Del circo al Metropolitan Museum de Nueva York. Suzanne Valadon

Esta es la historia de una mujer que siempre hizo lo que quiso. Se llamaba Suzanne Valadon (Haute-Vienne, 1865-Paris)

Nació en una familia humilde, su madre se fue a Paris cuando enviudó para trabajar de lavandera. A los dieciséis años tuvo un hijo al que le puso el apellido de un amigo y que luego sería el famoso pintor Maurice Utrillo.

A ella le gustaba el circo y consiguió ser trapecista en el Circo Medrano de Pigalle en donde se concentraba la Bohemia parisina. Allí conoció a Toulouse-Lautrec, Degas, Renoir que la admiraban por su talento con las acrobacias y por su belleza, pero un día una fatal caída acabó con su sueño y tuvo que dejar el circo. Sus amigos pintores la ayudaron a sobrevivir proponiéndola que posara como modelo.

Lavandera (Toulouse-Lautrec, 1884-1888)
La trenza (Auguste Renoir, 1886)
Mujer en la tina (Edgar Degas, 1886)

Las largas horas que pasó posando en los estudios hicieron posible que observara las técnicas, los materiales, los trazos de los artistas. Así aprendió a pintar. Degas la animó y la aceptó como alumna. Ella misma fue la modelo de sus propios cuadros, pintó su cuerpo, su “toilette”, el baño de su hijo, pero sobre todo cuerpos femeninos desnudos.

En sus pinturas refleja pasión y su libertad, pronto estas son reconocidas en los ambientes artísticos de París por su naturalidad y por los trazos negros que perfilan las figuras dándoles fuerza. En 1894 cinco de sus dibujos se exponen en el salón de La Nacional.

En 1896 se casa con un agente de cambio y bolsa, `pero se separa unos años después para irse a vivir con un amigo de su hijo, mucho más joven, el pintor André Utter, al que retrata innumerables veces desnudo, lo cual fue un escándalo en aquel momento porque no era habitual pintar desnudos masculinos.

Uno de sus cuadros más celebres fue Adán y Eva (1909) en donde aparecen los dos juntos.

André no triunfa como pintor, pero hace de marchante de Suzanne y ayuda a que su obra sea reconocida, también representa al hijo de esta Maurice Utrillo.

En 1910 Suzanne amplia la temática de sus cuadros, pinta escenas familiares, paisajes, animales…

Retrato de familia (1912)

En 1914 movilizan a Utter en la Gran Guerra y justo antes de despedirse se casan. Cuando vuelve del frente se mudan a una mansión, tienen coche y una cabra en casa para que se vaya comiendo los dibujos y borradores desechados.

El tiempo pasa y la relación también termina, los últimos años de su vida los pasa junto a Gazi, un amigo al que conoció como guitarrista en un bar.

Suzanne Valadon muere en Paris el 7 de abril de 1938 a los 72 años en la ambulancia que la trasladaba al hospital tras haber tenido una hemorragia cerebral.

A su entierro en el cementerio de Saint-Ouen acudieron muchos de sus compañeros y amigos, André Derain, Pablo Picasso, George Braque.

Hoy sus obras se exponen en muchos museos del mundo, en el Centro George Pompidou, en el MET (Metropolitan Museum of Art de Nueva York).

A pesar de su brillante y exitosa trayectoria como pintora, de haber triunfado y de haber vivido según sus propias normas, pocas personas conocen su nombre y su obra, a veces es mencionada como la madre de Maurice Utrillo, aunque sea considerada una de las pintoras postimpresionistas más importantes del mundo.

Me desordeno, amor, me desordeno

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

Carilda Oliver Labra, Memoria de la fiebre, 1958

Carilda Oliver, nacida en Matanzas, Cuba (1922-2018), fue una de las más destacadas poetisas hispanoamericanas. Premio Nacional de Literatura (1998). Doctora en derecho civil, abogada de profesión, profesora de dibujo , escultura y pintura; y poetisa por naturaleza.

Fue el máximo exponente de la poesía erótica cubana. “La llamaban la novia de Matanzas”. Podría hablar de sus logros, de sus innumerables reconocimientos, pero solo hace falta leerla para saber de ella:

A la esperanza vuelvo, a la madera…

A la esperanza vuelvo, a la madera
que construyó mis días importantes,
a la extraviada primavera
de antes.

A la justicia de mirarlo todo
como si me perteneciera,
que en fin de cuentas no hay un modo
de abandonar el hambre de la fiera.

Adiós

Adiós, locura de mis treinta años,
besado en julio bajo la luna llena
al tiempo de la herida y la azucena.
Adiós, mi venda de taparme daños.


