadas en el cuadro El imperio de las luces. Mejor dicho, lo que aparece es un paisaje nocturno y por otro lado el cielo que podemos ver en un día despejado. El paisaje representa la noche y el cielo, el día. La evocación de la noche y el día tiene, creo yo, el poder de sorprendernos y fascinarnos. Designo este poder con el nombre de poesía. Si atribuyo a esta evocación tal poder es, sobre todo, porque siempre me han interesado el día y la noche, sin que jamás haya sentido preferencia por ninguno de los dos. Este fuerte interés personal por el día y la noche es un sentimiento de asombro y de admiración».

Y André Breton dijo de ella :

“Abordar el problema de qué es la luz desde la sombra y qué es la sombra desde la luz”.

Sí, es la tierra intermedia entre lo consciente y lo inconsciente.

 

 

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