La poesía de la pintura. El pastel

En un pasado no muy lejano existió una jerarquía de las técnicas pictóricas. El oleo con su pastosidad y contundencia era más importante que las delicadas e imprecisas acuarelas hechas con agua, y estaba muy por encima de las obras al pastel considerado poco más que puro polvo coloreado.

En la Fundación Mapfre de Barcelona con la exposición “Tocar el color” ahora se reivindica ese tipo de pintura que tuvo su máximo esplendor en el siglo XVIII y que resurgió con fuerza  a finales del XIX  y principios de XX.  

Quizás no fue tan popular porque era una técnica que se usaba para el esbozo al igual que el carboncillo, porque se consideraba un medio más que una expresión. Pero lo cierto es que su fragilidad, su naturalidad es lo que le da al pastel todo su encanto.

En consecuencia con ese efecto sutil y vaporoso fue utilizado por muchas mujeres, entre ellas  la gran Rosalba Carriera (S. XVIII) y  Louise de Hem (S. XX)

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Louise De Hem. “El gato negro” (1902)

Al ser un material tan etéreo también fue usado por los Simbolistas, por artistas  que aspiraban al sueño y a la imaginación. Usaban colores oscuros, creaban neblinas, paisajes solitarios y fantasmagóricos en donde no aparecía el hombre. En donde todo estaba difuminado.

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Jean- Charles Cazin. “Una calle al anochecer” (1886-1887).

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William Degouve de Nuncques. “Interior de bosque” (1894).

 

Otro de sus máximos exponentes es el pintor Odilon Redon, uno de los pastelistas y simbolistas más reputados. Él consagra el pastel, lo convierte en polvo sagrado creando universos espirituales, imágenes que obsesionan y que atrapan.

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Odile Redon. Mujer con Velo (1895)

También hay cuadros de Jean-François Millet, Edgar Degas, Pablo Picasso, Pierre Auguste Renoir, que demuestran como el pastel puede destacar en todos los estilos pictóricos, usar cualquier tema  y trascender al simple retrato.

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Edgar Degas. “Caballos de carreras en un paisaje” (1894)

Vale la pena visitar la exposición de la Fundación Mapfre, que está en Barcelona hasta el 5 de enero de 2020, y dejarse llevar por el ambiente que crean los cuadros, sutil y sugerente. Una delicia. 

Como dijo el periodista Albert Flament en 1899:

“El pastel se ha convertido en la poesía de la pintura, mientras que el color al óleo ha seguido siendo la prosa”.

 

Spondylus. El oro rojo de los Incas

Hubo un tiempo, en otra cultura, que una criatura marina sublimó el ritual humano de la alimentación y se convirtió en el enviado de los dioses, los incas lo llamaban mullu, nosotros lo conocemos como spondylus.

Su color escarlata en el fondo del mar anunciaba la corriente del Niño, era el indicador, el augurio de lo que iba a pasar. Era la palabra de los dioses y además su regalo más preciado, su alimento divino.

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En la cultura Chimú aquella concha roja con apófisis puntiagudas, no era solo un bien material. Era Dios. El tener uno confería  a quien lo poseía un elevado estatus social y espiritual. Cuando los conquistadores descubrieron la importancia que estos moluscos tenían para los incas recogieron muchos del fondo del mar ayudados por sus hombres y sus naves. Se los cambiaron por oro despreciando su significado y pensando que estaban haciendo un gran negocio. Los indígenas tampoco entendieron ese trueque y se rieron de esos hombres que querían cambiar los regalos de sus dioses por simples metales amarillos. Así se fue acabando el oro y el mensaje sagrado de los spondylus.

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Sobre ellos Gaspar Burón y Carme García presentamos la instalación “Spondylus” en un lugar muy especial, en una pescaderia que a su vez es una sala de arte: “La Peixateria Sala de Creació Artística” de Sant Boi.

En ella se pretende recuperar el sentido de ese trueque espiritual. Imágenes, volúmenes y palabras para la gente que va a comprar pescado, que va a cambiar monedas por criaturas del mar, para que cuando absorban su esencia puedan ser pez, alga y spondylus; y así se produzca el gran intercambio. La fusión absoluta con todo lo creado.

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Carme García i Parra.