Adiós, mi excusa, mi desorden bello,
mi alarma tierna, mi ignorante fruta:
estrella transitoria que se enluta,
esperanza de todo por mi cuello.


Adiós, muchacho de la cita corta;
adiós, pequeña ayuda de mi aorta,
tristísimo juguete violentado.


Adiós, verde placer, falso delito;
adiós, sin una queja, sin un grito.
Adiós, mi sueño nunca abandonado.

Así se describe y se siente:

Carilda

Traigo el cabello rubio; de noche se me riza.
Beso la sed del agua, pinto el temblor del loto.
Guardo una cinta inútil y un abanico roto.
Encuentro ángeles sucios saliendo en la ceniza.

Cualquier música sube de pronto a mi garganta.
Soy casi una burguesa con un poco de suerte:
mirando para arriba el sol se me convierte
en una luz redonda y celestial que canta…

Uso la frente recta, color de leche pura,
y una esperanza grande, y un lápiz que me dura;
y tengo un novio triste, lejano como el mar.

En esta casa hay flores, y pájaros, y huevos,
y hasta una enciclopedia y dos vestidos nuevos;
y sin embargo, a veces… ¡qué ganas de llorar!

En una entrevista para la revista El Búho en 2010 decía así:

“La poesía para mí es la salud porque cuando escribo me siento muy bien. Una está como en una nube, con los versos una empieza a saber que una no es una, hasta que te sorprende la poesía. Ella es quien llega, ella es quien busca y ella llegó. Entonces tomo la pluma y trato de escribir y lo voy haciendo lentamente, a tientas, evitando la lupa, porque noto que la lupa entorpece mis ideas”.

Como ella decía: “Una mujer que supo amar y supo contarlo”.

El reloj floral de Carlos Linneo

Cuando no había relojes, el sol y la naturaleza señalaban el paso de las horas.

Todos los seres vivos tienen un ritmo que va variando según el momento del día, sobre todo el de las especies botánicas, este hecho da una información valiosa sobre algo tan preciso como es la hora.

Carlos Linneo (Rashult, 1707- Upsala, 1778) fue un científico, botánico y naturalista, especializado también en farmacia y medicina. Él creó la nomenclatura científica de todas las plantas conocidas en su día. Su tratado “Species Plantarum” (1753) nació de la necesidad de designar nombres universales para las especies, pues en cada pueblo, en cada país las plantas y las flores se llamaban de distintas maneras. Lo hizo usando el latín, poniendo en primer término el género escrito en mayúsculas y en segundo el nombre específico en minúsculas. Así se formó la guía universal del nombre de las plantas que se utiliza hoy en día.

Carlos Linneo

Una mañana paseando por el campo observó que cada flor se abría en un momento determinado y que era posible saber la estación del año, el mes y la hora exacta según el ritmo de apertura de las mismas. Esto tenía algunas variaciones según el lugar y el clima, pero funcionaba con tanta exactitud que le permitió crear un reloj hecho exclusivamente con flores.

En la naturaleza todo tiene propósito y sentido. Las flores se van abriendo a la luz según el biorritmo de los insectos que las polinizan.

El reloj floral está dividido en dos partes. En el lado izquierdo, empezando a las seis, se encuentran las plantas que se abren por la mañana. Algunas de estas serían:

5 y 6: achicoria, amapola y calabaza.

6 y 7h: crepis rubra, enredadera.

7 y 8h: lirio de la hierba, nenúfar, tusílago, alquimia, hipérico.

8 y 9h: anagalis, calta palustre, centaurea.

9 y 10h: betónica silvestre, margarita, caléndula.

10 y 11h: anémona de tierra, vinagrera, spergularia.

11 y 12 horas: tigridia, cerraja, aizoácea.

En el lado derecho, empezando por las doce:

12 y 13h: caléndula, petrorhagia.

13 y 14h: anagalis, hieracium.

14 y 15h: achicoria, diente de león, calabaza.

15 y 16h: lirio de hierba, tusílago, hieracium rojo.

16 y 17h: dondiego de noche, vinagrera, nenúfar.

17 y 18h: amapola.

Es un reloj bastante fiable, seguro que en el pasado muchas personas ya sabían leer en las flores lo que pasaba a su alrededor.

Hay una poesía de Jorge Guillén (1893-1984) que relaciona la naturaleza con el paso de las horas.

Las doce en el reloj:

Dije: Todo ya pleno.
Un álamo vibró.
Las hojas plateadas
Sonaron con amor.