 

Escribir cansa pero consuela (E. Galeano)

Hoy he acabado de escribir una novela. Un proyecto en el que he estado trabajando intermitentemente durante cuatro años. ¿Qué siento? Satisfacción, cansancio, miedo, alegría…

Es como un parto. Es contradictorio, quieres y no quieres acabar, pero la obra se soluciona de todos modos, decide sin ti.

Solo falta ponerle nombre.

 

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Arte entre peces

Qué mejor manera de acercar el arte al público que situarlo directamente en la vida, entre las cosas cotidianas, entre lo que queremos comprar para hacer la comida.
“La Peixateria. Sala de Creació Artística” es una pescadería y una sala de exposiciones, un lugar en donde se vende pescado y en donde mientras eliges, mientras esperas a que el vendedor limpie las espinas y lo prepare, se pueden admirar obras de arte relacionadas con el mar.
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En ella el vendedor es el guía, el iniciado que presenta los productos para comer y las obras artísticas para ser vistas y sentidas.
Este proyecto innovador funciona desde mayo de 2015 y realiza exposiciones periódicamente.

En noviembre de 2016 recibió el Premio Antoni Serra de Artes Visuales de reconocimiento cultural, otorgado por el Centre D’ Estudis Comarcals del Baix Llobregat.

La Peixateria, Sala de creació artística

El local está situado en la Ciudad Cooperativa de Sant Boi de LLobregat, muy cerca de Barcelona, en un barrio obrero construido para la emigración en la época de expansión en los años sesenta.
En ese vecindario no existen la salas de arte, la gente no está acostumbrada a visitarlas ni a disfrutar en ellas porque otras cosas se imponen en su vida, pero gracias a las exposiciones, allí el arte alimenta, da vida, vive en la calle entre las nubes y los charcos, se puede ver por la ventana.

Por eso es tan importante este concepto de sala de exposiciones que hasta el momento es único en Europa, porque acerca el arte a todo el mundo y lo hace a través de los peces y el mar como lugar de intercambio y de cultura, borrando la frontera entre el Arte y la Naturaleza.

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No hay descripción de la foto disponible.

Allí se multiplican los panes y los peces en una progresión que va más allá de las cifras aritméticas.

La próxima exposición programada tratará del intercambio, de los trueques que hacían los Incas con conchas marinas a las que consideraban lo más valioso de su mundo. De los Spondylus: El oro rojo. Pero esa será otra historia.

 

Una obra de arte en serie. Las cápsulas de tiempo de Andy Warhol

“Un artista es alguien que produce cosas que las personas no necesitan tener”. 

Fue a partir de 1974, Andy Warhol ( 1928- 1987) empezó a guardar todo aquello con lo que no sabía que hacer en cajas de cartón. Lo hacía en su casa, mientras trabajaba, en su escritorio, en su estudio. Guardaba en ellas  todo lo que le sobraba. Las cajas podían contener cualquier cosa: entradas usadas de cine, recortes de uñas de los pies, páginas de periódicos, obras no vendidas, pizzas a medio comer…

En su autobiografía lo explica así:

Deberías tener una caja cada mes, llenarla de cosas y al final del mes cerrarla. Luego, le escribes la fecha y la envías a Jersey. Deberías tratar de hacerle seguimiento, pero si no puedes y la pierdes de vista, está bien, porque será una cosa menos en la que tendrás que pensar y otra carga que le quitarás a tu mente… Yo comencé utilizando camiones, y piezas raras de mobiliario, pero decidí buscar algo mejor; ahora simplemente lanzo todo en cajas marrones de cartón”.

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Así llenó 610 cajas a modo de cápsulas de tiempo, porque cuando las cerraba las enviaba a un almacén para no ser tocadas nunca más. Lo que jamás llegó a saber es que aquella acumulación de objetos sin orden ni concierto se convertiría en una obra de arte en serie en sí misma, y que formaría parte de la colección permanente del Museo Andy Warhol de su ciudad natal de Pittsburgh.

En 1994, siete años después de su muerte, se empezó a catalogar todo el material, ocupó seis volúmenes y se inventariaron más de 10.000 objetos. Una cápsula podía contener a veces hasta unos 200 artículos totalmente heterogéneos: un diario de John Lennon, pelucas de colores, un pie momificado de 2.000 años, un trozo de pastel de cumpleaños de Caroline Kennedy…

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En la exposición del Museo van rotando los contenidos de las cápsulas y en su blog se puede asistir a los momentos de la apertura de algunas de ellas. Un admirador pagó 30.000 dólares para poder abrir una.