Los verdes eran grises,
El amor era sol.
Entonces, mediodía,
Un pájaro sumió
Su cantar en el viento
Con tal adoración
Que se sintió cantada
Bajo el viento la flor
Crecida entre las mieses
,
Más altas. Era yo,
Centro en aquel instante
De tanto alrededor,
Quien lo veía todo
Completo para un dios.
Dije: Todo, completo.
¡Las doce en el reloj!

Jorge Guillen

No en vano para Guillén la plenitud del ser humano es estar en el mundo contemplando gozosamente la naturaleza.



Sumergidos en música

Symphony” es una experiencia audiovisual inmersiva que con las últimas tecnologías llega a lo más hondo de quien se sumerge en ella. Se presenta en Caixaforum de Barcelona de la mano del director de orquesta Gustavo Dudamel y de la Mahler Chamber Orchesta.

Esta instalación es un estímulo para la sensibilidad y la creatividad de quienes la disfrutan.

Consta de dos partes, en la primera asistimos a una proyección en una pantalla que por sus proporciones nos envuelve de la misma manera que lo hace el sonido.

Los sonidos del mar, de una plantación de café y de la vida en Nueva York a través de tres protagonistas van formando músicas que se convierten en sinfonías, hasta que convergen en una orquesta en el Liceo de Barcelona. Según Dudamel los instrumentos de una orquesta están hechos de madera o metal, pero para funcionar necesitan pasión.

Con esa pasión abandonamos la sala para entrar en un espacio con sillones que giran 360 grados, provistos de auriculares y gafas 3D. Cuando nos colocamos las gafas dejamos de ver a los demás, pero yo me los imagino entre los cascos, los auriculares y la mascarilla, que por supuesto todos llevamos, como los guerreros de la guerra de las Galaxias.

Empieza el viaje. Dudamel nos presenta a su orquesta, nos sienta entre ellos, tan cerca que nuestra butaca vibra, se mueve con los violines, con las flautas, con la percusión. Somos seres etéreos, nos podemos desplazar por el espacio, hacia arriba, hacia abajo. Es como nadar en un mar entre acordes y sinfonías. Todo eso nos lleva hacia los océanos de las emociones, algas, anémonas, fuegos artificiales nos envuelven y nos revuelven. Todo de la mano de Beethoven, Mahler y Bernstein.

Maravillosa, hipnótica, genial la inmersión, sobre todo el Mambo de West Side Story con el que finaliza Symphony. Aquí hay una pequeña muestra de ello:

Me quito el casco sin prisas, con la sensación de que ha sido muy corto, de no querer salir de ese mundo mágico. Veo a las demás personas que ocupaban los otros sillones. Me sorprendo, me doy cuenta de que estaban a mi lado, pero no estaban conmigo, que aunque todos hubiéramos sentido emociones similares cada uno estaba aislado en su propio mundo, que en el fondo había sido una experiencia solitaria. Y eso quizás sea a lo que nos lleve el futuro. Me encantó, sí, me gustó muchísimo, pero la idea asusta.

Sin nada entre las manos. Eric Pickersgill

Eric Pickersgill (Florida, 1986) es un fotógrafo americano que con su obra explora las relaciones humanas y los efectos psicológicos cotidianos de las nuevas tecnologías en las personas.

Eric Pickersgill

Un día, en el café Illium en Troy, Nueva York, observó a una familia desayunando. Todos menos la madre, que miraba por la ventana, estaban consultando o jugando con su teléfono móvil.

Esa escena le hizo reflexionar sobre el aislamiento de los seres humanos, sobre la desconexión social que se produce cuando estamos enganchados a cualquier dispositivo electrónico.

De aquí nació “Removed” (Eliminado) una serie fotográfica con hombres y mujeres muy concentrados en su móvil, pero sin nada entre las manos.

Da que pensar. Cuando ves las imágenes enseguida te imaginas el teléfono, como si de verdad estuviera, pero cuando adviertes que no está ves la escena ridícula. ¿Pero qué están haciendo? ¿Por qué no disfrutan de ese momento real?

El estar pendientes de un dispositivo electrónico nos hace vivir en una realidad paralela, no estar ni conectar con lo que realmente está pasando, con quienes tenemos delante.

Sí, todos lo sabemos, pero es muy difícil no hacerlo. Está muy bien que alguien nos lo recuerde.

 

Entréme donde no supe

Esta es una de las poesías más hermosas de la lengua castellana. Es de San Juan de la Cruz.

Su título original según el códice de Sanlúcar de Barrameda fue: “Coplas sobre un éxtasis de harta contemplación” es la descripción apasionada de un estado modificado de conciencia, un éxtasis, algo que supera las capacidades de vigilia de la mente normal para adentrarse en la conciencia pura.