Es una muestra que define totalmente a su artista, su manera de pensar, sus miedos, la necesidad compulsiva de la acumulación y su angustia. En el fondo todas las cajas nos hablan de la muerte y de su miedo a desaparecer.

Warhol era un hipocondríaco desde niño. No le gustaban los médicos ni soportaba los hospitales. Por desgracia tuvo que ingresar de urgencia y necesitar un quirófano en 1968 tras ser herido de  bala por una artista amiga Valerie Solanas a la cual había perdido el libreto de una de las obras que le había dejado. Desde entonces retrasó siempre todo lo que pudo la atención médica. Pero en 1987 los terribles dolores que le producían las piedras que tenía en la vesícula le obligaron a volver a pasar por quirófano para extraérsela. La operación fue bien. Él murió al día siguiente de un infarto.

Algunas de las cajas aún siguen cerradas.

“La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que si lo haga”. A.W.

 

 

Mujer, negra, esclava y poeta

Así definió Eduardo Galeano a Phillips Wheatley en el que sería su libro póstumo ” El Cazador de Historias”:

La Poeta

Fue llamada Phillips, porque así se llamaba el barco que la trajo, y Wheatley, que era el nombre del mercader que la compró. Había nacido en Senegal. En Boston, los negreros la pusieron en venta:
-¡Tiene siete años! ¡Será una buena yegua!
Fue palpada, desnuda, por muchas manos. A los trece años, ya escribía poemas en una lengua que no era la suya. Nadie creía que ella fuera la autora. A los veinte años, Phillips fue interrogada por un tribunal de dieciocho ilustrados caballeros con toga y peluca. Tuvo que recitar textos de Virgilio y Milton y algunos pasajes de la Biblia, y también tuvo que jurar que los poemas que había escrito no eran plagiados.
Desde una silla, rindió su largo examen, hasta que el tribunal la aceptó: era mujer, era negra, era esclava, pero era poeta.

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Phillips Wheatley (Senegal, 1753-Boston, 1784) fue la primera mujer afroamericana que publicó un libro en los Estados Unidos “Poemas sobre varios asuntos” ( 1773). A los trece años ya escribía poemas en inglés. 

Tuvo que defender ante las cortes la autoría de sus obras porque era inaudito que una joven esclava negra pudiera escribir así.

Phillips llegó a ser una escritora reconocida. Muchos de sus poemas eran de carácter religioso debido a la influencia del matrimonio que la compró como esclava. Los Wheatley se acabaron convirtiendo en sus benefactores, incluso viajó con ellos a Inglaterra en donde conoció a Benjamin Franklin y muchas otras personalidades. En 1773 al publicar su primer libro ella pudo comprar su libertad.

¡He aquí tu hermano con los muertos! 
De la esclavitud liberada, el espíritu exultante vuela.

Sonríe en la tumba, y calma el dolor furioso. 
En las regiones más abiertas fija tu mirada anhelante

Se sabe que George Washington admiraba su poesía, diciendo de ella que poseía un gran genio poético.

„¡Mira la madre tierra el destino de su descendencia, y las naciones miran escenas antes desconocidas! ¡Mira los brillantes rayos de la luz giratoria del cielo envueltos en penas y el velo de la noche! La diosa viene, se mueve divinamente justa “

Cuando murieron John y Susanna Wheatley contrajo matrimonio con un  liberto John Peters, poco después la abandonó y tuvo que realizar tareas domésticas para sobrevivir.

Nunca hablaba de ella ni de sus sentimientos en sus poemas, algunos, muy pocos, hablan de la esclavitud, de la imaginación.

 ¡Imaginación! ¿Quién podría cantar tu poderío?
¿Y quién describiría la velocidad de tu carrera?
Elevándonos a través del aire para encontrar la radiante morada.

Murió a los 31 años en la indigencia. Pero Phillips Wheastley no fue olvidada, fue la memoria de su pueblo oprimido y una de las precursoras del abolicionismo. 

Se llamaba a sí misma la “venturosa Africana en su gran empeño” (“On Recollection“).