ENTRÉME DONDE NO SUPE

Entréme donde no supe:
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

1. Yo no supe dónde estaba,
pero, cuando allí me vi,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

2. De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.

3. Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo.
toda ciencia trascendiendo.

4. El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece,
y Su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

5. Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía:
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

6. Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

7. Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que la puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.

8. Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

San Juan de la Cruz

Pedro Salinas, el gran poeta, decía de la obra de San Juan de la Cruz: “No hay poesía más misteriosa en nuestra lengua”. Desde luego tenía razón.

Curiosamente me recuerda la situación de pandemia en la que ahora nos encontramos. No va de eso la poesía, está claro, pero “Entréme donde no supe” y “A toda ciencia trascendiendo” me remite directamente a ello.

Para el gran místico es una situación magnífica y privilegiada el entrar sin saber y el plantearse situaciones que escapan a la ciencia. ¿Por qué no hacerlo nosotros ahora? ¿Qué somos los humanos para el mundo, cómo estamos incidiendo en él? ¿Por qué, para qué, estamos aquí? ¿Hasta cuándo el planeta dejará de tolerarnos como especie?

En la poesía de San Juan de la Cruz “Todo es lo que es y mucho más” (Jorge Guillen).

El día de los tres soles y J.M.W. Turner

El parhelio (parecido al sol) es un fenómeno meteorológico que se produce por la reflexión de la luz solar en las nubes de tipo cirro cuando estas llevan muchas partículas de hielo, y que provoca el efecto óptico de que hay varios soles en el cielo, lo cual puede durar incluso horas.

Este fenómeno es mencionado desde la antigüedad por Aristóteles, Ptolomeo, Cicerón y Séneca, entre otros. Pero no es hasta el 20 de abril de 1535 en el que es documentado e incluso pintado muy poco después de producirse por Malare Urbana. El original se perdió, pero queda una copia bastante fidedigna del cielo y la ciudad de Estocolmo por aquellas fechas.

Vädersolstavlan de Jacob Heinrich Elbfas (1636)

El 23 de abril de 1775 se dio ese extraño fenómeno en el cielo de Covent Garden, Londres. Un niño nacía bajo la mirada y el calor de tres soles, lo llamaron William Turner y sería uno de los pintores más importantes del paisajismo inglés, también fue llamado “El pintor de la luz”.

Es uno de los grandes artistas del romanticismo, al que se le considera el primer pre impresionista. Plasmaba la fuerza y el influjo de la naturaleza sobre el ser humano. En su obra destaca la apreciación de los fenómenos meteorológicos, nieve, tempestades, oleajes.

Tormenta de nieve sobre el mar (1842)

Mañana después del diluvio. (1843)
El Incendio del parlamento. (1835)

Al final de su vida su pintura fue casi simbolista, jugaba con la percepción y la imaginación del observador, difuminaba las formas, pero sobre todo dibujaba cielos y soles, en uno de sus últimos cuadros pintó el ángel del Apocalipsis delante del sol. Volvía al principio de su vida, a aquella mañana de tres soles.

Ángel delante del sol. (1846)

Se dice que sus últimas palabras fueron: “El sol es Dios”

Un viaje psicodélico. Wes Wilson

Wes Wilson (Sacramento, 1937- Missouri 2020) fue un artista y diseñador que incorporó la psicodelia en su obra, especialmente a los carteles.

Eran los años sesenta, la época del espíritu hippie, del pacifismo, de la imaginación al poder. Todo era posible, se valoraba la Utopía y los jóvenes se manifestaban en contra de las guerras y las injusticias en el mundo. Él supo trasladar esa filosofía a sus posters.

Hizo su primer cartel en 1965 como protesta por la Guerra de Vietnam. En él unificaba las Barras y Estrellas de la bandera americana con la Svástica. Solo tenía escritas dos frases: Are we next? (¿Somos los siguientes?) y Be Aware (¡Mantente alerta!).

“Estoy muy contento de haber hecho algo muy significativo para expresar mi estupor y angustia como norteamericano acerca de ese costoso error ético que fue la guerra de Vietnam.”  W. Wilson.

El impacto que provocó, a pesar de su simplicidad, hizo de Wilson un símbolo, todos los que compartían sus ideas le encargaban proyectos. Músicos como Otis Redding, Jefferson Airplane, Grateful Dead… Incluso los Beatles le encargaron el póster para su último concierto el 29 de agosto de 1966 en el Candlestick Park de San Francisco.

Creó un nuevo estilo. Sus colores eran brillantes y muy contrastados los unos con los otros, el texto llenaba casi todo el espacio y las letras se retorcían, se curvaban dando la sensación de movimiento, de alucinación. Sus carteles te metían dentro de ellos, te hacían bailar. Mareaban.

Ese formato de fuente tipográfica no era casual, era algo intencionado. Wilson decía que esa confusión obligaba a la gente a pararse para leer y concentrarse en lo que se anunciaba.

Wes Wilson falleció a los 82 años en su granja de Leanne (Missouri). Su obra no solo fue pictórica, fue capaz de transmitir visualmente el espíritu de los años 60.

Tocar a un dios

En Perú está la cuna de la cultura Chavín (1500-300 ac), en la localidad de Chavín de Huántar. Dentro de un templo sagrado al que llaman “El castillo” que tiene forma de pirámide truncada está “El Lanzón”. Es un monolito de más de cuatro metros grabado con símbolos geométricos ancestrales al que ofrendaban la sangre  de las víctimas sacrificadas en su culto. El precioso fluido iba recorriendo todas sus formas confiriéndole el poder de la vida.

El Lanzón, no era un símbolo, no era una representación de la divinidad. Era Dios.

Estaba al final de un laberinto pétreo contenido en la pirámide real, iluminado por estratégicas aberturas en las paredes y por antorchas. Solo podía ser visto por los sacerdotes, quizás también por las víctimas en sus últimos momentos.

Hace muchos años pude entrar allí, verlo con la luz del fuego prendido en las paredes, igual que lo vieron ellos, oler sus piedras milenarias. Recuerdo que pensé, pobre dios, ahora se puede pagar a un guía para que te lo muestre y explique su historia. ¿Cómo puede creer alguien que una piedra es la generadora de la vida, la protectora del orden cósmico, la energía máxima?

El espacio en donde estaba era muy estrecho, a penas cabíamos  dos personas a su alrededor. A pesar de mi juventud y de mi escepticismo el ambiente era extraño, asfixiante, nadie habló dentro, ni tan siquiera el guía. Ahora voy a tocar a Dios, pensé, a ver qué se siente. Alargué el brazo, empecé a acercar la mano que se reflejó en el ídolo bailando con la luz de las candelas de la pared. La sombra de mi mano estaba en él, dentro suyo. No sentí nada, pero me fue imposible tocarlo.

Para poseerlo, para retenerlo de alguna manera en mi, le hice una foto, una foto que salió mal, movida, desdibujada por la poca iluminación y la precariedad de la cámara. Ayer la encontré en un álbum antiguo. No, no pude tocar al dios, pero él me regaló algo. Al ver y tener en las manos aquella imagen volví a estar en Perú, volví a oler el templo, la sangre que corrió por sus grabados, el peso de la mochila en mi espalda, volví a tener veinte años.

Hilma af Klint. Pintando para el futuro.

Este cuadro (The Swam, nº 10) fue pintado por Hilma af Klint (Solna,1862- Danderyd1944) en 1915, antes de que Kandinsky, Mondrian y Málevich fueran conocidos como los precursores del arte abstracto. Esta artista sueca nunca expuso en vida. No permitió que su obra fuera vista hasta después de veinte años de su muerte. Creía que no la entenderían, que sería ridiculizada. Hilma era una pintora figurativa. Tenía más de cuarenta años cuando empezó a pintar de una manera no convencional para plasmar lo invisible, lo que está en la realidad, pero no se ve.

La muerte de su hermana pequeña le hizo buscar respuestas en el espiritismo y en la Teosofía,(muy populares en su época). Fue en una de aquellas reuniones, junto a cuatro mujeres más (el grupo de Las Cinco) en donde recibió el encargo de “Los altos maestros” de transmitir el mensaje que había recibido de los Médiums. Así nació la serie “Los cuadros para el templo” 193 obras iniciadas en 1906 y terminadas en 1915.

“Los cuadros fueron pintados directamente a través de mí, sin ningún dibujo preliminar y con gran fuerza. No tenía idea de lo que se suponía que representaban las pinturas; sin embargo, trabajé de forma rápida y segura, sin cambiar una sola pincelada”.

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Con sus abstracciones retrata la dualidad, materia-espíritu, lo femenino y lo masculino, el origen del mundo.​​

Fue en 1986 cuando su obra se expuso por primera vez. Obtuvo un reconocimiento inmediato, así el mundo supo que Hilma había sido la madre del arte abstracto.

Todo tiene su espacio en el tiempo, pero a veces no coincide con la propia vida. Ella lo entendió, supo que nunca vería reconocida su obra, que tenía que esperar y no dejarse influir por el espíritu de la época y ser una creadora libre. Al fin y al cabo qué importa esperar veinte años ante la Historia y la Eternidad.