 

Virgilio, la mosca y la muerte

Virgilio (70 ac- 19 ac) fue uno de los grandes poetas romanos. Autor de la Eneida y las Bucólicas entre otras obras universales. Fue amigo personal de Augusto y de Mecenas. Dante admiraba tanto su obra que le hizo ser su guía y uno de los protagonistas en La Divina Comedia.

También fue conocido por ser mago y alquimista, y según las crónicas por proteger a la ciudad de Nápoles de invasiones y pestilencias escondiendo entre las paredes del Castillo del Ouvo (de allí su nombre) un huevo en una jaula de hierro. Fue un empresario de éxito con grandes propiedades agrarias que se rodeó de lujo y de éxitos.

Lo que nadie entendió de él fueron  los excesivos gastos en los preparativos de un funeral. El funeral de una mosca. Esta historia es verídica porque hay documentos históricos que acreditan que se gastó 800.000 sestercios en ello (unos 120.00 euros de hoy en día). Contrató una orquesta de 50 músicos, convocó a escritores reconocidos para que recitaran poemas e incluso llegó a construir un gran mausoleo para ella, para su mascota.

Virgilio era tan popular en Nápoles que consiguió que los hombres y mujeres más respetables de la ciudad lo acompañaran en el entierro a pesar de estar seguros de que se había vuelto loco.

Nada de eso. Lo que pasó es que debido a sus influencias sabía que el Segundo Triunvirato había aprobado una ley para la expropiación de grandes latifundios de tierras para recompensar a los soldados retirados. Solo había una excepción, no serían confiscadas las propiedades en las que hubieran tumbas. El gobierno tuvo que respetar su propia ley y Virgilio conservó intacto su patrimonio.

Virgilio murió de fiebres a los 51 años en Brindisi. En su lecho de muerte rogó a sus amigos que destruyeran su gran obra La Eneida, en la que había trabajado durante más de diez años. Murió atormentado por la idea de no haber sabido dotarla de verdad ni de trascendencia. El poema fue publicado después de su fallecimiento.

Hay una novela excepcional “La muerte de Virgilio” del escritor austriaco Hermann Broch, ​ en la que se narran sus dieciocho últimas horas de vida.

Su mausoleo está a los pies de la colina de Possillipo en Nápoles en lo que ahora es el llamado Parque Virgiliano.

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De vez en cuando entra alguna mosca despistada que ignora quien reposa allí.

El país de los 800.000 búnkeres

Albania es un país pequeño, tiene 28.748 kilómetros cuadrados ( menos que Catalunya), tres millones de habitantes y casi 800.000 búnkeres, uno por cada cuatro personas.

Al estar situado en un punto estratégico de Europa (está bañado por el mar Jónico y por el Adriático) ha sido objeto de deseo de Ilirios, griegos, romanos, bizantinos, visigodos, hunos, ostrogos, otomanos, entre otros.

Después de la Segunda Guerra mundial, en 1944  subió al poder el dictador Enver Hoxha que lo gobernó con un régimen totalitarista y mano de hierro hasta su muerte en 1985. Él fue quien construyó los búnkeres, tenía miedo de que los invadieran los países vecinos. Albania tiene fronteras con Montenegro, Kosovo, Macedonia del Norte y Grecia. Nunca los invadieron, pero los  búnkeres aún está ahí, por todas partes. Hoy lucen reconvertidos en hamburgueserías, almacenes, anuncios publicitarios, etc… Mucha gente tiene uno en su jardín. 

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Albania ahora es un país que empieza a despertar del sueño comunista. En 2009 pidió ingresar en la UE, pero aún hay muchas cosas que hacer.

El nuevo gobierno insiste en preservar la memoria de lo que pasó durante la dictadura. Una de las visitas recomendables para entender el pasado y por consiguiente la situación actual es visitar uno de los búnkeres del centro de la capital: Tirana, reconvertido en museo. Allí se puede imaginar lo que fue la represión.

 

Son también interesantes  las frases que decoran casi todas las paredes.

La primera del dictador Enver Hoxha, a modo de recuerdo de otros tiempos:

“El pueblo de la República de Albania está cerrado a enemigos, espías, hippies y otros vagabundos”. Enver Hoxha.

Muchas relacionadas con la memoria:

“Nosotros somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos, y sin responsabilidad quizás no merecemos existir”. José Saramago.

“La memoria no es lo que recordamos sino lo que nos recuerda. La memoria es un regalo que nunca deja de pasar”. Octavio Paz.

“La memoria es el tesoro y el guardián de todas las cosas”. Ciceron.

“El progreso depende de la habilidad de recordar . Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. George Santayana.

Hay una de Borges que me encanta:

“Somos nuestra memoria, somos este museo quimérico de formas inconstantes, este montón de espejos rotos”. JL Borges.

Y otra de Teresa de Calcuta (albanesa de corazón) que impresiona en su simplicidad:

“El mal echa raíces cuando un hombre comienza a pensar que es mejor que otros”. Teresa de Calcuta.

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Los búnkeres nunca se usaron para defensa, pero hay quien se ha construido un refugio en ellos desde donde se puede ver el cielo y soñar. 

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Alphonse Mucha. “La belleza, la verdad y el amor”

«Prefiero crear imágenes para la gente a producir arte como un fin en sí mismo».

Alphonse Mucha, (Praga, 1860-1939) .Pintor, escultor, fotógrafo, humanista, filósofo, político, masón…. Fue uno de los principales impulsores del Art Nouveau a finales del siglo XIX.

A. Mucha comenzó su carrera como ilustrador en 1887 tras mudarse a París, allí su vida cambió totalmente al conocer a Sarah Bernnhard y realizar para ella los carteles de la obra Gismonda para el Théâtre de la Renaissance. Gustaron tanto que la gente los arrancaba y se los llevaba a su casa.

Después de eso firmó un contrato de seis años con la artista y se convirtió en el ilustrador de las grandes marcas de la época como  Moët Chandon, Cycles Perfecta, Chocolates Atmeller, etc…Póster Moet & Chandon

Como buen representante del Art Nouveau dibujaba formas ondulantes, flores, aves, jóvenes hermosas, para expresar los sentimientos más íntimos y como necesidad espiritual.

“El maravilloso poema del cuerpo humano (…) y la música de los trazos y los colores que brotan de las flores, hojas y frutos son los maestros más evidentes de nuestros ojos y nuestro gusto”.

Pero él no solo se quedó con eso, buscó en la filosofía y en la masonería una nueva perspectiva en la vida difundiendo las tres virtudes fundamentales en la evolución del ser humano: la belleza, la verdad y el amor.

“El arte es la expresión de los sentimientos más íntimos…una necesidad espiritual”

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Sus composiciones estéticas son excepcionales, pero hay algo que lo hace aún más valioso, es el compromiso político que tuvo con su país, Checoslovaquía.

Entre 1911 y 1926 se encerró en un castillo para realizar su proyecto más ambicioso: la “Epopeya eslava”, veinte cuadros monumentales en los que fue mostrando la historia y el espíritu de su pueblo. En 1928 los donó al Ayuntamiento de Praga con motivo del décimo aniversario de la independencia de Checoslovaquia. También diseñó sellos, postales, billetes de banco y muchos documentos gubernamentales para la nueva nación.

Sus contemporáneos no lo entendieron, era la época del cubismo y ya apuntaba el surrealismo en la pintura. ¿Qué hacía ese viejo pintando cuadros monumentales e históricos? A. Mucha estaba reafirmando su identidad como checo y el amor por sus raíces y su familia.

Cuando los tanques alemanes entraron en Praga en marzo de 1939 la Gestapo lo apresó y lo torturó. Murió cuatro meses después el 14 de julio de 1939, a los 79 años, de una pulmonía, muy poco antes de que empezara la Segunda Guerra Mundial. Su última pintura fue “El juramento de unión de los eslavos”.

 

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¿Quién dijo que su pintura era frívola, estética, que trabajaba para la publicidad?

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Asomarse al pasado. Ver a Monet, Renoir y Degas

El cine no es solo una linterna mágica, a veces es una ventana abierta al pasado que nos permite ver y vivir sucesos acaecidos hace muchos años, estar allí.

Como ver pintar a Claude Monet su jardín de Giverny en 1915

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A Renoir pintando en el estudio de su casa en 1919.

Detrás de él, casi pasa desapercibida  una de sus obras “Promenade”, quizás en ese momento aún inacabada.

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Y a Degas. Verle tan solo unos instantes en la única grabación que se conserva de la  imagen del artista.

Es pasear con él, ver lo que él vio.

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“El cine te hace estar en lugares imposibles.” Alex de la Iglesia.